Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista a Emilio Pérsico

“La agricultura familiar y la de mercado tienen que convivir”

El subsecretario de Agricultura Familiar de Argentina intenta aplicar políticas a favor de los pequeños productores para retener población en el campo

Emilio Pérsico, Subsecretario de Agricultura Familiar. Ampliar foto
Emilio Pérsico, Subsecretario de Agricultura Familiar.

En los Gobiernos de los Kirchner a veces un subsecretario de Estado tiene más peso que un ministro. Es el caso de Emilio Pérsico, subsecretario de Agricultura Familiar de Argentina y líder del Movimiento Evita, una de las bases principales del kirchnerismo. En el año mundial de la agricultura familiar, Pérsico, que asumió el cargo en 2012, intenta aplicar políticas a favor de los pequeños productores para retener población en el campo. Es decir, está del lado de los que no protestaron contra el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en el conflicto agrario de 2008, pero considera que es necesario convivir con los medianos y grandes agricultores opuestos al kirchnerismo y que hacen del país una potencia exportadora.

Pregunta. ¿Cómo están los campesinos en Argentina?

Respuesta. El concepto de campesino es más cultural que económico-territorial. En Latinoamérica se ha desarrollado mucho. En Argentina no. Está la definición de pequeño productor, pero es vaga porque hay compañeros que tienen diez hectáreas pero con un nivel productivo que las transforman en empresas importantes. Para mí, el agricultor familiar es el que no está integrado en la agricultura de mercado, la que pone a la productividad como elemento central.

P. ¿Y cuántos hay en Argentina?

R. Hay una tercera invasión de la tierra. La primera fue la colonización (española). La segunda fue la invasión de la oligarquía. Le llamaron la Conquista del Desierto (1878-1885). La tercera es la conquista del mercado. Es un fenómeno mundial, pero en Argentina se dio con una furia muy importante en los años noventa. Después del huracán neoliberal, quedaron unos 250.000 productores de la agricultura familiar y unos 100.000 de la de mercado.

P. ¿Y cuánto poseen de tierra?

R. Los 250.000, apenas el 17%.

P. Brasil ha hecho su reforma agraria, lenta, pero la ha hecho, ¿y Argentina?

R. Brasil repartió 10 millones de hectáreas a un millón de productores. Si nosotros hubiésemos hecho lo de Brasil, hoy tendríamos cinco millones de compañeros viviendo en el campo y muchos de los problemas que tenemos en la ciudad, como la inseguridad, serían menores.

P. ¿Pero cree que en Argentina debería haber una reforma agraria?

R. No sé. Hay un tabú en Argentina con las palabras reforma agraria. Yo creo que esa pelea es de los años setenta u ochenta. Hoy la pelea es construir otro modelo productivo, que incluye la tierra pero también muchas otras cosas más. Si no, no se diferencia una agricultura de la otra.

P. Lo que usted llama la tercera inversión continuó en 11 años de kirchnerismo.

R. Habría que verlo. Los gobiernos populares no logramos tanto en el yrigoyenismo (1916-1922 y 1928-1930) y en el peronismo (1946-1955) como en el kirchnerismo (desde 2003) evitar la profundización de la urbanización de Argentina. Nunca nos dejaron desarrollar el segundo volumen de nuestro proyecto, que es el desarrollo estable de Argentina con la transformación estructural del campo como elemento central. Es la etapa que viene de lo que hemos logrado hasta acá. Hoy Argentina tiene apenas el 8% o 10% de la población viviendo en el campo, y nos llamamos un país agropecuario.

P. ¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta la agricultura familiar en Argentina?

Hoy Argentina tiene apenas el 8% o 10% de la población viviendo en el campo, y nos llamamos un país agropecuario

R. Primero, que entendamos la potencialidad del sector. El Estado tiene que promover la inversión para que este sector se desarrolle. Ésta es la gran disputa que es necesario encarar en Argentina. Yo miro cómo Europa defendió al pequeño productor y creo que eso es en gran parte lo que tenemos que hacer nosotros. El otro día veía las categorías que hacía Europa para la defensa del pollo de campo: el productor no podía tener más de tantos animales, tiene que salir a pastorear tantas horas del día. A eso se llama pollo de campo y la sociedad europea lo defiende como un bien cultural. No puede ser que las empresas lácteas de primera línea puedan decir que venden un queso de campo. Tenemos que decir que el queso de campo se tiene que madurar sin una cámara frigorífica. Éste es un lugar en el que la agricultura familiar puede competir en el mercado. El otro lugar es en el abastecimiento local. Europa lo ha hecho bastante también. Hoy en día, el 80% de la leche argentina está concentrada en dos empresas. El promedio del recorrido de la leche en nuestro país es de 1.100 kilómetros. Antes teníamos una usina láctea que abastecía a cada pueblo. Eso lo destruimos en los 90. Hay que reconstruirlo. Es un proceso difícil, largo.

