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El lado menos brillante de la vida de Erin Brockovich

Salen a la luz los líos de la heroína inmortalizada por Julia Roberts

Erin Brockovich, durante una manifestación en 2011. Ampliar foto
Erin Brockovich, durante una manifestación en 2011.

La verdadera Erin Brockovich hace aguas. En poco más de una década, ha pasado de ser el retrato de la rectitud, luchando a favor de los consumidores e inmortalizada en Hollywood por Julia Roberts, al retrato de una mujer ebria y con el mal aspecto típico de la ficha de la policía. Es la foto que la semana pasada dio la vuelta al mundo, 13 años después de que la protagonista de su historia en el cine consiguiera el Oscar a la mejor actriz. Brockovich fue arrestada por conducir un bote con unas cuantas copas de más.

El incidente se resume en que la defensora del consumidor más famosa del mundo intentaba hacer una maniobra con el bote a pesar de tener el doble del nivel de alcohol permitido en el muelle del lago Mead, cerca de Las Vegas. La policía acudió advertida por un encargado del parque, que escuchó una fuerte discusión entre Brockovich y su marido, y vio cómo un teléfono móvil salía por la borda. “Nunca me alejé del muelle y no puse a nadie en peligro”, se disculpó ella en un comunicado. Fue liberada tras pagar una fianza de 750 euros, pero aún tiene pendiente una cita con el juez el próximo 7 de octubre.

A sus 52 años, Brockovich es recordada como la mujer hecha a sí misma que pasó de dependienta divorciada en dos ocasiones y madre de tres niños, a una de las litigadoras más populares en EE UU, capaz de ganar la denuncia colectiva contra la compañía Pacific Gas & Electric por contaminar el agua del pueblo de Hinkley. En su lucha consiguió 250 millones de euros para los demandantes, la mayor compensación económica concedida hasta la fecha, y un bono personal de 1,5 millones.

El retrato de la ficha policial de Erin Brockovich, tras ser detenida.
El retrato de la ficha policial de Erin Brockovich, tras ser detenida. AP

Sin embargo, un reguero de críticas se extiende tras su supuesto éxito profesional. Apagado el brillo de Hollywood, la lucha continúa y lejos del retrato victorioso con el que concluye la cinta permanecen los ataques cruzados entre aquellos que aseguran que la incidencia de cáncer en Hinkley no es superior a la de otras localidades y los seguidores de Brockovich, que apoyan la teoría refrendada en los tribunales de que la contaminación ambiental que generó la compañía contribuyó al envenenamiento paulatino de esta comunidad californiana.

Otras de sus demandas sufren los mismos ataques, como esa en la que Brockovich culpó a unos pozos petrolíferos en Beverly Hills de causar un escape de bencina que podría ser la causa de ciertos tumores que afectan a los habitantes de la zona. Un estudio rival asegura que no existen pruebas del escape y acusa a Brockovich de difundir alegatos similares desde 1997 sin pruebas.

A todo esto hay que sumarle la aparente crisis de su matrimonio, demostrada por la agitada disputa del barco y por una solicitud de divorcio que Brockovich presentó en 2012 y retiró poco después.