La fiebre por abrir grados de Medicina: de 28 a 50 títulos en 15 años

Dos de cada tres jóvenes no logra entrar en la carrera. Las universidades pugnan por implantarla en medio de tensiones políticas y el escoramiento hacia la privada

Alumnos de Medicina participan en una clase de práctica en la Universitat Internacional de Catalunya, el pasado año.
Alumnos de Medicina participan en una clase de práctica en la Universitat Internacional de Catalunya, el pasado año.CRISTÓBAL CASTRO

Tener una facultad de Medicina es una ventaja que no desprecia ninguna universidad, por ser la carrera más ansiada por los estudiantes ―garantiza un alumnado brillante― y un evidente polo de atracción de fondos de investigación. En este contexto, mientras el Gobierno pretende invertir 50 millones de euros en crear 1.000 nuevas plazas del grado de Medicina ―van a faltar 9.000 doctores en cinco años, según los cálculos del Ministerio de Sanidad―, las comunidades, que disponen de las competencias, no dejan de aprobar la creación de nuevos grados. El Gobierno central solo puede actuar en la aprobación del plan de estudios.

El Ministerio de Sanidad explica que la inyección de 50 millones es solo para campus públicos y que se pretende así que no haya el déficit de profesionales previsto para 2027. “Porque [hay que decidir] si producimos o importamos [médicos], y este Gobierno quiere seguir apostando por el modelo de excelencia MIR [Médico Interno Residente]”, afirmó la ministra Carolina Darias el 4 de octubre, durante el anuncio del incremento de plazas.

En esta carrera por abrir grados, la universidad privada se ha hecho fortísima. En 15 años, según datos de la Conferencia de Decanos de Medicina, se ha pasado de tener 28 facultades (26 públicas y dos privadas) a 46 facultades (35 públicas y 11 privadas) y el próximo año, si nada se tuerce, se inaugurará el primer curso en una pública (Alicante) y tres privadas (Loyola en Sevilla, Camilo José Cela en Madrid y Fernando Pessoa en Canarias). Este crecimiento ha supuesto que el número de estudiantes haya aumentado en 15 años un 75%: de 4.343 a 7.591.

Formar a un médico en una aula pública cuesta de media, en una estimación a la baja, unos 90.000 euros en total ―las privadas suben esa cantidad hasta 126.000 euros ―, una cuantía tan alta que solo supera Veterinaria. Sin embargo, invertir en el grado sale a cuenta por prestigio y porque se dispara el número de solicitudes para ingresar en el campus. Solo un tercio de 20.000 bachilleres aspirantes logran entrar en el grado. Una minoría acaudalada se marcha a Europa del Este a cursar el grado en inglés. El furor es tal que, en la Universidad Alfonso X El Sabio de Madrid, si uno paga (el precio no aparece cuando se solicita información) y aprueba un “programa de acceso a Medicina” de un año, se tiene garantizada una plaza en primer curso (20.100 euros). En 22 campus públicos, sin embargo, pidieron en 2021 una nota de ingreso por encima del 13 sobre 14.

Hubo un momento en el que el incremento de facultades coincidió con el de nuevos hospitales. El mismo año en que Madrid inauguró seis hospitales (2008), el Gobierno regional del PP firmó convenios para crear cuatro nuevas facultades de Medicina. Un estudio encargado por el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso pone de manifiesto que en la región hay una sobreoferta de 12.000 plazas de acceso a grado en las universidades privadas, pero este desbarajuste de grados deficitarios se compensa porque hay muchas familias dispuestas a pagar miles de euros al año por una carrera sanitaria. En la capital cursaron Medicina 5.000 universitarios en cuatro universidades públicas el pasado año y 3.700 en cuatro privadas, pero la brecha va a menguar en meses.

