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Kibera, arte contra la violencia

Una iniciativa promovida por creativos ofrece a los jóvenes del desfavorecido barrio keniano diversas iniciativas culturales frente a la delincuencia

Mammito Eunice, nombrada cómica del año en 2016 en Kenia, reivindica en sus actuaciones el orgullo de ser de Kibera.
Mammito Eunice, nombrada cómica del año en 2016 en Kenia, reivindica en sus actuaciones el orgullo de ser de Kibera.

“Kibera es nuestra. Los políticos vienen y van, pero cuando las elecciones pasen nosotros tenemos que convivir”, dice el humorista keniano Geoffrey Ochieng, al que el resto del país conoce como Oyoo. En la barriada, una de las más empobrecidas de África, todos lo respetan. Están orgullosos de que uno de los suyos, uno de los de Kibera, fuese coronado como el hombre más gracioso de Kenia en la primera edición del éxito televisivo TopComic. Por eso, cuando Ochieng se lanzó junto con un grupo de cómicos, poetas, bailarines y cantantes a combatir la delincuencia a través del arte con la iniciativa Kibera Creative Arts nadie en el barrio dudó en abrirle la puerta. “Nos hemos ganado el respeto de la comunidad, ahora tenemos que educar a la gente y usar esa influencia para atraer a los chicos y transformar la sociedad”, comenta.

A diferencia de otros proyectos similares que trabajan en el barrio, el Kibera Creative Arts, fundado oficialmente este año con la colaboración de la ONG española Kubuka, incorpora un nuevo elemento al discurso solidario: la construcción de una identidad para Kibera. “Tenemos que vivir como hermanos. Nunca permitas que la política te haga matar a tu hermano”, considera Ochieng, empeñado en que esta vez la inquina de las elecciones que se celebran este martes no se lleve por delante la paz que tanto ha costado construir. Hace sólo una década, tras las elecciones de 2007, la barriada se convirtió junto a la ciudad de Eldoret en el epicentro de una violencia desmedida que se saldó con más de 1.300 muertos, más de un centenar de ellos en el slum, y 600.000 desplazados.

Ahora, mientras el sol luce en el horizonte al otro lado de Nairobi, Kibera es un lugar seguro en el que se puede pasear, degustar un chapati recién horneado o incluso disfrutar de una versión surrealista de Showdown in Manila. En la sede de Kibera Creative Arts, un pequeño espacio de paredes herrumbrosas que en su planta baja es una abarrotería, todo habla del barrio. La música del barrio; las fotos del barrio; las artesanías del barrio…hasta las risas son Made in Kibera. Más allá de luos o kikuyos, todos aquí trabajan para darle voz al barrio. Lo de menos es si es a través de una canción, de unas chanclas recicladas o de un sketch sobre una candidata rastafari. Lo de más es que el arte hable de Kibera.

Cada dos meses, el Art Attack Festival se convierte en el escaparate de la otra Kibera. La que va más allá de las montañas de basura, las estadísticas disparadas de VIH y del último atraco. Porque Kibera es mucho más que eso. “Aquí hay mucho talento”, dice Ochieng. Hay raperos con orgullo de barrio, artesanas que hacen brillar el óxido y tipos capaces de hacer reír a los muertos. “Lo que tratamos es de atraer a la juventud para que no caiga en la delincuencia”, añade.

“La gente vota en función de su etnia, cree que si uno de ellos está en el poder las cosas serán mejores para su comunidad”, dice el investigador Sekou Toure

Desde la creación del barrio, a principios del siglo XX, cuando el Gobierno colonial Británico recompensó con sus terrenos a los combatientes nubios que habían luchado para la corona durante la Primera Guerra Mundial, Kibera ha sido el destino de miles de migrantes rurales que encontraron en sus techos de zinc cobijo para sus sueños de prosperidad. Con una extensión de alrededor de 2,5 kilómetros cuadrados, nadie sabe a ciencia cierta cuanta gente vive actualmente en Kibera. Algunas estadísticas hablan de 600.000, otras dicen que supera ya el millón de habitantes. “Aquí hay gente de todas las etnias”, apunta el humorista. Y eso convierte a Kibera en una analogía de la propia Kenia. De sus filias y sus fobias.

Cada dos meses, el Art Attack Festival se convierte en el escaparate del talento creativo de Kibera.
Cada dos meses, el Art Attack Festival se convierte en el escaparate del talento creativo de Kibera.

El país, con una de las economías más prósperas de África, se transforma en cada cita electoral en una lucha de clanes, a excepción de los comicios de 2013 en los que las consecuencias sangrientas de 2007 estaban todavía demasiado presentes. “El discurso tribal es el lenguaje habitual utilizado por los políticos para convencer a sus votantes para que los apoyen", señala el reputado comentarista Hezron Ochiel, “esto no es nuevo teniendo en cuenta que el patrón de votación en Kenia es en su gran mayoría étnico” añade. “La gente vota en función de su etnia, cree que si uno de ellos está en el poder las cosas serán mejores para su comunidad”, añade el investigador en política social de la Universidad de Nairobi, Sekou Toure Otondi.

