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De políticos y santas

Quejas por el editorial que pedía a Rajoy y a Sánchez dar ‘un paso atrás’, y por la cobertura de la canonización de Teresa de Calcuta

Teresa de Calcuta, con un niño en sus brazos, en 1978.
Teresa de Calcuta, con un niño en sus brazos, en 1978.

Este periódico ha venido defendiendo, como la opción más viable para romper el actual bloqueo político, la abstención del PSOE, lo que permitiría la formación de un Gobierno del PP. Una posición que ha dado pie a un gran debate en los canales abiertos por EL PAÍS en las redes sociales para recoger las opiniones de los lectores. El domingo 4 de septiembre, tras la fallida investidura de Mariano Rajoy, el periódico analizó la situación creada en el editorial Ni Rajoy ni Sánchez, en el que responsabilizaba a ambos del fracaso y les pedía que dieran “un paso atrás”. Varios lectores se han dirigido a mí para dejar constancia de su total desacuerdo con este texto.

María Dolores García Cotarelo lo explica así en su largo mensaje: “Rechazo frontalmente la idea de que para que se vaya Rajoy haya que ofrecerle la cabeza de Sánchez en bandeja, plan estupendo en el que el PP trabaja para acabar con el PSOE y que parecen apoyar ahora ustedes con entusiasmo. Desgraciadamente el PSOE lleva años en la irrelevancia y no será cargándose a Pedro Sánchez como va a salir de ella”. Otro lector, Ángel Machado Cabezas, parte de una frase del texto —“Unas terceras elecciones supondrían un fraude a la democracia que no debe ser consentido”— para señalar: “De la argumentación del editorial se deduce que obligar a un partido (el 2º más votado) a tomar una decisión contraria a algo muy importante que prometió reiterada, clara, contundente y justificadamente en la campaña electoral como era no colaborar ni por activa ni por pasiva en la formación de un Gobierno del PP, no parece antidemocrático a pesar de ser un claro fraude a los electores de este partido”. También he recibido correos de protesta de otros lectores, como Joaquín Delgado Cos, Alberto Pérez García, Fernando Muñoz o Vicente Herrera Silva.

Ese mismo domingo 4 de septiembre el Papa canonizó a la madre Teresa de Calcuta. EL PAÍS informó de ello en una crónica del corresponsal en Roma, Pablo Ordaz, a la que se sumaron, en la edición digital, otras dos piezas. Un reportaje de la corresponsal en Nueva Delhi, Ana Gabriela Rojas, y un análisis del especialista en religión del diario, Juan G. Bedoya. Ambos artículos —El lado oscuro de la madre Teresa de Calcuta, y Santos no siempre ejemplares— recogían las críticas que se le han hecho a la fundadora de las Misioneras de la Caridad. Varios lectores han protestado por considerar, como Rosario Polo Guerrero, que la cobertura ha sido “sesgada”. José María Escandell dice: “Como lector de su periódico y católico que soy, estoy acostumbrado a la manera anticlerical y polémica con que presenta EL PAÍS las noticias religiosas. Pero yo pensaba que había límites. Las noticias que publicó (…) sobre la madre Teresa de Calcuta, sin embargo, han sido la gota que ha colmado el vaso”.

Otros lectores, como Paloma Caínzos o Carlos F. Barberá, se centran en el texto de Bedoya. Barberá le reprocha lo siguiente: “Publica un análisis sobre la canonización de Teresa de Calcuta y el principal testigo que aporta es Christopher Hitchens, que era, como se sabe, uno de los ateos activistas más conocidos. ¿Y qué va a decir el señor Hitchens? (…). Se dirá que es una opinión y que como tal aparece, pero la verdad es que esa opinión repetida y siempre negativa cansa un poco”.

Los textos de Rojas y Bedoya coincidían en las críticas a la religiosa

Bedoya defiende su análisis y cree que la mención a Hitchens es oportuna. “Vivió junto a Teresa de Calcuta muchas jornadas”, señala, “y se documentó de tal manera que hasta el Vaticano creyó conveniente escucharlo durante varias horas mediante tres eclesiásticos enviados extraoficialmente por la pontificia Congregación para las Causas de los Santos cuando se inició el proceso de beatificación”.

Ana Gabriela Rojas consideró, según me ha explicado, que lo más importante era recoger la opinión de los detractores de la nueva santa, menos conocida para los lectores. Lo cierto, sin embargo, es que las críticas que menciona son ya conocidas y a ellas se refiere también Bedoya en su artículo de opinión. El resultado es que no solo nos repetimos, sino que hemos dejado de informar de otros aspectos novedosos de la canonización, como el enorme eco, popular e institucional, que ha tenido en India.

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