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EP Aventura BLOGS Por ISIDORO MERINO

El feroz ataque del pulpo gigante

Algunas especies de cefalópodos alcanzan tamaños monstruosos

Un pulpo gigante del Pacífico confraternizando con un buceador.
Un pulpo gigante del Pacífico confraternizando con un buceador. Getty

A los cefalópodos, como a los niños, les encanta jugar con los colores y disfrazarse. Sepias, calamares y pulpos son capaces de transformarse por completo, adoptando la forma y colores de corales o de algas mediante los cromatóforos, células especializadas repletas de pigmentos que se contraen o expanden en respuesta a los estímulos nerviosos. En las guarderías de algunos laboratorios los bebés sepias han aprendido a escribir: son capaces de trazar una X en sus cuerpos o copiar diversas formas para pedir comida, y entre los Abdopus aculeatus, un tipo de pulpo que vive en aguas de Indonesia, los jóvenes les ponen los cuernos a los machos dominantes delante de sus tentáculos, haciéndose pasar por hembras para entrar en el harem.

Su primo, el pulpo gigante del Pacífico (Enteroctopus dofleini) crece más y vive más tiempo que cualquier otro: quizás por eso es tan listo. Su promedio de vida es de cuatro o cinco años; suele medir entre tres y cinco metros y pesa alrededor de cincuenta kilos, aunque el récord está en un ejemplar de nueve metros y 272 kilos. Con sus gigantescos tentáculos cubiertos de ventosas, pueden arrastrar en segundos un tiburón, un pez del tamaño de un atún...o a una persona. En ocasiones atacan a los submarinistas, arrancándoles las gafas de bucear con sus ventosas o intentando arrastrarlos hasta el fondo. Es uno de los invertebrados más inteligentes: en laboratorios ha demostrado que puede aprender mediante la observación cómo realizar tareas (abrir un bote, por ejemplo), o que es capaz de encontrar la salida en laberintos construidos por humanos, algo que yo todavía no he conseguido.