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Haz el comercio y no la guerra

Las guerras entre países se han reducido en un 90% desde el siglo XIX coincidiendo con la multiplicación de los intercambios comerciales

Tras su rendición a bordo del acorazado 'Missouri' en 1945, Japón se ha convertido en el principal socio comercial de EE UU tras China, México y Canadá. Ampliar foto
Tras su rendición a bordo del acorazado 'Missouri' en 1945, Japón se ha convertido en el principal socio comercial de EE UU tras China, México y Canadá.

El pionero de la ciencia militar moderna, Carl von Clausewitz escribió: La guerra es la continuación de la política por otros medios. Por su parte, el comunista Lenin sostuvo que la I Guerra Mundial era la consecuencia lógica del imperialismo. Los datos parecen apoyar tanto al militar prusiano como al revolucionario ruso. Un análisis de las guerras desatadas desde principios del siglo XIX muestra que a más relaciones comerciales, menor probabilidad de que haya un conflicto armado.

Economistas de la Universidad de Stanford (EE UU) han encontrado una correlación negativa muy sugerente entre comercio y guerra. Aunque la historia de los humanos está jalonada de guerras, muchas de ellas con la conquista y el expolio como principales argumentos, en la era moderna, el aumento de las relaciones comerciales ha ido parejo con una marcada disminución de los conflictos bélicos. Es como si al dar menos beneficios que la paz, la guerra fuera antieconómica.

Los datos recopilados por estos investigadores y publicados por la revista PNAS muestran que, desde 1820, las guerras entre dos o más países se han reducido en un 90%. El descenso es particularmente significativo desde 1950. Usando datos del proyecto Correlates of War, que tiene registrados todos los conflictos entre al menos dos países con un mínimo de 1.000 bajas, el estudio muestra que, el promedio de guerras entre un determinado par de países al año ha pasado de un 0,00059 entre 1820 y 1949 al ínfimo 0,00006 desde 1950, casi la décima parte.

Mientras el comercio mundial supone ahora el 25% del PIB, las guerras se han reducido en un 90%

En paralelo, las redes del comercio internacional no han dejado de subir. Dos son los periodos más destacados. Entre 1870 y 1913, antesala de la I Guerra Mundial, las exportaciones expresadas en porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB) pasaron de representar apenas un 5% a casi un 12%. El otro periodo de crecimiento explosivo es el que se inicia tras la II Guerra Mundial. Si en 1950, el comercio internacional suponía el 7%, en 2012 alcanzó la cuarta parta del PIB.

"La teoría predice que el comercio es una buena medicina preventiva", dice el economista de Stanford y coautor del estudio, Matthew Jackson. Y pone un ejemplo clarificador. Desde los tiempos de Napoleón, Francia y Alemania (y antes de ella Prusia) se pasaron todo el siglo XIX y la mitad del XX de guerra en guerra. "Según el Observatorio de Complejidad Económica, Francia es ahora el séptimo mayor exportador del mundo y Alemania es su principal socio comercial, con alrededor de 80.000 millones de euros, más del doble de su comercio con EE UU", recuerda Jackson. Para el economista estadounidense, "los datos muestran una fuerte correlación, pero es complicado establecer causalidad ya que el mundo está en constante cambio y es incontrolable".

La elección de la fecha, 1950, como punto de inflexión no es aleatoria, viene marcada por los datos. Es después de la II Guerra Mundial, cuando el número de guerras entre estados se reduce con más fuerza. También es el inicio de una época de bonanza para el comercio internacional, aunque no fue la primera. A finales del siglo XIX y hasta 1913, los intercambios comerciales mundiales también estaban al alza y, sin embargo, eso no evitó las dos guerras mundiales y decenas de conflictos más localizados, como la guerra de los Boers o la guerra ruso-japonesa de 1905.

Red mundial de intercambios comerciales en 1910 (arriba), en 1960 (centro) y a comienzos de este siglo (abajo). ampliar foto
Red mundial de intercambios comerciales en 1910 (arriba), en 1960 (centro) y a comienzos de este siglo (abajo).

La diferencia podría estar en el tipo de comercio dominante entonces y después de 1950. En el primer caso, la mayor parte del comercio estaba dominado por unos pocos países y buena parte de los intercambios comerciales eran entre las colonias y su metrópoli. Sin embargo, tras la II Guerra Mundial, el comercio pierde esa jerarquía, se universaliza y forma complejas redes de intercambio mundial. Por ejemplo, el número de países que son socios comerciales entre sí se multiplica por 10 entre 1870 y 1973.

Sin embargo, también después de 1950 proliferaron las armas nucleares y, con ellas su poder de disuasión. Otra posible explicación del descenso de las guerras podría ser el posible factor apaciguador de la democracia. Su extensión por más países podría haber reducido los conflictos armados. Sin embargo, varios de los conflictos más recientes, como algunos de los sucedidos en las repúblicas ex soviéticas han germinado en regímenes democráticos. Para los autores, más que el régimen político, importaría el grado de desarrollo.

"Las armas nucleares pueden elevar el coste de la guerra tanto que puede disuadir a dos potencias nucleares de una guerra directa, sin importar el comercio", reconoce el economista estadounidense. "Sin embargo, dado que solo unos pocos países tienen capacidad nuclear, esto no puede explicar, por sí solo el descenso de las guerras. Por ejemplo, sin intercambio comercial alguno y con las armas nucleares en manos de unos pocos, nada impediría que los grandes fueran a por los más pequeños indefensos, como, de hecho, sucedió con el colonialismo durante siglos".

El comercio es una buena medicina preventiva"

Matthew O. Jackson, economista de la Universidad de Stanford

Al final, la guerra, con toda su irracionalidad, se reduce a un cálculo racional de costes y beneficios. Ahí es donde la frase de von Clausewitz e incluso la visión de Lenin cobran su verdadero sentido. Como dice Jackson: "De hecho, von Clausewitz fue uno de los primeros en proponer una visión racionalista de la guerra, llegando a afirmar que se podrían usar principios empresariales como el de la maximización de los beneficios para comprender las acciones de los protagonistas de una guerra. La idea que subyace es que el imperialismo económico y el político tienen que ver con una potencial ganancia o redistribución económica, lo que ofrece el motivo para la guerra. Así que, un intenso comercio ya ofrece gran parte de esa redistribución o ganancia económica y, por lo tanto, erradica la necesidad del imperialismo económico y mitiga el político".

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