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Picio, El Tato, Maricastaña: 15 personas que nombras sin saber quiénes son

¿Alguna vez te has preguntado por qué Picio era tan feo, qué tocaba Roque o quién es Calleja, ese que tiene tanto cuento?

expresiones españolas
Paco Rabal y José Sacristán en el café La Delicia en una imagen de 'La Colmena' (1982), de Mario Camus. Este café era punto de reunión de intelectuales.

De dichos, frases hechas y refranes está el español lleno. Estas pequeñas píldoras de sabiduría popular se han ido extendiendo a lo largo de la geografía haciendo tan habitual su uso que muchas veces obviamos la lógica de su estructura o el porqué de sus elementos. “Los modismos son palabras ya usadas en los mismos contextos por otros hablantes, son viejas formas, gastadas, que nos ayudan a describir una situación y a influir en el oyente”, explica María Prieto, profesora de español en la Universidad de Oviedo, en su conferencia Hablando en plata: De modismos y metáforas culturales.

Lo cierto es que estas expresiones son muchas veces el espejo que retrata una época. “La lengua no es sino un reflejo de la mentalidad y del estilo de vida de la sociedad que la habla”, asegura la filóloga y escritora Dolores Soler-Espiauba. Desde ese espejo, a veces nos contemplan rostros cuyos nombres hemos mencionado infinidad de veces pero cuya historia, que además también es la nuestra, desconocemos. Consultamos con expertos y con diccionarios especializados para resolver de una vez por todas qué le pasó al pobre Picio para ser tan feo, en qué año vivió Maricastaña, qué tocaba Roque o a qué ritmo bailaba San Vito.

1. No ha venido ni el Tato. Antonio Sánchez, El Tato, fue un torero sevillano que no se perdía una. Estaba en todos los carteles y en los eventos sociales de la época. Era tan habitual en las corridas de toros del siglo XIX que incluso tras perder la pierna por una cornada acudió a la plaza porque quería volver a torear. Después de varios intentos, asumió su fracaso y se apartó de la vida pública. Su nombre no pasó a la historia como gran torero, pero es de los más mencionados en todo tipo de expresiones populares.

2. Más feo que Picio. El que es uno de los arquetipos más reconocidos de la fealdad era un zapatero de Granada que había sido condenado a la pena de muerte. La noticia del indulto le provocó tal impresión que perdió el pelo, las cejas y pestañas y su cara se deformó, llenándose de tumores. El filólogo Sbarbi y Osuna habló con personas que conocieron a este malogrado zapatero que no sabía tomarse las buenas noticias y en su libro Gran diccionario de refranes asegura que ahí no acabó su desgracia. Picio, tras ser perdonado, se trasladó a Lanjarón (municipio de Granada), de donde fue expulsado por no entrar jamás a la Iglesia ya que no quería quitarse el pañuelo con el que ocultaba su calva. Finalmente, regresó a Granada, donde murió poco después.

3. A cada cerdo le llega su San Martín. Es probablemente la frase más dirigida a jefes y superiores en nuestro país cuando nos encomendamos a la divinidad, a quién si no, para que se encargue de darles el que creemos que es su merecido. La frase aparece ya, levemente modificada, en nuestra obra literaria más universal. Decía Cervantes en Don Quijote de La Mancha, “pero su San Martín se le llegará como a cada puerco” refiriéndose a que a nadie le deja de llegar el plazo para pagar las afrentas. Según el martirologio –el catálogo de mártires y santos de la Iglesia católica– hay más de una decena de San Martín aunque este dicho se refiere a San Martín de Tours, patrón de Ourense, cuya vida nada tiene que ver con los cerdos, pero cuya fiesta se celebra el 11 de noviembre, coincidiendo con la matanza de los puercos.

4. Tirarse a la bartola. Nada tienen que temer las 47 mujeres que, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), se llaman Bartola en España. Aunque pudiera parecerlo, esta expresión no tiene ningún tipo de connotación sexual, ni violenta sino más bien todo lo contrario. Se refiere a uno de los siete pecados capitales: la pereza. Bartola no era ninguna mujer reconocida por su gandulería sino una forma cotidiana de llamar a la barriga, según asegura Sbarbi y Osuna. Por lo tanto, la voz original, que era tumbarse a la bartola, apunta al hecho de descansar panza arriba. Algunos autores afirman además que Bartola era el personaje de un cuento popular que representaba la vagancia.

5. Más viejo que Matusalén. 969 años vivió –según la Biblia– este buen señor cuyos mayores logros fueron la longevidad, engendrar a su hijo Lamec con 187 años y ser abuelo del que posiblemente fuera el primer ingeniero naval de la historia bíblica, es decir, Noé. Como la lógica cristiana indica, Matusalén no podía sobrevivir al diluvio y murió poco antes, quedándose sin conocer el arca de su nieto. Eso sí, fue el responsable de acuñar una frase para referirse a gente o cosas muy viejas.

6. Armarse la Marimorena. Según la RAE, una marimorena es una “riña, pendencia o camorra”. El escritor, periodista y lexicógrafo José María Iribarren señala en su obra El porqué de los dichos el posible origen de la expresión en los altercados que tenían lugar, de manera más o menos habitual, en una tabernera madrileña llamada María Morena. La expresión se popularizó desde 1579 y llegó en forma contraída (en lugar de María Morena, Marimorena) hasta la actualidad.

