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Hilo y anzuelo frente a la pesca masiva

La comunidad de pescadores bajao defiende las técnicas tradicionales en las aguas del Triángulo del Coral, en el sudeste asiático, castigadas por la sobrepesca industrial

Pulao Papan, una de las múltiples islas de Indonesia donde habitan los bajao. Ver fotogalería
Pulao Papan, una de las múltiples islas de Indonesia donde habitan los bajao.

Un hilo y un anzuelo son los instrumentos de faena de Leo Taher y Ahmed Dujnai. Como cada día, repiten sus quehaceres sentados frente a la terraza de casa, que también sirve de embarcadero, preparan los utensilios de pesca: hilo, anzuelo, arpón, red y, cómo no, las katchamatas, gafas de buceo de madera confeccionadas por ellos mismos. Los bajao son pescadores y buceadores natos, capaces de sumergirse a 30 metros y bucear durante cinco minutos sin salir a tomar aire. Saldrán a la mar en su canoa y será cuestión de suerte que el cometido resulte fructífero.

Habitan las aguas del Triangulo del Coral en el sudeste asiático. Esta etnia, originariamente nómada, y que deambula por las aguas turquesas en sus barcas lepa-lepa, hoy no son más que una minoría. La mayoría se han asentado en casas construidas sobre el agua y viven en comunidades que salpican el mar indonesio, filipino y malayo.

Kabalutan es una comunidad importante en Indonesia. Las casas conectadas entre si por pasillos de madera flotan sobre el agua como si fuese una tela de araña suspendida en aguas cristalinas. Mahmud Sidarante, un hombre de piel curtida a causa del sol y el salitre, es el jefe de la comunidad: "Nací en un lepa-lepa. Cuando era pequeño mi familia se estableció en Kabalutan. Entonces éramos unos pocos, hoy en cambio somos una comunidad de 2.200 personas. Nos estamos adecuando a los tiempos modernos".

Los bajao abandonan sus canoas y su vida nómada para asentarse en casas construidas sobre el agua

Y es que Kabalutan no tiene por qué envidiar a nadie. Situado en un lugar idílico, Kabalutan funciona como un pueblo cualquiera, con la única particularidad de que flota sobre el agua. La plaza del pueblo sirve en ocasiones de campo de fútbol. Cuando ellos dan por terminado el partido, las mujeres reemplazan porterías por una red y comienza el partido de voley. Qué decir de las antenas parabólicas que sobresalen como platillos volantes en la mitad del corredor de madera o de un altavoz a todo volumen que es testigo de que la música también tiene cabida en la mitad del océano.

Sidarante ya no pesca, dice ser demasiado mayor para ello: "A mis 70 años ya no salgo al mar, tengo mucha responsabilidad y debo cuidar de esta comunidad", dice y cambia de tono. Se muestra preocupado por el efecto que está teniendo la sobrepesca en la salud del mar y el consecuente sufrimiento al que se somete a la gente que vive de ella. En este caso toda la comunidad.

Es un tema transcendental. Los bajao se dan cuenta de que el mar ya no es lo que era y los datos lo verifican. Investigaciones llevadas a cabo por Greenpeace y Oceana relatan que en los últimos 60 años la salud del océano ha caído en picado por consecuencia de la sobrepesca, la vida marina ha mermado en un 90% en los océanos. Ahmed Djunai y Leo Taher escuchan con ímpetu al jefe de la comunidad mientras asientan con la cabeza. "Antes bastaban dos horas para pescar una cuantía razonable. Lo que pescábamos servía para comer en casa y para vender. Ahora tenemos que ir cada vez más lejos y a veces venimos con las manos vacías, no nos llega ni para gasolina".

Aswuin Usman, un joven bajao de 16 años, se dedica exclusivamente a la pesca del teripang, pepino de mar. Sale cada noche en su canoa con la ayuda de un candil y uno a uno los pesca bajando a pulmón varios metros. Los veteranos de la comunidad dicen que antes los teripang se pescaban a tan sólo tres metros de profundidad, hoy deben bajar por lo menos 25 metros para hacerse con este pez de forma rara y textura gomosa; un manjar en las cocinas de los restaurantes de Hong Kong.

Por estas razones, Sidarante es muy crítico con los modernos métodos de pesca masiva. "En esta comunidad está totalmente prohibido el uso de estas técnicas. Si veo a algún vecino en actitud sospechosa, llamaré a la policía. ¿Qué futuro les vamos a dejar a nuestros hijos? Nosotros sólo sabemos pescar, el mar es nuestro futuro y si no lo cuidamos, cavaremos nuestra propia tumba".

