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Podemos, el nini de la política

El partido de Pablo Iglesias se refugia en una ambigüedad casi siempre contradictoria en la crisis catalana

En el centro, Carolina Bescansa en el Congreso de los Diputados el pasado día 25 de octubre.
En el centro, Carolina Bescansa en el Congreso de los Diputados el pasado día 25 de octubre. EL PAÍS

Buen día República! El BOE dice misa: el presidente de la República catalana es Puigdemont”, escribió en las redes sociales el sábado pasado la diputada autonómica Ángels Martínez Castells. Es la misma que en el pleno del parlamento catalán del 6 de septiembre que aprobó la ley del referéndum retiró las banderas españolas de los escaños del grupo popular. Martínez Castells, en contra de lo que pudiera parecer, no es diputada del bloque independentista, sino de Podem, la marca de Podemos en Cataluña. Y la primera duda que su gesto suscita es si no se ha equivocado de bando militando en un partido español. En su favor hay que decir que en esta crisis desatada por el independentismo Podemos no hace más que suscitar dudas. Su posición en la crisis catalana es de una irritante y contradictoria ambigüedad.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, celebró la última Diada, el pasado 11 de septiembre, en Santa Coloma de Gramanet. Ahí habló de una nueva mayoría para Cataluña, como si rechazara la de entonces (independentista), para, a renglón seguido, asegurar que también allí hay que echar al Partido Popular (minoritario en la oposición) y terminar con un grito desconcertante: “¡Visca Catalunya lliure”. ¿Quería decir con ello Pablo Iglesias que no hay libertad en Cataluña? Porque si es así no debería amonestar a los anticapitalistas o al líder de Podem Albano Dante Fachín, simpatizantes con la causa secesionista. Ya lo ha dicho el exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras, que le gustaría aliarse con Dante por su “compromiso inequívoco con la libertad y la justicia”.

Dice Iglesias estar a favor de un referéndum para saber qué quieren los catalanes. ¿No le valen las elecciones autonómicas? Iglesias expresa constantemente su interés por una España plural por la que Podemos quiere trabajar, pero siempre rema a favor del independentismo que quiere desintegrar la “patria” que tanto dice estimar. Por ejemplo, no critica a los secesionistas, aunque entre ellos haya un partido (PDeCAT, antiguo CiU) tan conservador y tan salpicado por la corrupción como el PP al que tanto ataca en cualquier circunstancia.

Iglesias es en esta crisis el nini de la política: ni DUI (declaración unilateral de independencia) ni 155. En el camino sigue remando. Abraza la trampa del “derecho a decidir” y califica a los dos líderes secesionistas encarcelados por una juez de “presos políticos”. Si tanto simpatiza con la causa de Puigdemont y los suyos, no se entiende que ayer mismo calificara de “lamentable” el hecho de que Rajoy sea, a sus ojos, “una máquina de generar independentistas”. Una importante fundadora de Podemos, Carolina Bescansa, ha levantado la voz exponiéndose a las purgas del aparato. “A mí me gustaría un Podemos que hablase más a España y los españoles y no solo a los independentistas”, ha dicho. Pero a estas alturas, los líderes de Podemos han demostrado hasta qué punto son capaces de dilapidar la fuerza política de una formación nacida del refrescante movimiento de los indignados. Se difuminan sus objetivos y suscitan una duda esencial: ¿A quién representan?

 

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