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Carlos Falcó, el marqués emprendedor

Se rebeló al destino que su aristocrática familia le preparó. Hoy uno de los grandes empresarios del vino aunque antes fue famoso por su matrimonio con Isabel Preysler. A sus 79 años, sigue innovando

Carlos Falcó Marqués de Griñón, en su casa en Malpica de Tajo en Toledo.
Carlos Falcó Marqués de Griñón, en su casa en Malpica de Tajo en Toledo.

Hay otra vida y no es la nuestra, sí. Pero en esa parte rosa del mundo, unos deciden jugar a la ruleta rusa con el privilegio de haber nacido ungidos con títulos nobiliarios, tierras y posibles; y otros creen que ya que han tenido esa suerte hay que trabajársela y devolver a la sociedad parte de lo que les ha caído del cielo por familia. Carlos Falcó, marqués de Griñón, Grande de España, Marqués de Castelmoncayo, descendiente del Gran Capitán, ingeniero agrónomo, cofundador del Club Siglo XXI, presidente del Círculo Español del Lujo Fortuny, empresario, elaborador de vinos y aceites…, es de los segundos.

“En mi casa, durante la posguerra”, explica, “se hablaba muchísimo de la Guerra Civil. La generación de mis padres estaba totalmente traumatizada por el enfrentamiento. Yo tuve clarísimo que tenía que hacer algo para que este fuera un país mejor, para que hubiera más oportunidades, para que no se volviera a repetir ese escenario de las dos Españas. No renuncio a lo que soy, pero estas ideas han sido parte importante de mi motivación”.

Se rebeló ante el destino castrense que le tenían preparado sus progenitores –difícil cuando el apellido materno es Fernández de Córdoba– y para conseguirlo buscó la complicidad de su abuelo Joaquín. “Me había impresionado la almazara que había en su castillo de Malpica del Tajo y Valdepusa, la bodega con sus tinajas de barro…, pero creo que aún más que me dijera que todo se vendía a granel. Poco después le escribí desde el internado de Lecároz en Navarra, donde estudiaba, y le dije que si convencía a mis padres para que pudiera ser ingeniero agrónomo le ayudaría a mejorar el aceite y el vino, incluso a embotellarlos con el nombre de la propiedad”.

Falcó, en el salón de su casa, donde no faltan numerosas fotos familiares con sus hijos y nietos. ampliar foto
Falcó, en el salón de su casa, donde no faltan numerosas fotos familiares con sus hijos y nietos.

Lo consiguió. Estudió lo que quería en la Universidad de Lovaina (Bruselas). Y ese carácter tenaz, optimista e innovador ha marcado su biografía. También que su abuelo al fallecer le dejara en propiedad el Quinto Casa de Vacas, una parte de Valdepusa (en Toledo), con una casona rural del siglo XVIII y un terreno arcilloso-calizo que, según recoge Carlos Falcó en su libro Oleum, contenía un mensaje claro de su abuelo: “Te dejo la tierra con mejor suelo para vides y olivos para que puedas realizar tu sueño”. Hoy la casona, vivida, cómoda pero sin grandes lujos, repleta de fotos familiares y trofeos de caza, es uno de sus refugios favoritos. En la cuidada finca no hay edificios firmados por grandes arquitectos, pero sí rosales al comienzo de muchas de las hileras de ordenadas vides, porque son los primeros en detectar posibles plagas; riego por goteo; una bodega que fue la primera nave de crianza climatizada de España; controles electrónicos de humedad y una almazara antioxidativa, equipada con la última tecnología, de la que salen aceites que, como algunos de sus vinos, han obtenido prestigiosos premios y críticas.

Carlos Falcó, con 79 años y una presencia todavía imponente, se podía dar por satisfecho y mirar tranquilo sus posesiones tocado por uno de sus característicos sombreros, sentado en la terraza que da a la piscina pintada de amarillo por orden de un paisajista (“para que parezca un río. El azul es para Marbella”, explica riendo su propietario). Pero no, él desciende de un guerrero ilustre e igual que plantó ilegalmente vides de Cabernet Sauvignon desafiando a la legislación franquista o defendió las bondades de la democracia micrófono en mano por Extremadura en plena Transición (“me fichó Fraga pero me pelee con mis compañeros de candidatura el primer día porque eran todos unos ‘fachas’ tremendos”), ahora se lanza a una nueva aventura. Junto a su hija Xandra Falcó realiza una ampliación de capital en su empresa –Pagos de Familia Marqués de Griñón S.A.– con nuevos accionistas para crecer y diversificar su producción. Padre e hija coinciden en lo importante de esta operación: “Lo único que hemos exigido es que la familia mantenga el control porque nadie cree en productos tan especiales como los nuestros si no están detrás quienes los han creado”. Xandra añade que “se trata de mantener la calidad y añadir potencial entrando en dos de las Denominaciones de Origen españolas más fuertes: Rioja y Rueda”.

Junto a su hija Xandra, realiza una ampliación de capital de su empresa con la única exigencia que siga siendo familiar

“Mi padre adora todo lo que suene a innovación”, afirma Xandra Falcó. “Es tan vital que yo digo que se ha debido caer en la marmita de Asterix”. Con 12 años en el negocio familiar, hoy Xandra –casada con Jaime Carvajal, presidente del banco EVO– se ha ganado la confianza de su familia y el derecho a ser la nueva consejera delegada de la renovada compañía. En su padre, que mantiene la presidencia, se nota el orgullo y la cercanía que tiene con sus cinco hijos, fruto de tres matrimonios, el primero con Jeannine Girod –madre de Manuel y Xandra-; el segundo con Isabel Preysler –rostro destacado de la prensa rosa y madre de Tamara–, y el tercero con Fátima de la Cierva –antropóloga, comprometida trabajadora social y madre de Duarte y Aldara–, de quien se separó oficiosamente en 2011, “aunque legalmente seguimos casados”, aclara Carlos Falcó.

