Repartir la riqueza
Tengo el convencimiento de que la corrupción es inherente al ser humano y no exclusivo de un país o raza, por tanto, propongo contratar, por cada cargo político, directivo de empresa o cualquier cargo con influencia, a un detective-controlador que vigile la ética de sus movimientos.
A su vez, contratar, por cada detective-controlador, a otro que también vigile a este último, pero, claro, alguien tendrá que vigilar al último vigilante… y así, no sólo acabaríamos con el problema del paro, sino que, además, dado que el dinero de la corrupción no se quedaría en cuatro bolsillos y se repartiría por todos los bolsillos de vigilantes y vigilados, la redistribución de la riqueza (el dinero de todos, en resumen) sería mucho más justa, con las consecuencias positivas para la economía de cualquier país.
¡Ah! Si la idea cuaja, quiero la comisión que me corresponde.— Josep M. Corbera Claveria.


























