En los noventa, se utilizaron, sin ningún escrúpulo, técnicas y métodos de pesca agresiva en la zona del Triangulo del Coral. Los navíos extranjeros arrasaban con todo utilizando redes de arrastre. Desde el exterior se introdujeron técnicas de pesca poco éticas. La utilización de la dinamita daba resultados inmediatos. En un abrir y cerrar de ojos arrasaba con todo, y hoy estas consecuencias son visibles en los corales, dañados por socavones de forma irreversibles. El cianuro de sodio es otra de las técnicas agresivas de fácil uso y de resultados rápidos y eficientes. Al rociar el cianuro en el agua los peces quedan aturdidos y su captura resulta sencilla.

El cambio climático, la sobrepesca y las técnicas agresivas de pesca han influido drásticamente en la vida marina

En la década de los ochenta estos métodos de pesca estaban al alcance de cualquiera y los bajao los abrazaron con ilusión y placer. Los habitantes de Kabalutan no se quedaron atrás, probaron sin escrúpulos y con ignorancia estas técnicas de pesca. Las consecuencias hoy son visibles: el arrecife y el coral que los rodea está totalmente destruido, la vida marina ha disminuido, las generaciones jóvenes olvidaron las técnicas de pesca tradicional y el mal uso de la dinamita dejó lastimado a más de uno, provocando hasta la muerte en algunas ocasiones.

El Triangulo del Coral es conocido también como el amazonas marino. Sus especies marinas (pez Napoleón, pepino de mar, langosta, atún, peces de coral y ostras) son muy apreciadas en mercados extranjeros para uso culinario o decorativo para acuarios o coleccionistas. Hong Kong, Singapur o Japón son los principales demandantes de estos productos. Estos peces se comercializan vivos, y por ello los Bajao han construido viveros marinos bajo sus casas. Cuando reúnen una cuantía adecuada los transportan hasta el mercado de Luwuk, en la isla de Célebes, y desde allí a Yakarta con destino final Hong Kong. Estos peces recorren más de 4.500 kilómetros para acabar en algún restaurante o acuario, eso sí, a un precio diez veces mayor que el original.

Estados Unidos se une ahora a la demanda del teripang ya que, según estudios científicos, el pepino de mar tiene propiedades para combatir el cáncer.

Unos 120 millones de personas que habitan las aguas del Triangulo del Coral, la región marítima con mayor biodiversidad del mundo

La utilización del compresor es otra de las técnicas utilizadas por los bajao. Solo hace falta un motor que comprime oxígeno y un tubo largo que lo conduce para poder bucear y recoger todo lo que se ponga en frente del pescador. Mousahir Antun es un entusiasta del compresor, aun sabiendo las consecuencias que puede acarrear (al no hacer descompresión suelen tener problemas en los pulmones y en el peor de los casos puede causar la muerte). Pero se le achispan los ojos cuando muestra las ostras. "Hoy he recogido estas otras con la ayuda del compresor, siempre lo hago, y así puedo bajar hasta donde quiera. Calculo que habré recogido ostras por valor de unos 10 dólares".

Los gobiernos que delimitan el Triangulo del Coral son conscientes de la dimensión del problema. Indonesia, Malasia, Papua Nueva Guinea, Filipinas, Islas Salomón y Timor del Este firmaron una declaración en el marco de la Conferencia Mundial de Océanos en Manado, en Célebes. Se han comprometido a asegurar los arrecifes, el coral, la pesca y la soberanía alimentaria en la zona. Con ello queda regulada la pesca y el cuidado de la biodiversidad y se han puesto en marcha programas para garantizar la sostenibilidad alimentaria de los 126 millones de personas que habitan en la zona. En este acuerdo no se menciona a los pescadores de pequeña escala a pesar de que producen el 95% de la pesca industrial y juegan un rol fundamental en el manejo y almacenamiento de peces.

Indonesia es el mayor exportador de pescado del sudeste asiático y los bajao y otros habitantes de estas aguas también tienen su parte de responsabilidad. El WWF ha puesto en marcha varios programas de concienciación. En la escuela de Kabalutan, el maestro explica a los niños y niñas bajao la importancia del respeto de la vida marina y las buenas conductas de pesca. Si las nuevas generaciones están realmente aprendiendo la lección, el tiempo lo dirá.

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