P. ¿La política agrícola europea le parece un modelo?

R. No. Digo que hay cosas muy buenas que se han hecho. ¿Por qué? Porque son países que tienen una densidad de población agraria mucho mayor a nosotros. Yo soy un productor, pero también milité mucho en los movimientos de desocupados (parados) y digo que los pibes que no trabajan ni estudian en las villas (barrios de chabolas) del conurbano (periferia) bonaerense, los ni ni, son hijos de una campesina de Santiago del Estero (provincia del noroeste de Argentina).

P. ¿La agricultura de mercado puede convivir con la familiar?

R. Tienen que convivir. Si no, ni Argentina ni el resto del mundo van a ser estables. Nosotros tenemos una mesa de diálogo para la que hemos pedido ayuda a la Iglesia y a la que hemos sentado a las organizaciones campesinas y a las más importantes de la soja y los agronegocios.

P. ¿Cuántas veces se reunieron?

R. Muchas. Viene muy bien. La hemos llevado al territorio a ver explotaciones campesinas en Santiago del Estero. Y un compañero de una de las organizaciones (de agronegocios) más importantes dijo: “Yo esto no lo quiero destruir porque hace a mí país”.

P. El 70% de los alimentos que consumen los latinoamericanos proviene de la agricultura familiar. ¿En Argentina?

R. Mucho menos.

P. ¿Por qué?

R. Porque la ocupación del neoliberalismo fue más salvaje.

Hay un tabú en Argentina con las palabras 'reforma agraria'

P. ¿Qué está haciendo su subsecretaría?

R. Primero, comprender el sistema y empezar a tener una política de Estado para cada uno de los sectores: yerba mate, caña de azúcar, cabras, ovejas, vacas, pesca…

P. ¿Por dónde empezó?

R. Por el resguardo de la producción artesanal, del valor cultural y el desarrollo del abastecimiento local. Una de las políticas que estamos desarrollando son los municipios sustentables; que los municipios puedan autoabastecerse de cuatro productos: huevos, leche, carne de animales menores, es decir, cerdo y pollo, y hortalizas. Eso significaría desarrollar cordones verdes alrededor de los pueblos y muchísima mano de obra para que los recursos queden en el pueblo.

P. ¿Pero está en marcha?

R. Sí. Venado Tuerto va a ser el primer pueblo que tenga los cuatro productos.

P. Justo en el corazón de la zona sojera…

R. Lo elegimos a propósito. La idea es que también en ese lugar es necesaria la agricultura familiar, que no es un problema solo de las zonas marginales.

P. Brasil obliga a las escuelas a abastecer de alimentos de la agricultura familiar. ¿Argentina no lo puede hacer?

R. Hay una diferencia: Brasil tiene un porcentaje de población campesina que le permite tener una producción alta. Si nosotros hiciéramos lo mismo, no podríamos abastecer a las escuelas.

P. Los campesinos dicen que solo el 5% del presupuesto del Ministerio de Agricultura va a la familiar...

R. Puede ser. En la mesa diálogo con los sectores sojeros hemos dicho muchas veces que ellos pongan un 2% más de retenciones (impuesto a la exportación, que en el caso de la soja es de 35%), que el Estado ponga otro 2% de lo que recauda por retenciones y con eso aseguramos el desarrollo del sector. Serían más de 2.000 millones de pesos (176 millones de euros) anuales.

P. Hablemos del Movimiento Evita…

R. Para hablar de eso, hagamos otra entrevista. No me gusta mezclar mi función. El Estado no puede ser un botín.

P. Pero cuéntele a los lectores qué es el Movimiento Evita.

R. Empezó como una pequeña organización de desocupados y hoy es un movimiento complejo. Es parte del Frente para la Victoria (kirchnerismo).

P. ¿Es de las agrupaciones kirchneristas más numerosas?

R. Somos muchos.

Los que dicen el Papa es comunista no lo habrán leído. (Al Tea Party) Les cuesta entender al peronismo. Francisco es un peronista.

P. A diferencia de otras ramas del kirchnerismo más de clase media, ¿ustedes están más presentes en los barrios obreros?

R. Hay de todo. Hoy tenemos un montón de economistas. El Movimiento Evita tiene el compromiso de que en la etapa que viene hay que generar trabajo genuino para todos. Pero esto es para otra entrevista. Y otro día hablamos de los Misioneros de Francisco.

P. ¿Pero el Movimiento Evita presentará candidato a presidente en las primarias presidenciales de 2015? Se dice que sería el exministro de Relaciones Exteriores Jorge Taiana.

R. Hay que preguntarle a Taiana.

P. ¿Y qué son los Misioneros de Francisco?

R. A (Jorge) Bergoglio lo conocí cuando estábamos con el conflicto de los cartoneros (recolectores informales de residuos). Tenemos un acuerdo importante con él, que es el mismo que tiene Cristina (Fernández), sobre la caracterización de este nuevo capitalismo y la necesidad de construir un modelo alternativo, de construir justicia social con los sectores que quedaron marginados.Y ahora he charlado con él para que en cada barrio popular haya una capilla. Es lo que hacemos los Misioneros de Francisco.

P. La derecha norteamericana ha acusado al Papa de comunista.

R. No lo habrán leído. Les cuesta entender al peronismo. Francisco es un peronista. Es muy difícil para los occidentales entender al peronismo, como también les cuesta entender el mundo árabe.