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El galán brasileño que logró interpretar más que latinos

Rodrigo Santoro lleva una década en Hollywood, esquivando 'paparazzi', papeles tópicos y el sambenito de ser visto como latinoamericano

Rodrigo Santoro, fotografiado para ICON el pasado enero
Rodrigo Santoro, fotografiado para ICON el pasado enero

La primera aparición la hace a paso elástico en medio de un revoloteo de asistentes, estilistas y asesores, casi todas mujeres. Rodrigo Santoro (1975 Petrópolis, Río de Janeiro) tiene un porte aristocrático que recuerda a su personaje en Focus, un magnate español de la Fórmula 1. Antes de empezar una mesa redonda con periodistas, dos personas advertirán (varias veces) que no se permiten preguntas sobre su vida privada, y tampoco fotos o autógrafos. Durante 25 minutos, en su portugués natal será amable, pero marcará cierta distancia, dará respuestas vagas, sonreirá y se comportará, en general, como la superestrella que ya es en Brasil y que lleva tiempo empezando a ser en Hollywood. La entrevista individual posterior se empeñará en hacerla en español, hablando con el acento cubano que aprendió para interpretar a Raúl Castro en Che (2008), salpicado de palabras en portugués y en inglés. Acaba de ser un ministro chileno en Los 33, la película sobre los mineros sepultados en 2010.

Al principio estaba muy categorizado en Hollywood, en una cajita muy pequeñita, como lo estuvieron los latinos por mucho tiempo. No creo que la cosa se haya abierto muchísimo, pero lo está más. Como un reflejo de lo que está pasando

Detrás de los cristales, la playa de Copacabana está tan cerca que si uno afina la vista consigue ver a los valientes bajo el sol (40 grados y brisa pesada): vendedores de cocos, biquinis y pareos. Y alguna familia numerosa con los niños, aguantando el tipo. En este hotel de cinco estrellas, dos docenas de periodistas están en proceso de helarse bajo el aire acondicionado. La sala la presiden dos carteles gigantes: uno, con Will Smith y Margot Robbie, la pareja protagonista de Focus. Otro, con un primerísimo primer plano del brasileño. Puede que no le suene su cara, pero en Brasil lleva 20 años en pantalla y en esta sala, la prensa repite con sorna lo bien que estaría pedirle que ignorase el frío y se quitase la camiseta al entrar.

Santoro no tiene miedo a los medios ni al estrellato, estaba destinado a ello. Por algo se formó en Globo, el conglomerado de comunicación más grande de América Latina. Crea estrellas y opinión. Su audiencia diaria ronda los 90 millones de personas (casi la mitad de la población de Brasil). Los actores se forman en una escuela propia, a la que Santoro llegó tras hacer algo de teatro en la Universidad, donde estudiaba Periodismo. “Cuando empecé a trabajar en televisión tenía prejuicios. Pensaba que quería hacer teatro, hacer arte, que la televisión…[se interrumpe]. Era muy joven también. Pero luego entendí la necesidad de pagar las facturas”, dice. Está agradecido: “Si uno quería trabajar, especialmente hace 10 o 15 años, era el lugar para empezar”.

En Jane got a gun, su personaje estaba escrito para un irlandés. En Dominion, sobre Dylan Thomas, hace de estadounidense. Pero reconoce que “los papeles de héroe se escriben pensando en los estadounidenses”

Variety dijo de él que “está ayudando a llevar los latinos al mainstream”. “Al principio estaba muy categorizado, en una cajita muy pequeñita, como lo estuvieron los latinos por mucho tiempo. No creo que la cosa se haya abierto muchísimo, pero lo está más. Como un reflejo de lo que está pasando”, asegura. “Estoy leyendo y buscando cosas que no necesariamente estén escritas para un extranjero. Hablo con mis agentes y, si leo un guion bueno y hay posibilidad de hablar con el productor para hacer un cambio…”. En Jane got a gun (donde actúa junto a Natalie Portman y Ewan McGregor), su personaje estaba escrito para un irlandés. En Dominion, sobre el poeta Dylan Thomas, hace de estadounidense, aunque reconoce que “los papeles de héroe se escriben pensando en los estadounidenses”.

Rodrigo, cortés, escotado e imperial, en un hotel en Copacabana.
Rodrigo, cortés, escotado e imperial, en un hotel en Copacabana.

En esta búsqueda de sí mismo, Santoro enganchó galán tras galán en sus primeras telenovelas y luego reclamó el rol de actor alternativo: fue un joven ingresado en un psiquiátrico (Bicho de Sete Cabeças, 2001) y heredero de una maldición familiar (Abril Despedaçado, 2001), un travesti que se casa en prisión (Carandiru, basado en la masacre carcelaria ocurrida en Brasil en 1992). Después, sucesivamente, se convirtió en admirador de Nicole Kidman en la campaña publicitaria de Chanel No 5 (Navidad de 2004), la mitad de una de las parejas más efímeras de Perdidos, marido de Jennifer Lopez (Qué esperar cuando estás esperando, 2012). Y, finalmente, fue Jerjes en 300. Próximamente, participará en un remake de Ben Hur.

Un par de años atrás participé en una producción superalternativa. Pero la gente no va al cine independiente. Pide, pero no va

Sobre Focus, un producto de la factoría Will Smith, Santoro dice que “mezcla thriller, humor…” y que se decidió a participar por los directores, con quien trabajó en I love you Phillip Morris (2009). “Fue una experiencia muy placentera porque los dos son muy inteligentes, muy amables, increíbles. Me gustó el guion, y específicamente el personaje. Es un español, Rafael Garriga, pero eso no era lo mas importante. Me gustaron las características: un millonario que vivía por su reputación. Hay que jugar con él, especialmente en este mundo, donde la imagen es lo mas importante”.

Tras un día de cientos de preguntas, con sus respuestas afables y generales, el porte de estrella sigue intacto. Solo se sale de su papel liso y se altera un poco cuando escucha que algunos echan de menos su lado más indie. “Un par de años atrás participé en una producción superalternativa. Pero la gente no va al cine. Pide, pero no va. Heleno [sobre la vida del futbolista brasileño Heleno de Freitas] es en blanco y negro, sin concesiones. Hemos tenido una aceptación muy grande por el mundo. Aquí… la taquilla fue así [junta índice y pulgar], de este tamaño. Yo no lo hago por eso, nunca lo he hecho por eso […]. Jane got a Gun es una película totalmente artística. Dominion, en blanco y negro, también. Ya lo estoy logrando cada vez más: Che, Leonera… Pero cuando estés con esos amigos, pregúntales si vieron esas películas”.

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