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OPINIÓN

Un santuario antártico: el primer paso para lograr un sueño

Tenemos menos de un año para hacer historia: en octubre de 2018, la Comisión del Océano Antártico se reúne para debatir la creación de una enorme área protegida

Un grupo de pingüinos caminan por el Antártico.
Un grupo de pingüinos caminan por el Antártico.

Cuando en 1972 el Apolo 17 tomó la foto más famosa de nuestro planeta, la NASA lo llamó “la canica azul”. La Tierra, cubierta en más de un 70% por agua, es un planeta azul. Sin embargo, la mayoría de estas aguas se sitúan fuera de las fronteras nacionales de los países ribereños. Son tierra de nadie, sin banderas y sin gestión que cubren dos tercios de nuestros océanos. La protección marina sigue siendo un reto pendiente: según datos de Naciones Unidas, solo un 6,97% de nuestros mares y océanos están protegidos, incluyendo las aguas nacionales dentro de las zonas económicas exclusivas. Y de este casi 7%, apenas un 2% se refiere a espacios bien vigilados y donde la actividad humana industrial queda prohibida.

Tenemos menos de un año para hacer historia: en octubre de 2018, la Comisión del Océano Antártico se reúne para debatir la creación de un santuario en esta área, la mayor jamás protegida. Por este motivo, Greenpeace se embarca en una expedición de tres meses para arrojar luz sobre estas aguas tan desconocidas y tan importantes para nuestro planeta. ¿Por qué el océano Antártico? Porque esta zona ya cuenta con un convenio internacional que puede servir como radiografía y marco legal de la zona. A partir de aquí, los pasos para protegerla son mucho más sencillos. Alemania ya ha puesto sobre la mesa esta propuesta y nuestra intención es aportar todavía más argumentos para que ningún gobierno pueda negarse. La supervivencia de la biodiversidad y de la vida humana dependen de nuestros océanos. Y el santuario Antártico puede ser el primer paso para conseguir llegar a proteger el 30% de los océanos del mundo antes de 2030, tal y como exige la coalición global de ONG de la que forma parte Greenpeace.

La creación de un santuario antártico permitiría que el 30% de las aguas oceánicas estén protegidas

Vastos desiertos azules. Así es como nos referimos a los océanos muy a menudo. Pero nada más lejos de la realidad. Teniendo en cuenta que somos un 70% mar, clasificar el conjunto de ecosistemas como desiertos es negar en sí mismo nuestro desarrollo y futuro como especie. Se ha escrito mucho sobre la biodiversidad del mar y la belleza de delfines o ballenas copa a menudo las portadas de los medios, pero apenas se habla sobre la importancia del medio marino para el sustento de miles de millones de personas. La protección de los océanos, a través de una red a gran escala de reservas marinas, podría preservar la forma de vida de casi la mitad de la población mundial, que depende de unos océanos productivos. Creando reservas marinas protegemos la vida de estos espacios y se produce un “efecto reserva” que exporta bienes y servicios ambientales hacia zonas no protegidas del mar. Más de 3.000 millones de personas dependen de la biodiversidad marina y costera para su sustento.

En la década de los cincuenta, el emblemático Tratado de la Antártida, firmado en 1959, aseguró que el continente se conservase para la “paz y la ciencia”. 30 años más tarde, en los ochenta, cuando las compañías mineras y petroleras miraban con deseo los depósitos de minerales y petróleo bajo la Antártida, un movimiento mundial impulsado por Greenpeace consiguió la creación del Parque Mundial de la Antártida para detener a estas empresas. Entre 1987 y 1991, Greenpeace estableció una base en el continente (la World Park Base) para pedir la protección de la Antártida de la actividad minera. El movimiento culminó en 1991 y este es su legado hoy: las industrias extractivas están prohibidas en toda la masa terrestre del continente. Ahora es el momento de garantizar que también sus aguas estén protegidas. La creación de un santuario antártico es el primer paso para lograr un sueño: que las Naciones Unidas aprueben finalmente el Tratado Internacional de Protección de los Océanos, por el que Greenpeace lleva más de 10 años luchando, y que el 30% de nuestras aguas oceánicas estén también protegidas. Es nuestro patrimonio, es nuestro futuro.

Pilar Marcos es responsable de Biodiversidad de Greenpeace España.

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