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Holanda impulsa su revolución eléctrica con los ‘trenes eólicos’

La electricidad generada por los parques de molinos de viento servirá para transportar a 600.000 viajeros diarios sin producir CO2

Varios pasajeros se suben a un tren en una estación de Amsterdam. En vídeo, el presidente de NS

La energía eólica produce electricidad mediante aerogeneradores conectados a la red oficial de distribución. De diseño casi esquemático comparado con los molinos de viento tradicionales, las turbinas actuales se distribuyen en parques, y cuentan en Holanda con un territorio ideal: llano y ventoso. Con unos 2.000 ya instalados que sirven hoy el 4,5% de la electricidad total, los ferrocarriles nacionales, reunidos en una asociación denominada VIVENS, se han sumado a esta fuente energética sostenible. Desde enero, todos los trenes circulan gracias a ella, y efectúan a diario 1,2 millones de viajes transportando a unas 600.000 personas sin dejar rastro de CO2 en el trayecto.

El kilometraje cubierto por los trenes holandeses necesita 1.400 millones de kilovatios-hora anuales, una cantidad similar a la consumida por el conjunto de los hogares de Ámsterdam. Un molino de viento da una media de 7.500.00 kilovatios-hora al año. Y una hora en marcha sirve para cargar un recorrido de tren de unos 200 kilómetros. Los datos son de los propios ferrocarriles y de la compañía eléctrica y de gas Eneco, que han alcanzado su meta eólica un año antes de lo previsto. “Firmamos un contrato por una década, y somos el primer país del mundo en lograrlo, con ayuda de nuestros parques eólicos y también de otros plantados en el extranjero. El siguiente paso será promover la energía sostenible en las grandes empresas animando a sus empleados a cambiar el coche tradicional por el eléctrico, el ferrocarril o la bici, si es posible”, ha dicho Roger van Boxtel, antiguo diputado y senador liberal, y actual director ejecutivo de Ferrocarriles Holandeses, (NS) el principal operador del ramo en el país.

"Una quinta parte del CO2 holandés se deriva de los automóviles, y la gasolina y el diésel deben ser cosa del pasado", afirma el director ejecutivo de Ferrocarriles Holandeses

A pesar de las buenas condiciones holandesas, la energía eólica no solo se dedica a los trenes y el país no dispone de suficientes turbinas para cubrir sus necesidades. Así que la mitad es generada dentro y el resto se compra a proveedores en Finlandia o Suecia. Allí se ha contribuido a la construcción de nuevos aerogeneradores, y dicha inversión garantiza que la electricidad importada (por medio de cables terrestres o submarinos) viene de molinos de viento en lugar de otras fuentes no renovables. Para demostrarlo, la asociación VIVENS y Eneco deben contar con un certificado oficial que indique el origen de la energía y su sostenibilidad, además del nombre del vendedor, antes de llevar la electricidad a Holanda.

Cada hora de funcionamiento de los molinos de viento sirve para cargar un recorrido de tren de unos 200 kilómetros

“Una quinta parte del CO2 holandés se deriva de los automóviles, y la gasolina y el diésel deben ser cosa del pasado, porque el consumo eléctrico de un tren equivale a un millar de coches”, según Van Boxtel. Atado al aspa de un viejo molino de viento, que luego se puso en marcha mirando a las vías, el ejecutivo se convirtió el pasado diciembre en el ejemplo viviente de que la lucha contra el cambio climático empieza por uno mismo.

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