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Secesión o pluralismo

Lo que cuenta el 27-S es si hay o no base suficiente para dar pasos irreversibles

El presidente de Cataluña, Artur Mas.
El presidente de Cataluña, Artur Mas.

Un rasgo de las fórmulas federales o autonómicas es que permiten rectificar, mientras que la independencia tiene muy difícil marcha atrás. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si tras la declaración unilateral de independencia de Cataluña, en las siguientes elecciones en ese territorio ganan partidos contrarios a la separación? ¿Podrían gobernar en una república catalana independiente? ¿Con qué reglas?

La hoja de ruta prevista por Artur Mas y sus socios no tiene un destino abierto. Se trata de un proceso que conduce a la independencia en todo caso; lo sometido a debate es qué vía resulta más rápida o menos costosa. Los no independentistas quedarían en la práctica excluidos del debate ulterior si no consiguen que los resultados del 27-S sean tales que impidan a Mas llevar adelante esa hoja de ruta.

En los sondeos recientes de Metroscopia hay datos que confirman la idea, intuitivamente detectada hace tiempo, según la cual si entre el modelo autonómico actual y la independencia se introduce la posibilidad de votar por una opción intermedia (federalista, por ejemplo, o de autonomía reforzada en materia fiscal), el apoyo a la independencia baja unos 20 puntos, hasta el 30%, y esa opción intermedia pasaría a ser mayoritaria: del 46%.

La división en dos mitades de similar peso que siguen registrando los sondeos cuando se plantea la hipótesis de un referéndum o plebiscito no recoge la real pluralidad de la sociedad catalana, como refleja la presencia en las urnas de hasta siete candidaturas con posibilidad de alcanzar representación. Y como reflejan, sobre todo, las múltiples encuestas que vienen constatando que entre dos tercios y tres cuartas partes de los catalanes consideran compatibles sus identidades catalana y española. Esa compatibilidad es la base del sistema autonómico, y lo sería de un modelo federal si se reformase la Constitución con esa perspectiva.

Sin embargo, la resistencia a acudir a las urnas en elecciones catalanas de una parte del electorado impide que esa pluralidad aflore. Esto puede deberse a dos razones: el desánimo ante la coactiva presión independentista (que afecta a entre el 38% y el 45% de los votantes de PSC, PP y Ciudadanos); o a que no acaban de creerse que la independencia sea una posibilidad realista, que comparte el 63% de los catalanes (y el 82% del resto de los españoles). Esto último acaba de ser invocado por dirigentes empresariales catalanes como Josep Bou, que ha alertado de la pasividad hasta fecha reciente de muchos empresarios pese a que, desde el inicio del proceso soberanista, se han ido de Cataluña cerca de un millar de sociedades.

Esta pasividad tiene su expresión más inquietante en sectores del electorado opuestos al secesionismo pero que consideran que la forma de expresar su adhesión al sistema autonómico actual es no votar, quedarse en casa el 27-S. Pero es lo contrario. Cada voto de ese día será decisivo porque, gane quien gane, lo que cuenta es si hay o no base suficiente para proseguir la ruta hacia la independencia. Todo voto a listas que no incluyan la independencia en sus programas pesará a favor de quienes no quieren pasos irreversibles sino salidas respetuosas con la pluralidad catalana.

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