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Ultimátum inadmisible

La comunidad internacional no puede permanecer impasible ante las exigencias de Arabia Saudí a Qatar

Periodistas de la delegación neoyorkina del canal de televisión catarí Al Jazeera.
Periodistas de la delegación neoyorkina del canal de televisión catarí Al Jazeera.

El ultimátum dado por Arabia Saudí a Qatar constituye un vergonzoso ejemplo de presión ilegal contra un Estado soberano al que se pone ante unas condiciones que son inaceptables en unos casos e imposibles de cumplir en otros. El documento saudí, de 13 puntos y fecha de caducidad de 10 días después de su entrega, no es más que una burda excusa con la que se pretende justificar a posteriori la adopcion de medidas ilegales desde el punto de vista del derecho internacional y desestabilizadoras de la paz y la seguridad regional.

Entre las exigencias saudíes —respaldadas además por Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto— destaca el cierre de la cadena de noticias Al Jazeera. Resulta evidente que para las petromonarquías del Golfo y la dictadura egipcia un canal informativo resulta tan peligroso como los lazos militares de Qatar con Irán y Turquía o el presunto apoyo a organizaciones terroristas citadas en el documento, como Al Qaeda o el Estado Islámico.

Resulta innegable lo que ha significado la cadena Al Jazeera en términos de libertad de expresión y libertad de información para todo el mundo árabe. Esas dos libertades están en el punto de mira de los regímenes que han lanzado el ultimátum, que se caracterizan, entre otras cosas, por haber realizado una feroz persecución de ambas. El que el cierre de una cadena de televisión figure entre las exigencias, por ejemplo, junto a la congelación de fondos a una organización terrorista o la expulsión de guardias revolucionarios iraníes, revela el concepto del periodismo libre que tienen en Riad, El Cairo, Abu Dabi y Manama.

La comunidad internacional no debería asistir de brazos cruzados a una escalada que puede originar un conflicto de consecuencias imprevisibles. Estados Unidos —aliado de todos los actores en conflicto— tiene que hacer prevalecer la sensatez y desactivar la dinámica de las amenazas puesta en marcha por Riad.

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