La universidad de Maastricht obligará a cursar una asignatura para combatir el acoso sexual

El campus holandés adopta la medida tras realizar un sondeo interno en el que el 47% del alumnado reportó al menos un incidente relacionado con el sexo

Un grupo de jóvenes en un bar de Amsterdam en junio de 2021.
Un grupo de jóvenes en un bar de Amsterdam en junio de 2021.PAUL BERGEN (EFE)

La universidad holandesa de Maastricht quiere combatir el acoso y la conducta sexual inapropiada en su seno, y el próximo curso académico habrá una nueva asignatura obligatoria dedicada a ello en los programas de primer año de carrera. El centro, uno de los más populares de Países Bajos, suma unos 8.000 nuevos estudiantes anuales, y la medida es inédita a escala nacional. El anuncio de “las clases sobre MeeToo”, como ya son llamadas coloquialmente, se produce después de que un sondeo interno efectuado entre 2020 y 2021 mostrase que un 46,9% del alumnado había reportado al menos un incidente de violencia sexual ―en un 9,8% de los casos hubo violación― durante sus estudios.

La asignatura obligatoria se está perfilando en estos momentos, y puede consistir en un seminario, o bien un taller de varias sesiones, organizado durante la semana de presentación de las clases. “Estamos ante un problema que no es privativo de la Universidad de Maastricht, pero queríamos disponer de cifras concretas para poder tomar cartas en el asunto”, dice Koen Agustijn, su portavoz. Según la encuesta, a la que contestaron 2.474 alumnos autóctonos e internacionales, los comportamientos sexuales inadecuados se produjeron sobre todo en las casas de estudiantes. También pasó en los restaurantes, bares o clubes que frecuentan. “Un 86,7% de los preguntados dijeron que el causante de la violencia sexual fue un varón, y un 8,1% señalaron a una mujer”. Según Agustijn, la mayor parte de los incidentes tienen lugar fuera de las instalaciones universitarias, “pero los inscritos pasan largas horas en locales académicos, y es importante crear un entorno seguro y que sepan a quién acudir para contar lo ocurrido”.

A la periodista y escritora Milou Deelen, de 27 años, le parece que la iniciativa de Maastricht es una buena forma de abrir un diálogo entre los estudiantes, “porque las cifras de acoso sexual y violación que hemos visto son muy altas, y hay que hacer algo para cambiar las cosas”, asegura en conversación telefónica. Ella fue injuriada durante sus estudios por sus propios compañeros, y en 2017, cuando tenía 21 años, removió conciencias con su denuncia de la misoginia de Vindicat, una asociación de estudiantes de la universidad de Groningen (al norte del país), de la que formaba parte. Las nuevas clases obligatorias harán hincapié en la prevención y subrayarán la importancia de reportar este tipo de incidentes a las personas de apoyo designadas por el propio rectorado, “y esa parte no será fácil”, apunta. “A muchos les avergüenza lo ocurrido, o bien ignoran la existencia de esa figura. Cuando yo estudiaba, no solía hablarse de acoso sexual, o bien se restaba importancia cuando afloraba, y el consumo de alcohol en esa etapa es relevante. No me refiero a una violación, por supuesto. Por eso espero que el proyecto de Maastricht vaya más allá de unas clases introductorias”.

En 2021, Amnistía Internacional (AI) presentó su propia encuesta sobre abusos sexuales en el mundo académico holandés en su conjunto. Efectuada sobre una muestra de 1.059 alumnos, indicaba que un 11% de las estudiantes “habían sido violadas en Países Bajos durante sus estudios; lo mismo ocurrió con el 1% de los varones”. Un 67% tuvieron después problemas psicológicos, físicos o de relación social, y solo un 3% explicó su caso a la figura de confianza. La ONG concluyó que “la violación es un gran problema en este entorno, y es preciso crear una cultura del consentimiento donde solo sí sea sí”. Ese mismo año, publicó un manifiesto para que los centros de educación superior asumieran sus responsabilidades, titulado Let´s talk about yes (Hablemos del sí, en español). La Universidad de Maastricht fue una de las primeras en firmarlo, y Milou Deelen considera “muy importante crear una atmósfera donde los alumnos puedan hablar entre ellos, y se subraye que hay comportamientos intolerables”.

Hay aún otro estudio, publicado en abril de 2022. A cargo esta vez de la mayor organización estudiantil (ISO, en sus siglas neerlandesas), señala que un 20% de los alumnos ha sido víctima de un episodio donde ha peligrado su seguridad, ya sea por culpa de discriminación, vejaciones, chantaje o bien acoso sexual. Un 64% no informó acerca de los hechos debido a que, en su mayoría (un 84%) asumieron que lo sucedido no era lo bastante grave. En un 9% de los casos, el comportamiento inapropiado fue de tinte sexual, incluida la violación. Estas cifras son de carácter nacional y están basadas en un sondeo efectuado entre 7.650 alumnos de universidades y politécnicas. ISO representa los intereses de cerca de 800.000 matriculados en la educación superior, y el trabajo recoge, de forma anónima, relatos como este: “Tenía una cita con mi tutor que se retrasó, y propuso hablar mientras tomábamos algo. Una vez en el bar del restaurante, me tocó el trasero. Enfadada, le pregunté qué se había creído. Él reaccionó como si fuese algo normal”. O bien este otro: “Estudio Fisioterapia y algunas prácticas se hacen en ropa interior en clase. No es un problema, pero a veces, cuando hago ejercicios de piernas, me dicen que si me comporto así en la cama, o que les gustaría verme en acción”.

Ambientes seguros

Terri van der Velden, portavoz de ISO, señala que no se había prestado atención al problema de lo que denomina “inseguridad social” a escala universitaria, “y es posible que otros centros sigan la evolución de Maastricht para luego implantar algo similar si funciona el proyecto de sus clases obligatorias”. Confirma que “los que no denuncian episodios de acoso sexual pueden creer que no es lo bastante importante”, y en algunas ocasiones, el causante puede ser también “un superior jerárquico”. De ahí que la organización abogue por “elaborar una guía amplia aplicable a todo el país, que no olvide en su relación de supuestos la discriminación o el bullying”. También señala como beneficiosa la posibilidad de crear “un centro fuera del ámbito de la universidad, al que todos los estudiantes puedan acudir para reportar estos problemas en igualdad de derechos”.

El anuncio desde Maastricht ha coincidido con la presentación del plan del Gobierno holandés destinado a crear un ambiente seguro a escala nacional. Según la Oficina Central de Estadística, 1,8 millones de personas mayores de 16 años ―de 17,8 millones de habitantes― padecieron en 2022 violencia sexual física, o bien fueron hostigadas con esa intención por Internet. Un 52% eran mujeres entre 18 y 24 años. Por otra parte, entre enero y mayo de 2022, el personal y los alumnos de 46 universidades e institutos de investigación de 15 países europeos ―entre ellos España― participaron en un estudio sobre violencia de género en el mundo académico. Un 62% de los consultados admitieron haber sufrido al menos una forma de violencia sexual en el curso de sus estudios. Fue la mayor encuesta de su clase llevada a cabo en el Espacio Europeo de Investigación, que aglutina los recursos científicos de la UE.

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