Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El fin de Norteamérica

La batalla contra los 'dreamers' llena de vergüenza a la América blanca, racista y asustada y al México insensible y discursivo

Genoveva Ramírez y su nieto de siete años, de Chicago, y Antonia Lozano, de Georgia, protestan contra la decisión de Trump.
Genoveva Ramírez y su nieto de siete años, de Chicago, y Antonia Lozano, de Georgia, protestan contra la decisión de Trump. AFP

Durante más de doscientos años, Estados Unidos ha sido un sólido y serio referente del triunfo del modelo democrático frente a cualquier tendencia dictatorial o autocrática. El éxito de las instituciones, el equilibrio de poderes y la asimilación de cualquier individuo, independientemente del color de su piel o de su género, conformaron un escenario positivo. Sin embargo, hoy el imperio del Norte atraviesa su peor crisis, mucho más profunda que la de 1929.

Las estadísticas dicen que el hombre blanco, sus costumbres y sus dioses están en minoría. Las estadísticas dicen que Washington es la primera potencia que gobierna el mundo a través de la tecnología, las finanzas y la hegemonía militar. Las estadísticas dicen que hace mucho tiempo que los estadounidenses se dieron cuenta que, por razones económicas, era mucho más rentable y fácil que los demás trabajaran para ellos.

Hoy, EE UU juega con el hecho de que su fortaleza institucional esté muy por encima de la locura de sus gobernantes, algo que resulta cada día más difícil. Norteamérica es un monopolio conceptual estadounidense. Sin embargo, es un ente físico y sociológico al que también pertenecen México y Canadá. Estados Unidos es un país constituido sobre la inmigración. Desde hace más de un siglo, los mexicanos han sido carne de cañón de ese fenómeno y del desarrollo norteamericano porque son los encargados de hacer los peores trabajos.

México ha tenido gobiernos que se han olvidado de todos los que atravesaron el muro porque sencillamente no tenían forma de vivir en el país que los vio nacer. De los mexicanos del otro lado solo se espera el envío de remesas y la visita anual en el marco del programa Paisano. El resto del tiempo no existen, son un ejército de sombras que solo se materializa cuando tienen que aguantar largas filas en los consulados para renovar sus papeles.

Ahora hay decisiones políticas que obstaculizan que los migrantes mexicanos puedan votar adentro, entre otras cosas, porque existe la convicción de que dado el abandono, la falta de cuidado y el fracaso del sistema que los empujó hasta ahí, ese voto será una venganza contra los actuales gobernantes.

Hubo una generación de padres que saltaron la barda y sobrevivieron con éxito, dieron sustento a sus hijos y la oportunidad de que encontraran, entre el mundo de las sombras, una vida dentro del sueño americano.

Hubo un presidente, aquel que estaba destinado a cerrar la brecha de la lucha racial llamado Barack Obama, que impulsó el programa DACA [Acción Diferida para los Llegados en la Infancia] a fin de amparar legalmente el sueño de los "dreamers". Sin embargo, Donald Trump, llevado por su ignorancia y por los chantajes morales del Tea Party, ha accedido a terminar con ese programa y lo ha hecho de una manera políticamente hábil ya que ha dejado en manos del Congreso el futuro de 800.000 jóvenes indocumentados de los cuales el 80% son de origen mexicano.

En este momento, la policía estadounidense tiene a todos los "dreamers" tan localizados como los nazis tenían identificados a los judíos tras la ocupación de Varsovia. Hay un antes y después de los "dreamers" y ahora representan la crisis más profunda de la coherencia psicológica y sociológica de ese ente llamado Norteamérica.

La minoría blanca aterrorizada se dispara en el pie y juega a expulsar a la sangre del desarrollo de los próximos años, la última frontera antes del dominio asiático. La historia está por empezar y ahora hasta políticos como Paul Ryan, líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, se están dando cuenta de que lo que pase con los "dreamers" es lo que pasará con EE UU.

Lo que resulta curioso es la tibia movilización del Gobierno de Peña Nieto que, a pesar de anunciar a todos esos jóvenes que serán bienvenidos en México, sigue sin contestar a preguntas muy claras: ¿A qué México llegarán? ¿Qué les espera?

Los "dreamers" han provocado la única reacción política de uno de los grandes genios del siglo XXI: Mark Zuckerberg. El creador de Facebook los recibió en su casa y les prometió luchar por ellos. Aunque no ha sido el único ya que otros gigantes tecnológicos como Apple, tan difíciles de movilizar en cuestiones políticas, también han manifestado su respaldo.

Esta batalla excede a los políticos y a los gobiernos, pero además pone de manifiesto la indefensión y el abandono de los mexicanos del otro lado del Río Bravo. Es una batalla que llena de vergüenza, por una parte a la América blanca, racista y asustada y, por otra, al México insensible y discursivo.

Los "dreamers" lucharán por el lugar que han conquistado en Estados Unidos, pero si ahora el Estado mexicano no reacciona amparándolos más allá de la retórica y los tuits presidenciales, esos jóvenes ganarán pero se convertirán en los siguientes grandes enemigos del México que los abandonó.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.