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Por qué es bueno besar mucho a tus hijos

El beso tiene muchos efectos positivos, pero no debes obligar a los niños a darlos indiscriminadamente

Dia Internacional del beso
Una niña besa a su padre que acaba de llegar de viaje en Manila. EFE

Hace seis años, la pareja tailandesa Ekkachai y Laksana Tiranarat estableció un récord mundial al besarse durante 46 horas ininterrumpidas. Dos años más tarde, mejoraron esta marca al permanecer con los labios unidos durante 58 horas, 35 minutos y 58 segundos. Sin duda, el beso es la más genuina e inmediata expresión del amor y el deseo entre una pareja humana. Pero no podemos olvidarnos de que el beso es también la primera y más eficaz manifestación de afecto y de cariño entre padres e hijos. Porque los besos relajan, calman, tranquilizan y dan alegría. Besar, abrazar y acariciar son gestos que afloran de manera natural con las personas que queremos, especialmente con nuestros hijos. Demostrar afectos continuos nos beneficia y, además, son emociones y recuerdos que perdurarán en el tiempo.

La psicóloga Isabel Rojas, del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, declara que una de las manifestaciones más importantes afectivas es el beso que los padres dan a los hijos, y viceversa. En su opinión, “a partir de los dos años y medio se producen dos cambios muy significativos en los niños. El primero, es el crecimiento exponencial del lenguaje verbal, que pasa de estar entre 30 y 50 palabras con año y medio a 1.000 con tres años. Y el segundo, es el avance en el lenguaje no verbal. Y ahí entra la importancia de enseñarle al niño a dar besos y a recibirlos de sus padres y de los más cercanos. Uno de los elementos en la educación sentimental es enseñarle al niño las principales manifestaciones afectivas que forman una constelación de comportamientos pequeños, pero muy significativos: coger la mano, acariciar el pelo, jugar con él, hacerle cosquillas, compartir algún juego… y el beso”.

Según los expertos, besar y abrazar a los niños desde que nacen crea beneficios para ellos y también para los padres. Una idea con la que coincide Isabel Rojas, quien señala que “el beso, desde la primera infancia, es considerado como un acto de cariño y de amor, por lo que dar muchos besos a los niños es muy positivo. Los besos producen en los niños sensación de protección, de seguridad, de amparo, de abrigo. Además, el beso produce un sentimiento de que el niño es querido, amado, aceptado y, por tanto, esto siempre va en beneficio de uno mismo, lo que favorece su autoestima”.

Sin embargo, Rojas considera importante que los adultos no obliguemos a los niños a dar besos a todo el mundo, “ya que puede producir una infravaloración del mismo”. En esta línea, la psicóloga coincide con la idea que hace una par de años desarrolló la periodista colombiana Ana Hanssen en su artículo Por favor, no le pidan besos a mis hijos, en el que abría el debate sobre si es lícito o no obligar a que los niños repartan besos de manera indiscriminada. Hanssen consideraba que existen cuatro motivos para enseñar a los niños a no besar a desconocidos. En primer lugar, por una cuestión de respeto: ellos son dueños de su cuerpo y deben decidir cómo demostrar su afecto. Después, porque para ellos un beso no es una simple muestra de cortesía, sino algo íntimo e importante. En tercer lugar, porque “a ella no le gustaría que la obligaran a hacerlo”. Y, para terminar, “por seguridad”.

Los besos también forman parte de nuestro desarrollo evolutivo como especie. El psiquiatra burgalés Jesús de la Gándara, autor de un estudio sobre la importancia de los besos, relaciona los besos con el origen del lenguaje humano. "En el principio fue el beso, luego vinieron las palabras, la cultura y la sociedad", según afirma De la Gándara. Además, apunta que los besos tienen dos funciones elementales en los primeros momentos del ser humano, como son "amamantar y oler". Y explica que los besos no son "algo exclusivo" del ser humano, pues "hay animales que besan, que saben besar, aunque no sepan que saben".

Respecto a la mayor o menor exclusividad del beso humano, Isabel Rojas subraya que, “efectivamente, los labios, al ser un órgano común tanto en humanos como en animales, tienen unas funciones básicas y otras que han ido evolucionando. Los labios y la boca son las primeras partes del cuerpo que un niño aprende a controlar. No se debe de olvidar el reflejo de succión, por el cual los niños, desde el primer momento de vida, activan y unen los labios en el momento en el que un objeto es aproximado a su boca. Este reflejo es muy similar al movimiento que se hace al dar un beso, por lo que desde el inicio todos los niños lo tienen”. Además, reitera que, “por ejemplo, los chimpancés tras una pelea se besan; un gesto que es entendido como la “finalización de la pelea”. Por eso, según indica Rojas, “se puede decir que el beso es el origen del lenguaje humano afectivo”. Sea como fuere, el beso forma parte del patrimonio del ser humano. Pues, como escribió la escritora Carmen Gil en su poema “Besos”, “Los besos de mariposa, rozándote las mejillas, ¡pueden hacerte cosquillas! y son de color de rosa”.

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