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PLANTANDO CARA AL SIDA (1)

Tsholotsho, en nombre de todos

Durante los próximos cinco meses, cinco historias a través de la cuales Planeta Futuro y MSF explican cómo los nuevos programas de tratamiento de VIH transforman la vida diaria de miles personas seropositivas en distintos lugares de Zimbabue

Varaidzo Chipunza y su esposo Antony Chivanga tienen VIH desde hace tres años. Desde que MSF introdujo el CAG, dicen que su vida es un poco más fácil. Ampliar foto
Varaidzo Chipunza y su esposo Antony Chivanga tienen VIH desde hace tres años. Desde que MSF introdujo el CAG, dicen que su vida es un poco más fácil. MSF

Seis vecinos del mismo pueblo, todos VIH-positivos y en tratamiento (TAR), se unen para ir a recoger sus medicamentos por turnos: cada mes, uno de ellos va al hospital en nombre de todos. Esta es la idea central de los Grupos Comunitarios de TAR (CAG por sus siglas en inglés), una iniciativa simple y barata que beneficia tanto a los miembros del grupo como a las estructuras de salud, y que Médicos Sin Fronteras (MSF) puso en práctica en 2013 en el distrito de Tsholotsho.

Sehlelo Ndlovu, de 41 años, es miembro del CAG Lindani. Empezó a tomar antirretrovirales (ARV) en 2009, tras la muerte de su marido. "Creo que mi salud empeoró por el estrés de su pérdida, él era el sostén de la familia". Gracias al CAG, ha conseguido sobrellevar mejor la enfermedad: "Cada uno dentro del grupo tiene un papel, les hacemos seguimiento para comprobar que toman sus medicinas de manera correcta, contamos los comprimidos de cada miembro cada mes y apuntamos lo que discutimos en el grupo. Lo que siempre me había parecido muy difícil se ha convertido en algo fácil gracias al grupo", afirma.

El objetivo de los CAG es mejorar la adherencia al tratamiento (es decir, comprobar que efectivamente lo siguen sin problemas) de los pacientes, reduciendo el número de visitas al centro de salud o al hospital para recoger su medicación. Evitar interrupciones o abandonos del tratamiento es uno de los principales retos en los países más afectados por la pandemia. Un estudio reciente de los programas en África subsahariana concluye que, de media, casi un tercio de los pacientes abandonan el tratamiento, dentro de los dos primeros años de terapia antirretroviral. Y por eso hay que buscar alternativas que funcionen.

Detrás de la interrupción o el abandono del tratamiento antirretroviral puede haber muchas razones. Según el equipo de MSF en Tsholotsho, entre las más comunes están la falta de medios para viajar desde la comunidad a los centros de salud, y la incompatibilidad de desplazarse debido a responsabilidades laborales o compromisos familiares. Una vez en el centro de salud, los pacientes deben hacer frente a largas horas de espera y, a veces, a falta de apoyo o discriminación.

“Esta iniciativa fue diseñada conjuntamente con los pacientes y como respuesta a las barreras que ellos mismos nos contaban que tenían para poder seguir en tratamiento. Por eso estamos convencidos de que se trata de un buen modelo alternativo para poder dar los ARV a aquellos pacientes que se encuentran estables", explica Susana Villén, coordinadora médica de MSF en Zimbabue. Las mujeres embarazadas, los niños y los pacientes con tuberculosis u otras enfermedades oportunistas no pueden formar parte de los CAG, porque necesitan un seguimiento médico más exhaustivo.

Sipera Rural Hospital, en Tsholotsho, Zimbabwe. En esta clínica, MSF y las autoridades sanitarias locales ofrecen tratamiento a más de mil pacientes. ampliar foto
Sipera Rural Hospital, en Tsholotsho, Zimbabwe. En esta clínica, MSF y las autoridades sanitarias locales ofrecen tratamiento a más de mil pacientes. MSF

En 2013, los CAG se pusieron en marcha en tres centros de salud en Tsholotsho: Nkunzi, Sipepa y Pumula. Se escogieron esas localidades porque había muchas personas en tratamiento ARV que vivían lejos y debían viajar hasta allí para recoger sus medicamentos. Con un transporte público deficiente y demasiado caro para la mayoría, la mejor opción era ayudarles a que pudieran evitar esos desplazamientos innecesarios. En total se inscribieron 720 personas que formaron 121 grupos. MSF se encargó de formar a los miembros de los CAG y de hacer de puente con los centros de salud.

¿Cómo funcionan los CAG?

Cada mes, antes de la visita a la clínica, se organiza una reunión del grupo en la comunidad. El representante del grupo modera la reunión y cuenta los medicamentos de cada miembro (revisión de adherencia). Cualquier síntoma nuevo, problema de adherencia o intención de interrumpir el tratamiento es discutido y documentado.

