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Los objetos nómadas de Louis Vuitton

India Mahdavi crea su primera pieza para Objets Nomades, la línea de objetos portátiles de la marca de lujo francesa

Mahdavi nació en Teherán (Irán) en 1962 y se formó como arquitecta en París y Nueva York.
Mahdavi nació en Teherán (Irán) en 1962 y se formó como arquitecta en París y Nueva York.

A priori, objeto y nómada parecen dos conceptos irreconciliables, Pero si somos fieles a la esencia de lo que supone ser nómada (comunidades que se trasladan de un lugar a otro sin establecerse nunca en un sitio concreto) quizás la idea no parezca tan descabellada. Eso, al menos, pensó Louis Vuitton cuando, en 2011, creó su colección Objets Nomades, manteniendo así viva su tradición de objetos bellos pensados para el viaje en su versión más elegante.

Desde entonces, diseñadores como los hermanos Campana o Patricia Urquiola han imaginado 26 prototipos en edición limitada que habrían hecho las delicias del mismísimo Paul Bowles. Desde una hamaca hasta una tumbona, pasando por una mecedora o un taburete plegable, y siempre con la filosofía Vuitton: materiales exclusivos, proporciones equilibradas, fabricación artesanal y espíritu viajero.

El delicado trabajo de ensamblaje que Mahdavi ha empleado para crear su Objet Nomade se inspira en la marquetería tradicional y el taraceado, pero sustituye las láminas de madera por fragmentos de piel en tonos fríos.
El delicado trabajo de ensamblaje que Mahdavi ha empleado para crear su Objet Nomade se inspira en la marquetería tradicional y el taraceado, pero sustituye las láminas de madera por fragmentos de piel en tonos fríos.

India Mahdavi es una de las incorporaciones de 2017 a esta sofisticada colección ambulante. De origen egipcioiraní, era solo cuestión de tiempo que Vuitton se fijara en esta arquitecta y diseñadora. “Sí, ¡ya era hora!”, dice Mahdavi, “soy sin duda la más nómada de los diseñadores, no solo por los traslados sucesivos que he vivido desde mi infancia [EE UU, Alemania, Francia], también por la diversidad cultural que encarno. Mi madre es angloegipcia, mi padre, iraní, y yo fui concebida en India”.

Acostumbrada a enfrentarse al diseño y dispuesta a encontrar soluciones, Mahdavi define su estilo como “políglota, polícromo y alegre”. Y para el reto que supone crear un objeto bello que pueda transportarse con relativa facilidad ha creado una mesa auxiliar inspirada en la tradición oriental de la hospitalidad y en esas mesas híbridas que aparecían para el té y desaparecían para la siesta.

La mesa Talismán, que así se llama el ingenio, se construye sobre una base portátil de cuero que se despliega como un libro sobre el que colocar la base, un iris que representa la suerte y la protección frente al mal de ojo. “Un objeto libre”, le gusta decir a su diseñadora. Y atemporal, añadimos, porque Mahdavi, siguiendo la máxima oriental que reza que los occidentales hemos inventado el reloj y ellos el tiempo, ha querido diseñar una pieza que no se identifique con ninguna época y que pueda, en cierto modo, viajar entre todas ellas.

“Mi capacidad de adaptación me permite transformar las limitaciones en posibilidades”, explica Mahdavi, que en esta ocasión se ha enfrentado al desafío de crear un objeto portátil con técnicas artesanales.
“Mi capacidad de adaptación me permite transformar las limitaciones en posibilidades”, explica Mahdavi, que en esta ocasión se ha enfrentado al desafío de crear un objeto portátil con técnicas artesanales.

Responsable de la vajilla para Dior Homme del pasado año, del hotel Condesa en México D.F. o del restaurante Le Germain en París, esta diseñadora reconoce que el objeto que elegiría para viajar sería su cojín Blush en terciopelo: “Por el confort, por la idea de iluminar un lugar por el que paso y, al mismo tiempo, porque me permite descansar, dormir y soñar”.

Y por el color, una constante en sus trabajos (prueba de ello es uno de sus proyectos más reconocidos y premiados: el muy rosa restaurante The Gallery at Sketch en Londres). Una obsesión que, confiesa, le viene de la infancia, desde aquellos dibujos animados que descubrió con pasión. “Aquellos años sesenta, tan pop…”, suspira. Un pop que, por supuesto, está presente en esta viajera mesa-libro. Ya lo decía San Agustín: “La vida es un libro y quien no viaja solo lee una página”.

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