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‘Juntos como uno solo’ para dar energía a 15.000 agricultores

Pamoja apuesta por las energías renovables para llevar electricidad a zonas rurales de África oriental

Uno de los objetivos de Pamoja es la transferencia de conocimiento.
Uno de los objetivos de Pamoja es la transferencia de conocimiento.

Sin acceso a la electricidad, el día a día del 85% de la población rural de Uganda está marcado por la imposibilidad de usar un ordenador, calentar el hogar, conservar comida en la nevera o disponer de luz, lo que se traduce en un infranqueable obstáculo para el desarrollo económico y una eterna condena a la pobreza. Las enormes proporciones del problema han empujado a Pamoja Cleantech, una compañía sueca cofundada en 2010 por el emprendedor social Peik Stenlund, a buscar soluciones sostenibles desde el punto de vista económico y que, al mismo tiempo, puedan contribuir a mitigar los efectos del cambio climático a través de energías renovables.

El objetivo de Pamoja, que en swahili significa juntos como uno solo, es beneficiar a 30.000 viviendas del África Subsahariana para 2020 a través de la construcción de un centenar de plantas y permitir que 15.000 pequeños agricultores dispongan de energía verde para su trabajo, mientras se lucran con la venta de residuos de sus actividades para la producción de energía.

El grupo, que ha sido absorbido por la compañía alemana Entrade, actualmente está realizando un estudio de viabilidad en la India, al mismo tiempo que gestiona un proyecto para proporcionar electricidad a comunidades rurales de Uganda a partir de biomasa y energía solar que, en esta primera fase, beneficia a unas 500 personas.

Este país africano presenta una de las tasas de electrificación más bajas del mundo (alrededor del 15% del territorio, según los datos correspondientes a 2015 de la Agencia Internacional de la Energía). El rápido crecimiento de la población se refleja en una mayor necesidad de energía y tierra para la agricultura, incrementando la presión sobre los bosques. El uso de lámparas de queroseno en la mayoría de los hogares, además de implicar un gasto demasiado elevado, contribuye a la contaminación del aire, con repercusiones sobre la salud de la población.

El 85% de la población rural de Uganda no dispone de electricidad

El sistema propuesto por Pamoja aspira a reducir las emisiones de anhídrido carbónico en 150.000 toneladas por año, sustituyendo los generadores de gasóleo por fuentes renovables, mientras frena la deforestación, al reemplazar el uso de carbón vegetal con briquetas de biomasa para la cocina. La empresa calcula que por cada tonelada empleada de este producto se salvan siete árboles.

Para Stenlund la clave del éxito del proyecto está en contar con la colaboración de socios locales, públicos y privados. “Ellos son los que conocen la realidad del país y lo que realmente se necesita”, explica. El emprendedor reconoce que trabajar en África Subsahariana conlleva unos retos adicionales, como enfrentarse a altos costes en la construcción de infraestructura en zonas rurales, y que, por ejemplo, aún existe cierta dificultad para contratar mujeres con perfil técnico.

“Nuestro equipo integra personas de distintas nacionalidades y es muy variado también por competencias. Creemos que las soluciones es mejor encontrarlas todos juntos”. Stenlund, estudiante de derecho convertido en emprendedor social y activista contra el cambio climático, asegura: “Las soluciones se plasman a partir de las sinergias entre distintos actores”.

El objetivo de Pamoja es beneficiar a 30.000 viviendas en África Subsahariana para 2020

El cofundador de Pamoja Cleantech tenía 27 años cuando decidió dar el salto y crear su propia empresa, insatisfecho con las tecnologías empleadas hasta el momento para el desarrollo de las energías renovables en países menos desarrollados. “Empecé con un amigo ingeniero y luego comenzamos a juntar ideas con nuestros socios africanos”, recuerda. “Uno de los principales fallos que vimos estaba el modelo de negocio existente en el mercado, que no permitía que la tecnología se utilizara en los entornos donde realmente se necesitaba”.

“Me sentía bastante frustrado y quería hacer algo para innovar y contribuir a la lucha para mitigar los efectos del cambio climático, de manera que la tecnología pudiera adaptarse de manera más rápida a cualquier entorno”, agrega. La participación como activista en la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático, que se celebró en Copenhague en 2009, le empujó a lanzarse a la iniciativa empresarial.

“27 años es un buen momento para preguntarte qué quieres hacer con tu vida. Todavía eres joven, quizás un poco ingenuo, pero al mismo tiempo de mentalidad abierta y dispuesto a enfrentarte a los riesgos. No obstante, no existe un momento específico mejor que otro para hacerlo. Todas las edades son buenas”, dice.

Stenlund participará los próximos 29 y 30 de septiembre en el Foro de Ingeniería para el Desarrollo Sostenible de Granada, donde espera poder motivar a “jóvenes ambiciosos con ideas” para poner en marcha sus propios proyectos.

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