Conversador inagotable, explica que su padre, gran aficionado al mundo del arte y ayudante del rey Alfonso XIII, fue quien dio la idea para los primeros Paradores de Turismo. Se carcajea cuando rememora sus conversaciones en plena época de Franco con el entonces príncipe Juan Carlos: “Yo era totalmente demócrata y europeísta y le decía: ‘¡Sufragio universal, libre, directo y secreto!, que en Europa no van a admitir otra cosa”.

Tengo muy buena relación con mis ex y creo que la base es que dedico mucho tiempo a mis hijos”, reflexiona Falcó

Tampoco ha olvidado una cena con la actriz Margot Hemingway, en la casa que compartía entonces con Isabel Preysler. “Margot probó mi vino y dos semanas después me llama por teléfono y me dice que está en Marbella, en la clínica Incosol, al lado de Alexis Lichine, que era uno de los más famosos escritores de vinos en ese momento. Cogí un avión y ahora imagina la escena: ella en topless en una tumbona, Lichine en otra a su lado, y yo con traje, corbata, una botella en la mano y diciéndole que sería un honor que lo probara. Estaba a dieta, pero se llevó el vino, lo cató con su enólogo, el famoso Emile Peynaud, y a partir de ahí, todo cambió”.

También recuerda el primer día en el que se dio cuenta de la presión mediática, que no duda en calificar como horrible, que acompañó a su matrimonio con Isabel Preysler: “Ocurrió dos años antes de casarnos. Yo había inaugurado junto a Félix Rodríguez de la Fuente un espectáculo en el Safari de Madrid. Las tribunas estaban llenas de niños con sus profesores, y le dije a Isabel que si le apetecía que nos sentáramos a verlo. Yo no leía revistas del corazón, y sigo sin hacerlo, pero de repente comprendí el problema cuando profesores y niños se volvieron al unísono al vernos. Le pregunté: ‘¿Te conocen todos?’. Y ella sólo contestó: ‘Sí”.

Es buen momento para animarle a que defina a cada uno de sus hijos con un titular. Por primera vez, permanece en silencio después de cada nombre, pensativo y serio. Repasa mentalmente sus personalidades y va desgranando sus sentencias esperando acertar.

Manuel Falcó y Girod, gestor de Citibank para 54 países en Europa, Oriente Medio y África, considerado por Financial Times como uno de los 10 financieros más influyentes de Europa: “Es buen banquero y gran persona, que no es obvio”, afirma su padre.

Xandra Falcó, hija de Carlos Falcó. ampliar foto
Xandra Falcó, hija de Carlos Falcó.

Xandra, su mano derecha en la empresa familiar: “Energía, visión y…. ¿Puedo cambiar? Es el liderazgo femenino que necesitamos”.

Tamara, habitual de la prensa rosa como su madre, bloguera en ¡Hola! y colaboradora en el negocio de eventos que la familia mantiene en el Palacio El Rincón, en Aldea del Fresno, localidad próxima a Madrid, donde también reside Carlos Falcó: “Tamara es dulzura, transparencia, alegría y sensibilidad”.

Duarte, estudiante, cazador, taurino, radical activista antiaborto. “Tiene 20 años”, dice de él su padre, “quiere hacer una start up, es muy inquieto, muy lector, un activista provida. Le dije desde el primer día que se metía en un avispero con el tema, pero… El verano pasado estuvo en Kenia y éste repite como cooperante en Camboya”.

Aldara, la pequeña, está a punto de cumplir 18 años, buena estudiante y una de las 25 jóvenes elegidas para la próxima edición de Le Bal des Debutantes en París, evento que la revista Forbes ha definido como la puesta de largo más exclusiva del mundo. De ella Carlos Falcó afirma: “Es superlista, práctica…, dice que quiere ser Nobel de Química. La han admitido en las cuatro universidades británicas a las que mandó solicitud. Pero se va a tomar un año sabático para terminar de aprender alemán. Ya habla muy bien inglés y francés. ¿El baile? Es una parte que no tiene nada que ver con el resto de su vida. Cuando me enteré, sólo pregunté: ‘Y eso, ¿cuánto va a costar?”.

No debe ser sencillo mantener unida a una familia tan variopinta y viajera, pero Falcó afirma: “Tengo muy buena relación con mis ex y creo que la base fundamental es que dedico mucho tiempo a mis hijos”. Cambia de tercio y enlaza de nuevo con el vino: “También se trata de saber comunicarse, algo que hace muy mal España. Nosotros como empresa hemos decidido volcarnos en la innovación, en la tecnología, en la originalidad. En ser rompedores, que es lo que hice desde el principio”.

Se ríe sin tapujos cuando se le pregunta si puede ser ese el motivo de tres matrimonios fallidos: “A las mujeres les gusta la sensación de seguridad, y en cualquier proyecto empresarial de este tipo hay momentos difíciles, todas las travesías del desierto que quieras”. Y finaliza con el resumen de un desayuno en el que se encontraba un amigo. “Llegó Angela Merkel, la presidenta de Alemania, y dijo: ‘Como no tengo mucho tiempo, voy a dar tres cifras: Europa es el 7% de la población mundial, el 22% del PIB del mundo y el 50% del gasto en bienestar del Planeta, llámese medicina, educación, pensiones… Vosotros sois empresarios, periodistas…, dadle una vuelta y a ver cómo se mantiene eso’. Yo soy empresario y no puedo quedarme quieto”.