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OPINIÓN

El año de las oportunidades para el desarrollo sostenible

El sector privado no solo es un actor más, sino una parte central en la agenda que el mundo tiene por delante en los próximos 15 años

2015 no es un año cualquiera. Hoy, 25 de septiembre de 2015, el mundo aprobará tres de los acuerdos más importantes en materia de desarrollo de las últimas décadas. De estas negociaciones dependerá en gran medida el mundo que tendremos en 2030. Un mundo sostenible, sin pobreza, con más oportunidades para todos, con una mayor igualdad de género, un mundo más justo y seguro y un planeta más saludable y menos contaminado.

Esto dependerá de la ambición y del compromiso compartido para poner en práctica tres acuerdos: los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) que se aprobarán en la Asamblea General de la ONU que tendrá lugar hoy, el acuerdo de Addis Abeba para financiación para el desarrollo en Etiopía celebrado el pasado mes de julio y el posible acuerdo de la 21ª Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París el próximo mes de diciembre. Todo esto va a ocurrir en tan solo solo meses.

En gran medida las raíces de estos procesos están en la experiencia y logros de los objetivos de desarrollo del milenio (ODM). Acordados en los inicios del nuevo mileno, los ODM alinearon la cooperación internacional alrededor de ocho objetivos claros orientados sobre todo a reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de las personas. Para el Programada de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se convirtieron en nuestra hoja de ruta con logros positivos y una experiencia de éxito, pero aún queda mucho por hacer.

En estos 15 años el mundo se ha transformado y es necesario ir mucho más allá. Ha habido muchos cambios estructurales: positivos y negativos. Avances tecnológicos nos han conectado más que nunca, existe una mayor conciencia mundial de la urgencia por afrontar los desafíos del cambio climático y ha quedado demostrado que la pobreza, los conflictos o la desigualdad no son problemas de un país sino de todo el mundo. Hoy es más evidente que nunca que los problemas del mundo y sus soluciones son responsabilidad de todos.

Llevamos años reflexionando sobre los futuros objetivos de desarrollo sostenible y presentar una nueva manera de afrontar los desafíos de desarrollo: a través del trabajo conjunto entre gobiernos, sociedad civil, empresas y universidades con el apoyo de Naciones Unidas.

Un ejemplo de este modo de trabajar es el Fondo ODS, el primer mecanismo a nivel mundial para el logro de estos objetivos que hemos creado en PNUD con una contribución inicial del gobierno español. Este fondo multiagencia y multidonante ya está trabajando en 18 países piloto apoyando la transición desde un enfoque ODM a un enfoque ODS. Es, en mi opinión, una de las experiencias más innovadoras en materia de desarrollo.

Entre las innovaciones de este mecanismo quiero subrayar una en particular: el nuevo papel que las empresas y el sector privado tienen en el logro de un mundo sostenible. El mensaje es claro. Por contribuir al 90% de los empleos en el mundo, por generar el 91% de los flujos de capital a países en desarrollo y por prestar alrededor del 50% de servicios sociales básicos como la como salud y la educación, el sector privado no solo es un actor más, sino una parte central del desarrollo sostenible. Cada vez para más empresas es evidente la necesidad de una nueva manera de trabajar: más inclusiva, más sostenible y, con ello, más rentable en el medio y largo plazo. Naciones Unidas puede contribuir a ello.

No todos los objetivos serán prioritarios para todos los países, pero el mundo en su conjunto necesita tener esta visión integrada

En PNUD, además, tenemos claro que para reducir la pobreza es necesario un nuevo modo de entender la pobreza. La pobreza es multidimensional y el umbral de un dólar y cuarto de dólares de ingresos medio no es suficiente para medir ni para solucionar la pobreza. 1.500 millones de personas viven en situación de pobreza multidimensional, con carencias concurrentes en salud, educación y nivel de vida. Y aunque en términos generales la pobreza está disminuyendo, casi 800 millones de personas se enfrentan al riesgo de volver a caer en ella por causa de alguna crisis o adversidad. Si la pobreza es multidimensional, la respuesta debe ser integrada y esto nos exige trabajar de manera diferente, coordinando la acción de los diferentes actores involucrados.

Los objetivos de desarrollo sostenible son ambiciosos: en cantidad y en calidad, pero el desafío así lo exige. Los 17 objetivos de desarrollo sostenible, no cabe duda, son muchos y difíciles de lograr. Pero todos ellos son piezas centrales para construir una agenda global sólida que pueda ser adaptada localmente para a las necesidades de cada país y cada comunidad. No todos los objetivos serán prioritarios para todos los países, pero el mundo en su conjunto necesita tener esta visión integrada.

Éste es el año de las oportunidades para el desarrollo sostenible. El desafío en los próximos meses es solo una parte de la enorme tarea que vendrá después. Pero la experiencia en cooperación al desarrollo nos muestra que hay mucho ya aprendido, que hay consenso en las prioridades y que son muchas las personas, las instituciones y las organizaciones involucradas. Es un momento claro para la acción global, por las personas y por el planeta.

Gina Casar es secretaria general adjunta de la ONU y administradora asociada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

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