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Maria Grazia Chiuri defiende la igualdad en Dior

La firma francesa y Loewe reivindican el poder de la mujer en la semana de la moda de París

Desfile de Christian Dior en París, el 30 de septiembre.
Desfile de Christian Dior en París, el 30 de septiembre. AFP

Era el desfile más esperado de la temporada. Casi un momento histórico. La italiana Maria Grazia Chiuri, primera mujer en ocupar el cargo de directora creativa de Dior, se estrenaba al frente de la firma francesa en París. Más inteligente que emocionante, su colección fue una declaración de intenciones. “Todos debemos ser feministas”, se leía en una de las camisetas que presentó ayer sobre la pasarela. Por si el mensaje no fuera lo suficientemente claro, la italiana articuló toda su propuesta en torno a la equipación de esgrima, “que es prácticamente igual para el hombre que para la mujer”. Al reinterpretarla primero como chaqueta de cuero y, sucesivamente, como corsé, chaleco y corpiño, Chiuri buscaba crear un nuevo uniforme para la mujer, la armadura con la que competir en el mundo actual. Una estética que, como el New Look de Christian Dior en su momento, “se adapte a las necesidades cambiantes de la mujer”, pero que “vaya más allá de las categorías tradicionales de femenino y masculino, joven y no tan joven, razón y emoción, que ya no son conceptos complementarios”.

Camiseta reivindicativa del desfile de Dior en París.
Camiseta reivindicativa del desfile de Dior en París. AFP PHOTO

Acompañadas por delicadas faldas de tul, estas piezas de inspiración deportiva dieron paso a una segunda parte de la colección compuesta por vestidos transparentes decorados con motivos salidos del tarot y el horóscopo. Propuestas donde aún se dejaba sentir el espíritu de Valentino, la casa para la que trabajaba hasta hace solo seis meses junto a Pier Paolo Piccioli.

Demostrando su olfato para las ventas, Chiuri decidió recuperar el logo que la maison utilizaba en los años setenta para su primera colección de bolsos. Toda una “Dior (R)evolución”, como se leía en otra de sus camisetas.

Otro diseñador con probado olfato comercial es J. W. Anderson. Minutos después de terminar su desfile para Loewe, explicaba que el mayor reto al que había hecho frente en su colección para la próxima primavera-verano “era tratar de llegar lo más lejos posible desde el punto de vista creativo sin dejar de resultar creíble”. Una difícil ecuación que el irlandés resolvió de forma sobresaliente gracias a una propuesta tan relajada en las formas como inquieta en el fondo. Cuando en 2014 fue nombrado director creativo, prometió no abandonar la firma de origen español hasta haberla convertido en una marca global. En solo cuatro temporadas, Anderson ha conseguido transformar su imagen y darle verdadera proyección internacional. Lo visto este viernes confirma que se mueve en la dirección correcta, aunque el camino sea largo.

A partir de una silueta femenina, el diseñador apuesta por los volúmenes dramáticos en blusas globo, solapas desproporcionadas y, sobre todo, a través de una serie de cinturones que terminan en una suerte de bandeja de cuero y que, en opinión del creador, recuerdan a una columna. “Me gusta trabajar con el concepto de contradicción: mezclar proporciones, incluir brillos donde no se espera. Al final en el mundo del diseño todo está evolucionando hacia la personalización”, argumenta.

Desfile de Dior en París.
Desfile de Dior en París. AFP

 Además de al excepcional trabajo con la piel, seña de identidad de Loewe, Anderson dio protagonismo al algodón y el crochet. Empleó también cuerda lavada y tratada hasta conseguir un acabado amoroso. Este material funcionó como nexo de unión con la obra de la videoartista Magali Reus, que se proyectó en enormes pantallas mientras las modelos desfilaban: Un corto en el que un hombre nada en mitad del mar rodeado por bidones. “Me interesa el concepto de supervivencia”, explicaría después Anderson. Y lo cierto es que sus prendas podían evocar a las de un náufrago con increíbles dotes artesanales, pero en sus manos Loewe se dirige a puerto seguro.

Junto con colgantes de murciélagos y pulseras en forma de cala, los estilismos se apuntalaban mediante bolsos —algunos clásicos, otros nuevos— trabajados para la ocasión en apetecibles acabados.

Este jueves, Isabel Marant volvió a exprimir los códigos que tan buenos resultados le han dado en el pasado: pequeños vestidos con el hombro al aire en tonos metalizados, abrigos XL guateados que se aferran a la cintura con anchos cinturones y cazadoras vaqueras reconvertidas en monos cortos. Las superposiciones de estampados florales en piezas desestructuradas remataban su propuesta. Como banda sonora del desfile, una recopilación de grandes éxitos de los ochenta que dejaba claro en qué época se había inspirado la diseñadora francesa. 

Las cifras del miedo

C.M.

A la entrada al desfile de Dior, como en cada esquina de París, un grupo de soldados vigila con el índice presto sobre el gatillo de sus fusiles. Casi tan impactante como esta imagen resultan las cifras de negocio facilitadas por la industria del lujo francesa. Aunque hace dos años nadie podría imaginarlo, los militares y la venta de bolsos están íntimamente relacionados. En sus últimos informes económicos, tanto el grupo Kering, propietario de Balenciaga y Saint Laurent, como la firma italiana Prada culpaban de la caída de sus beneficios a los atentados terroristas ocurridos en el país galo. LVMH, que se define como el mayor conglomerado de empresas de lujo del mundo, confirmaba una bajada del 1% en los ingresos de su división más importante —la de moda y productos de piel— durante la primera mitad de 2016. La razón: “La situación de Francia, afectada por el desplome del turismo”.

Este país recibe anualmente 84,5 millones de visitantes extranjeros —España, 68,1—, de los que 30 pernoctan en su capital. Pero durante los primeros seis meses de este año, el número de viajeros japoneses cayó un 46,2%; el de rusos, un 35%; y el de chinos, un 19,6%, según datos de la Oficina de Turismo gala. Unos datos que no pueden dejar de afectar a su industria del lujo. Sobre todo, teniendo en cuenta que París es la segunda ciudad del mundo donde más se gasta en productos de alta gama, después de Nueva York y por delante de Londres, como revela un estudio elaborado por la empresa especializada en análisis de mercados Bain.

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