Ir al contenido
_
_
_
_
Cartas al director

Una España de peineta y mantilla

Ya son muchos los que se van; algunos, extranjeros, y también, otra vez, españoles. No obstante, ahora es distinto que en los años cincuenta, sesenta y setenta; entonces, la mayoría de ellos eran trabajadores manuales que, con muchos sacrificios, dejaban su país y sus familias para buscarse un trabajo que aquí no encontraban y, por cierto, muchos de ellos sin contrato alguno, al albur, por la llamada de algún conocido que ya trabajaba en Alemania, Suiza o Francia. Lo mismo que ha ocurrido con los sudamericanos, centroeuropeos y magrebíes que vinieron a España y que han sido maltratados en el trabajo, por los desahucios, la exclusión de la sanidad y los prejuicios de muchos ciudadanos nativos, algunos de los cuales habrá sido emigrante o hijo de emigrantes españoles. Volvemos pues, 50 años atrás: los “nuestros” marchan a buscar un empleo digno que aquí no encuentran; o, si lo encuentran, está mal pagado y mal considerado. Y muchos de ellos son universitarios, licenciados y doctores, cuya formación ha costado mucho dinero público y ahora derrochamos obligándoles a emigrar.

Es triste, pero cierto: son españoles que no querrán volver a su país porque están hartos de tanta arbitrariedad e incompetencia de los que nos gobiernan. Hartos, también, de la corrupción apenas castigada, del nepotismo de las clases dirigentes, de pagar impuestos que no pagan quienes tienen salarios inimaginables para ellos, de soportar sobre sus hombros la carga de una crisis que ellos no han causado, de empresarios turbios que esconden su dinero en paraísos fiscales, de tanta sentencia judicial incomprensible, de tanto neoliberalismo, de tanta intransigencia ultracatólica y, en fin, de una España que ha vuelto a la pandereta, la peineta y la mantilla.— Ángel Villegas.

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_