7. Como Pedro por su casa. Pedro es un gran conocido de las frases hechas españolas aunque nadie explica exactamente cómo iba Pedro por su casa. Algunas variantes de esta locución, que se refiere a dirigirse con gran familiaridad por un lugar extraño, aparecen en la segunda parte de La vida de Lazarillo de Tormes y en Rinconete y Cortadillo aunque sin mencionar ningún nombre en concreto, solo aludiendo a ‘entrarse como por su casa’. Pedro sí era usado en Aragón en la expresión “entrarse como Pedro por Huesca” apuntando a la toma de la ciudad por parte de Pedro I de Aragón.

8. El corral de la Pacheca. Se usa para referirse a un lugar bullicioso y algo confuso. El nombre es gracias a Isabel Pacheco, dueña del lugar y más conocida como La Pacheca. Corría el siglo XVI y en la madrileña calle del Príncipe se encontraba este corral de comedias donde, como en el resto, se usaba los patios de vecindad, vestidos con un tablado en la parte central, para las representaciones teatrales de la época, siendo precursores de los teatros de hoy en día. Obviamente, terminaba por ser un lugar con mucha concurrencia y bullicioso.

9. La casa de tócame Roque. Esta casa no difiere demasiado del corral de la Pacheca; viene a señalar una casa con alboroto y caos y, al igual que el corral de comedias, este lugar también existió en la capital española aunque fue demolida en 1850. Ramón de la Cruz la inmortalizó en un sainete -pequeños relatos costumbristas en tono humorístico que solían interpretarse en los intermedios de una función- centrado en los altercados que se producían entre sus vecinos y que los propietarios quisieron solventar desahuciándolos y derribando el edificio. Sin embargo, en la herencia no quedaba claro cual de los dos hermanos era el legítimo propietario. De esa disputa, según la Guía de Madrid de Fernández de los Ríos, nació el nombre del inmueble, ya que los hermanos, Juan y Roque, porfiaban diciendo “Tócame a mí [la casa], tócame, Roque”. Aún puede verse la placa que la recuerda en la calle del Barquillo.

10. Las cuentas del Gran Capitán. Para esta expresión valdría como ejemplo casi cualquier presupuesto presentado en España de esos que crecen en tareas a realizar y, cómo no, en precio conforme avanza el tiempo de una forma que rara vez se consigue explicar sin recurrir al humor. En las cuentas del Gran Capitán –cuya total veracidad han puesto en entredicho algunos autores– se incluían cosas como “100.000 ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de sus enemigos tendidos en el campo de batalla”. Este irónico personaje era Gonzalo Fernández de Córdoba y conquistó para los Reyes Católicos el reino de Nápoles. Cuando los monarcas le solicitaron sus cuentas, él les presentó un sarcástico listado que concluía con lo siguiente: “Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el rey pedía cuentas al que le había regalado un reino”.

11. Tener más cuento que Calleja. No es que Saturnino Calleja fuera un novelero y se dejase llevar por las fantasías, más bien es que se dedicaba a publicarlas. Este burgalés dirigía la editorial Calleja, que llegó a ser una de las más importantes de España a finales del siglo XIX y principios del XX. Se hizo tremendamente popular por el cambio de modelo que propugnó, caracterizado por las grandes tiradas y el pequeño formato de los cuentos que publicaba para hacerlos así mucho más asequibles. Por el gran número de títulos que tenía en su catálogo, se hizo habitual el dicho “tienes más cuentos que Calleja”.

12. Tener el baile de San Vito. Cuando se alude a que alguien tiene el baile de San Vito, por su impaciencia y movimientos inquietos, se agradece la ausencia de sentido literal. San Vito, mártir de la Iglesia católica, fue torturado cuando era un niño introduciéndole en un caldero de aceite hirviendo. Fue por esas sacudidas y convulsiones que previsiblemente le produjo su muerte por lo que al santo se le asoció más tarde con una enfermedad llamada Corea, que se caracteriza por movimientos involuntarios y sin orden.

13. En tiempos de Maricastaña. Hay quien supone que el de Maricastaña es un nombre proverbial, genérico, usado para hablar de un tiempo muy antiguo. Sin embargo, José María Iribarren cita al historiador José Godoy Alcántara, que narra la historia de una María Castaño que en siglo XVI, junto a su marido y dos hermanos de este, lideró una rebelión en Lugo contra el pago de tributos abusivos que imponía el obispo, señor de esas tierras. Y es que en aquellos tiempos –los de Maricastaña– no existían las cuentas en Suiza.

14. Viva la Pepa. El “¡Viva la Pepa!” fue un grito subversivo que aludía a la Constitución de Cádiz, jurada y proclamada el 19 de marzo de 1812 –día de San José– . Cuando el rey Fernando VII abolió el texto constitucional, sus defensores usaban esta expresión para no ser arrestados aunque el subterfugio no tardó mucho en descubrirse. Más tarde, el dicho se modificó añadiéndole "¡viva la Pepa, y el pan a dos cuartos!" por el que se da a entender la tranquilidad con la que se ven algunas cosas siempre y cuando a nosotros no nos falten.

15. Fulano y Mengano. A pesar de que Fulano y Mengano sean posiblemente los personajes más citados en nuestro idioma, lo cierto es que ninguno de los dos existió. Es más, ni siquiera son personas. Fulano viene del árabe fulán -persona cualquiera- y Mengano de man kan -quien sea-. Lo curioso es que Mengano siempre suele ir acompañado de Fulano y, a veces incluso, de Zutano. La procedencia de este último, según señala la RAE, viene de latín. Se apunta a citano, derivado de la fórmula latina scitanus -sabido-, que se empleaba para sustituir el nombre de alguien ya conocido.

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