El representante cambia cada mes y su elección sigue varios criterios. En primer lugar, siempre se intenta escoger a alguien que tenga que ir a la clínica por otros motivos: un paciente que no se encuentre bien, que necesite hacerse la prueba del recuento de linfocitos CD4 (para saber la resistencia que tienes al virus) o que tenga que ir a controlar su peso. Si nadie cumple estos requisitos, se escoge a otra persona según un calendario previamente acordado. Todos los miembros del grupo entregan su “libro de paciente” al representante.

En la clínica, el representante pasa consulta primero en su propio nombre. Después, se reúne con el personal sanitario que le receta los ARV y medicamentos profilácticos necesarios para todo el grupo. Se actualizan los “libros de pacientes” y se empaquetan los medicamentos, con el nombre del paciente pare evitar errores en su distribución. El representante vuelve a la comunidad y entrega los medicamentos a cada miembro, devuelve el “libro de paciente” y si es necesario, les dice que vayan al centro de salud para seguimiento.

"Para que los CAG funcionen es imprescindible contar con la participación del personal del centro de salud", explica Villén, quien añade: "Es importante explicar muy bien cómo funcionan estos grupos. Para el centro de salud también es una ventaja. En vez de atender a seis personas, solo atienden a una. Lo que intentamos es que la persona a cargo de entregar la medicación, la tenga preparada de antemano. Así, la consulta es más breve y descongestionamos los centros de salud, que ya de por sí están muy sobrecargados".

A pesar de los grandes avances de los últimos años, Zimbabue sigue siendo uno de los países más castigados por el VIH/sida del mundo, con cerca de un 15% de su población adulta infectada por el virus; 1,3 millones de personas. Según el Ministerio de Salud del país, el 72% de los adultos y el 43% de los niños que necesitaba tratamiento ARV, lo recibía en 2012. Es un avance, pero eso significa que aún hay un 28 y un 57% respectivamente que lo necesitan y no lo reciben. Y para esas personas eso es lo mismo que si les condenaras a muerte.

"Para que el sistema de salud sea sostenible y pueda funcionar a largo plazo en países como Zimbabue, es necesario establecer modelos en los que la atención clínica de los pacientes sea atendida por personal sanitario cualificado. Mientras, tareas como la dispensación de medicamentos deben ser asumidas por personal con menor cualificación o personal no médico", explica Luis Encinas, responsable de proyectos de MSF en Zimbabue. "En el segundo de los casos, los pacientes asumen un papel mucho más activo en el manejo de los aspectos físicos, sociales y psicosociales de su propia salud".

Clorence Masango, 48 años, está casado y tiene siete hijos, todos VIH-negativos. "Vivo a 18 kilómetros de Pumula, pero siento que la distancia se ha acortado al unirme al CAG Damulocingo", explica. "El grupo nos ha ayudado mucho. Ya no perdemos todo el día en el hospital. Los miembros del CAG son fácilmente identificados y atendidos en menos de dos horas. Es una gran mejora, porque antes solíamos estar más de seis horas en el hospital. Gracias a los CAG tenemos menos dificultades para poder mantener nuestro trabajo o poder atender a nuestras familias. Siento que ahora vivo con menos preocupaciones y afronto las cosas de una manera mucho más positiva. Podría decir que mi grupo me ha ayudado a conseguir obtener la felicidad que ahora mismo necesito para seguir adelante. Y lo mejor es que he aprendido el valor que tiene el poder ayudar a otras personas que están en tu misma situación. Ayudar a los demás me llena de optimismo".

Embarazadas y madres con sus maridos y bebés reciben VCT (consejo voluntario y tratamiento) bajo la fresca sombra de un árbol en el hospital rural de Tsholotsho. ampliar foto
Embarazadas y madres con sus maridos y bebés reciben VCT (consejo voluntario y tratamiento) bajo la fresca sombra de un árbol en el hospital rural de Tsholotsho. MSF

Desde finales del año pasado, MSF está traspasando paulatinamente sus actividades en Tsholotsho al Ministerio de Salud de Zimbabue. Dentro de este proceso, los CAG funcionan ya desde principios de año sin el apoyo de la organización. "Es muy iniciativa muy sostenible. Sabemos que muchas personas han formado nuevos CAG, porque ven rápidamente sus ventajas", explica Susana.

Plantando cara al virus es una serie de cinco historias a través de la cual Planeta futuro y MSF pretenden explicar cómo los programas de VIH han cambiado la vida diaria de miles personas seropositivas en Zimbabue. MSF lleva años trabajando en programas integrales de VIH y TB, con un enfoque comunitario. El trabajo se basa en pilares como: la simplificación del tratamiento, una nueva redistribución de la atención al VIH entre personal sanitario y no sanitario, la integración de la atención en los servicios rutinarios de salud y la descentralización a la zona rural.

En Tsholotsho, MSF implementa desde hace nueve años un proyecto de VIH y TB. Dados los buenos resultados, la organización dejará el distrito en los próximos meses, aunque seguirá tratando VIH y TB en otras localidades del país.

Durante los próximos cinco meses, a razón de un artículo cada mes, Planeta Futuro y MSF plantan cara al VIH.