Así ha funcionado históricamente la política en Kenia. Desde la vuelta al sistema de partidos en 1991, los kikuyo, la étnica más numerosa y con mayor influencia del país, han ido fraguando alrededor de sus líderes políticos, encabezados por el padre fundador Jomo Kenyatta y su hijo y actual presidente y candidato a la reelección Uhuru, una élite económica enriquecida con las paredes de cristal que conforman el skyline de Nairobi. El control de las grandes industrias y, sobre todo, la propiedad de las tierras les han ido enfrentando con el resto de las 42 etnias reconocidas oficialmente en el país. A excepción de los kalejin, aliados coyunturales en las últimas citas electorales, el resto de las minorías se han alineado bajo el mandato del líder luo Raila Odinga para intentar desbancar al Gobierno de Uhuru Kenyatta.

Entre 600.000 y un millón de personas, en su mayoría niños, residen en Kibera, el mayor 'slum' de Kenia.
Entre 600.000 y un millón de personas, en su mayoría niños, residen en Kibera, el mayor 'slum' de Kenia.

“No diría que estamos al borde de una violencia a gran escala como la de 2008, pero las señales de alerta ante disturbios post-electorales y violencia étnica están ahí”, advierte Alex Fielding, analista de la consultora de riesgos geopolíticos Max Security Solutions. Odinga, quien en 2007 rechazó la victoria del candidato kikuyo Mwai Kikabi acusándolo de fraude electoral y desencadenó el enfrentamiento en las calles del país, ya ha dejado entrever que no aceptará la mediación de la Independent Electoral and Boundaries Commission (IEBC) y ha amenazado con llevar cualquier disputa de nuevo a las calles. Los sondeos aventuran un resultado muy ajustado y esto, apunta Fielding, “incrementa las posibilidades de un choque violento entre los luo y los kikuyu”. Y en Kibera los kikuyu son minoría.

 Ni luo ni kikuyo, aquí todos somos de Kibera

“Nosotros vemos el impacto que tienen las actividades en los chicos”, subraya Ochieng, empeñado en borrar cualquier componente étnico que divida a la barriada. Por eso, por encima de los conciertos y festivales como #electionswithoutviolence, el programa más importante es el educativo, bautizado como Mission I´mpossible, en un juego de palabras que el cómico resume en una filosofía de vida: “Todo lo que quieras llegar a ser es posible”.

Abrir la puerta a que los chicos sueñen con ser cantantes, bailarines o cineastas es la mejor estrategia para cerrar el paso al desencanto y a la delincuencia. “Aquí en Kibera la vida es complicada. Nadie tiene un título de propiedad de sus casas, así que un día llegan y te tiran todo”, señala uno de los jóvenes del barrio. “Pero la gente tiene una inmensa capacidad para recuperarse, para coger la guitarra y empezar de nuevo”. Esa inspiración artística es a menudo la única tabla de salvación para los chicos de Kibera. Porque no todos pueden acudir a la escuela, a menudo resultad demasiado “cara”, apunta Ochieng, y los que lo hacen aborrecen pasar el día sentados en sus pupitres. Su manera de aprender se traduce mejor en canciones, bailes y poemas.

La asociación Kibera Creative Arts se ha convertido en el lugar de reunión de las decenas de artistas que residen en la barriada.
La asociación Kibera Creative Arts se ha convertido en el lugar de reunión de las decenas de artistas que residen en la barriada.

“Se trata de mostrar a los chicos lo que pueden hacer. No es que todos vayan a ser artistas, pero el arte les da la posibilidad de expresarse. De mostrar que están orgullosos de ser de Kibera”, sentencia el más afamado de los creativos autóctonos. Cada pocas semanas, dentro del bautizado como Artists' Forum, estrellas locales como Karis, Cedrick Kulaoba o la humorista Mammito Eunice acuden a los centros de primaria y secundaria de la barriada para contar su historia.

“Lo que tratamos es de atraer a la juventud para que no caiga en la delincuencia”, dice Ochieng

Más que al voto, que muchos le prometen en redes sociales, Mammito y sus compañeros del Kibera Creative Arts aspiran a que sus sketches hagan reír. Y pensar. La sonrisa como reflexión. “El himno es muy aburrido, te quedas de pie, quieto, como una estatua. Queremos un himno con el que puedas perrear”, dice Mammito, que promete llevar a los rastas de Kibera a peregrinar hasta la tumba de Haile Selassie I en Addis Abeba. El objetivo es usar el arte contra la violencia. 

“Viendo a esas celebridades cara a cara y escuchando su historia directamente de ellos, los chicos se dan cuenta de que esa gente, esos artistas famosos, son gente real que una vez estuvieron también en la escuela y que trabajaron duro para ganarse su prestigio. Teniéndolos enfrente, los chicos comprenden que no es la violencia sino el arte lo que los puede ayudar a salir de la pobreza, concluye Ochieng.


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