Anna Wintour consuma su poder absoluto

‘Vogue US' bate récords y el Met pone su nombre al Instituto del Traje Su fuerza en la moda tiene más de negocio que de estética Como un emperador romano salva o hunde a los diseñadores

Anna Wintour, en una imagen de septiembre de 2013.
Anna Wintour, en una imagen de septiembre de 2013.CORDON PRESS

Los diez millones de dólares de Lizzie y Jonathan Tisch, no han sido suficientes. Por encima de su generosa donación para las obras de renovación del Costume Institute del Museo Metropolitan de Nueva York, planea la sombra de la mujer que casi nunca se quita las gafas de sol, la británica Anna Wintour que lleva 25 años a la cabeza de la edición americana de Vogue, coronada como abeja reina en el proceloso mundo de la moda. Tal y como anunció el director del museo Thomas Campbell esta semana las nuevas instalaciones se llamarán The Anna Wintour Costume Center y albergarán una biblioteca especializada, un laboratorio de conservación, oficinas de investigación y un área expositiva, la galería, que esta vez sí, llevará el nombre de los Tisch.

Daniel Brodsky chairman del museo elogió “la extraordinaria defensa y recaudación de fondos” que ha acometido Wintour y que ha logrado convertir este proyecto en una realidad. La institución estima que el esfuerzo se ha traducido en aproximadamente 125 millones de dólares, que Wintour, patrona desde 1999, ha logrado levantar de unos y otros, como por ejemplo, un millón de su jefe, el propietario de Condé Nast , Samuel I Newhouse. Sus esfuerzos para levantar fondos también han tenido en otras ocasiones fines políticos, y Wintour no ha escatimado esfuerzos en organizar actos a favor de Obama y Clinton. Su apoyo en la última campaña fue ampliamente comentado y en vista de los resultados se especuló con la posibilidad de que le ofrecieran el puesto de embajadora. Da igual si la oferta realmente existió, lo cierto es que aquello dicen que sirvió para que ascendiera un escalón más dentro de Condé Nast, en el que ocupa el puesto de directora artística desde el pasado marzo, supervisando el conjunto de publicaciones, algo que ha multiplicado su poder y ha aumentado más aún la suspicacia y los rumores en torno a su tiránico estilo de mando.

Así que si la mítica y excéntrica Diana Vreeland remozó e inventó el Costume Institute en los años setenta tras abandonar la dirección de Vogue, su sucesora Wintour no ha tenido que dejar la revista para plantar su pica al este de Central Park. El 8 de mayo se inaugurará el nuevo centro con una exposición dedicada al diseñador Charles James, el mismo que cortó la respiración a las millonarias americanas con sus estrechos talles. Wintour ocupa el número 41 entre las mujeres más poderosas del mundo según la revista Forbes, pero este puesto no hace justicia a la influencia de esta británica de 64 años cuya aura misteriosa y fría solo ha engrandecido su mito. Gracias a la novela El diablo se viste de Prada, más adelante convertida en una película, y el documental September issue de 2009 esta editora que entendió la importancia comercial de llevar famosas a la portada, ha acabado por convertirse en una de ellas. Su sello o marca pasa por esa media melena con flequillo, peinado por el que apostó a los 15 años y que demuestra, aunque sea superficialmente su determinación.

Hija de un editor del Evening Standard, Charles Wintour (conocido como Chilly Wintour, o frío Wintour) y con familiares estadounidenses por el lado materno, uno de los hermanos de Anna, Patrick es editor de política en The Guardian. Y si la vena periodística es cosa de familia, su apuesta por la moda fue también algo que inspiró su padre. La editora ha confesado que fue él quien le consiguió un puesto de vendedora en la mítica boutique londinense Biba antes de arrancar su carrera en 1970.

Como un emperador romano su pulgar puedo salvar o hundir la carrera de un joven diseñador o de alguien consagrado. Su influencia y fuerza a la hora de sacar adelante la industria de la moda en EE UU va más allá de la estética y tiene mucho que ver con el negocio. Las críticas a su poder no han faltado, en 2008 mientras arreciaba la crisis se habló de su falta de contacto con la realidad e irrelevancia. Un reportaje sobre la mujer de El Asad cuando estalló la guerra de Siria volvió a ponerla en la diana. Pero Wintour, que nunca pasa más de 20 minutos en una fiesta ni se acuesta más tarde de las 22.15, salió a defenderse y reforzó su marca. En el último trimestre las ventas de Vogue US crecieron más que en los últimos cinco años, la circulación de la revista se estima en 11,4 millones de ejemplares. Wintour reina como nunca.

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