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La velocidad y el tocino

El equipo de carreras de la Universidad Politécnica de Graz (Austria), durante la competición de 2015.
El equipo de carreras de la Universidad Politécnica de Graz (Austria), durante la competición de 2015.
 

CADA año, en los famosos circuitos de fórmula 1 de Montmeló, Silverstone y Hockenheim, se celebran unas trepidantes carreras que no convocan a los famosos, los millonarios y la prensa del espectáculo, sino a los cazatalentos, los genios de la ingeniería y los scouters de las principales escuderías. Me refiero a la discreta pero prestigiosa Fórmula Student (FS), una competición automovilística universitaria donde estudiantes de ingeniería de todo el planeta diseñan, fabrican, construyen y pilotan sus propios monoplazas. La FS reúne a 20.000 futuros ingenieros de 600 universidades distintas, examinados por los mejores profesionales de la industria, pues los patrocinadores de las carreras son Jaguar, Porsche, Volkswagen o los mismos equipos de fórmula 1 como Red Bull o Mercedes AMG.

La FS nació en Estados Unidos en los ochenta y su modelo ha sido replicado en Alemania, Japón, Australia, Reino Unido, Brasil y España, entre otros países con circuitos de fórmula 1. Así, en la Fórmula Student Spain (FSS) han competido bólidos de la Universidad Politécnica de Valencia, la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad Europea de Madrid, la Universidad del País Vasco, la Universidad Politécnica de Cataluña, la Universidad de Navarra, la Universidad Politécnica de Cartagena y la Universidad de Sevilla.

La mayoría de equipos universitarios de la FSS cuenta con generosos patrocinios autonómicos, municipales y empresariales que permiten la continuidad de los técnicos año tras año, aunque la excepción que confirma la regla es el equipo de la Universidad de Sevilla (ARUS), protagonista de esta nota por los méritos y particularidades de su trayectoria, pues su modelo ART-14 llegó en décimo lugar a la meta en Montmeló 2014 y su prototipo ART-15 fue el monoplaza español mejor valorado por su diseño en Hockenheim 2015. Para la presente edición, el ART-16 ya consiguió una de las cuatro plazas por las que competían 200 equipos europeos, aunque el proyecto podría salirse de la pista por la ausencia de patrocinadores.

El equipo de la Universidad de Sevilla destaca por su número de alumnas y porque sus miembros son 100% estudiantes. Sin embargo, a falta de multinacionales y otros auspiciadores poderosos, los ingenieros en agraz del ARUS se las han apañado para atraer a los mecenas más diversos: desde tiendas de regalos hasta restaurantes, pasando por bodegas, aceites de oliva, piensos de ganado, bufetes de abogados y otros patrocinadores que nadie asociaría a los grandes circuitos de la fórmula 1. En realidad, a los jóvenes del ARUS no se les caen los anillos por nada, ya que los gastos de viaje de su primera competición los costearon vendiendo mantecados y polvorones.

El esfuerzo del equipo ARUS me recuerda a la mítica revista literaria Mediodía, donde, gracias a la generosidad de carnicerías, mantequerías, charcuterías y otros nobles establecimientos sevillanos, García Lorca, Luis Cernuda, Pedro Salinas y Vicente Aleixandre pudieron publicar sus poemas. Por tanto, queda demostrada la relación entre la velocidad y el tocino. A saber, la publicidad, el mecenazgo y el patrocinio, tres cosas que sirven para convertir la manteca en pura aceleración.