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‘Procés’ en Manhattan

Cataluña es la conversación habitual en Nueva York si eres español

Anna Gabriel, en el Parlament, el pasado 10 de octubre.
Anna Gabriel, en el Parlament, el pasado 10 de octubre.

Peter Mayer es el decano de los editores del mundo y en este momento, cuando escucha canciones de Chavela Vargas, está siendo homenajeado en Fráncfort, adonde fue desde hace medio siglo. Pero esta vez no ha ido, le pesan los 82 años y algunos achaques. Fue siempre, como presidente de Penguin y después. Ahora preside en Nueva York y Londres la editorial que fundó su padre. Este mediodía habla de España, de sus amigos de todas partes, y de Cataluña. Ah, Cataluña, “¿qué diría Carmen Balcells?”

Es, en Manhattan, una conversación habitual si saben que eres español. Cataluña está en todas las bocas; Daniel Fernández, de la CUP, que lo dijo hace tres años, y Anna Gabriel, su compañera más visible, lo dijo ahora: “Somos independentistas sin fronteras”. Pues tienen razón: no es que hayan inventado una oenegé, como periodistas sin fronteras; son independentistas sin fronteras, que también puede ser una orquesta punk. Lo que pasa es que cuando lo dijo Daniel Fernández sonaba a que estaban pisando tierra, la nostra terra, y en este momento lo que dijo Gabriel suena a suelo del limbo.

Procès. Es lo que se escucha en Manhattan en cuanto te metes, otra vez, en el barullo catalán. Pensabas que ibas a olvidarlo al cruzar el charco, y resulta que junto a la estatua de Colón, en el Columbus Day, sigue el tema calentando el motor de la conversación mundial. Te habla de ello el gran editor, se refiere a ese asunto el vendedor de Moleskine y te interroga por lo mismo una chica que vende polos y cuyo novio es de Costa Rica. Los que acuden a un encuentro con Fernando Aramburu en el Cervantes para hablar de Patria ya no saben de qué patria se habla; se ha convertido la patria, aquí, en una especie de disfraz español trilingüe. La patria española, la patria catalana, la patria vasca. Neruda advirtió contra el uso de la palabra patria, tan horrible como ascensor. Pero por un rato largo aquí, en la conversación, parece que sólo existe una patria y ésta es catalana. ¿Qué pasará con la patria catalana?, preguntan, como si uno llevara un periscopio. Se habló tanto en los medios desavisados de acá de que España era la mala de la película que ahora la perplejidad causada por la marcha atrás súbita de Puigdemont se ha convertido en mueca y la mueca en burla, porque lo que ya no es sin fronteras no ha sido el independentismo de Fernández & Gabriel sino, con perdón, el gatillazo del president.

Uno de los que me preguntan pide más precisión: ¿qué es lo que ha hecho? Y encuentra su propia respuesta: “Coitus interruptus?”. Más o menos, le digo. El que vende molesquines pregunta por el final de la película. “Pero, ¿qué va a pasar?” Lo que él ha visto es la fotografía y después la otra fotografía. En la primera una multitud se muestra abrumada por el triunfo de la independencia; en la otra, comenta el vendedor de la legendaria libreta, “la gente ya no entiende nada y llora”. Ahora sale Anna Gabriel hablando de los independentistas sin fronteras como si ansiara un remake.

De momento, se queda aquí una reflexión de Mayer con Chavela Vargasde fondo: “Pero, ¿a dónde van esos pájaros fuera del nido de Europa?” Sonaba Un mundo raro en el corazón de Manhattan. “Y si quieren saber de mi pasado/ es preciso decir otra mentira…” Todo está en las canciones, y hasta el Procés está en Manhattan.