Falta de plazas para los estudiantes

Mientras los rectores de la pública madrileña pasan un calvario para que sus alumnos hagan las prácticas en hospital por falta de plazas, en la esfera privada se están viviendo turbulencias. HM Hospitales tenía un acuerdo con la Universidad San Pablo CEU para las prácticas en sus clínicas ―quienes ya estaban en la carrera, seguirán en sus clínicas―, pero se ha aliado con la Camilo José Cela, hasta ahora muy volcada en las ciencias sociales, para construir una facultad de ciencias de la salud en dos campus en la periferia con una inversión de 40 millones de euros. HM no quiere conciertos, sino “liderar un proyecto”. Empezarán con 80 plazas, pero la intención es que sean 200.

“No es un tema de competir con la pública, sino de recibir alumnos que quieran una formación más personalizada”, auguró en la presentación del proyecto el doctor Juan Abarca, presidente de HM. “Nosotros cuidamos más al alumno, las públicas tienen otro modelo, no voy a decir... Los padres mandan a sus hijos a la pública porque es mucho más barato que nosotros, pero nuestros alumnos son tan o más brillantes”, remató el nuevo decano, José Barbarán.

¿Hay que aumentar las plazas para contentar a las familias? “Hay demanda de los alumnos, pero en una profesión regulada, como es medicina, el número debería de estar sometido a que haya formación sanitaria especializada [el MIR] para todos. Si cada vez hay más plazas, vamos a volver a cuando yo terminé la carrera en 1987, que había 21.000 médicos en paro”, argumenta Pablo Lara, presidente de los decanos. El médico se desespera de que ningún gobierno haya creado el registro de profesionales sanitarios, para saber cuántos son, de qué especialidad, donde faltan...

En Cataluña se ofrece Medicina en todas las provincias, pero el peso de las dos universidades privadas de Barcelona es mucho menor que el de las seis públicas: 1.057 alumnos frente a 5.600 en 2021. En la Comunidad Valenciana la diferencia se acorta mucho: 3.200 alumnos en la pública frente a 1.500 en la privada. Quizás eso explique que el Gobierno regional, en manos de la izquierda, alérgico a la ola privatizadora anterior con el PP, haya aprobado que la Universidad de Alicante oferte Medicina, pese a que la vecina Miguel Hernández de Elche, también pública, tiene ya la titulación. Esta última avisó la semana pasada que tratará de frenar el grado en los tribunales.

“Estimamos que hay un déficit de 4.000 docentes de Medicina”, apunta Lara. En 2021 se calculó que en los próximos cinco años se iba a jubilar el 43% de los docentes médicos, un porcentaje que aumentaba hasta el 55% en el caso de quienes también ejercen en centros sanitarios. Los decanos calculan que si se aumentan las plazas de las facultades ya existentes hasta el 15% ―como va a permitir el Gobierno― faltarán 5.000 docentes. El decano teme que eso resienta la formación. “Somos el segundo país del mundo con mayor número de facultades por densidad de población”, asegura. Agrava la situación que muy pocos facultativos en activo están acreditados para ingresar en el cuerpo de funcionarios como profesores titulares.

Gabriel Aguilera, decano de Ciencias de la Salud en Almería, aún no se ha enfrentado a ese problema. El grado ha arrancado este septiembre con 60 alumnos en las instalaciones que ya tenían para Enfermería y Fisioterapia. Imparten clase ―en primero es casi todo teoría― los médicos que ya eran profesores en los otros grados, solo han tenido que contratar a cuatro más a tiempo parcial de Anatomía. “Hemos tenido que hacer poca obra. Una sala de disección, una ostoteca, habrá cadáveres, hemos hecho una pequeña inversión en material de anatomía y fisiología... Sí, es verdad que, a medida que pasen los cursos, vamos a necesitar más profesorado y recursos”.

A Aguilera no le da miedo llegar a abrir los seis cursos, “porque en esta aventura hemos ido siempre en colaboración. Hay dos hospitales universitarios, médicos que han hecho la tesis para acreditarse como profesores...”. Aunque reconoce: “Sí que habrá un problema cuando tengamos que contratar a profesionales a tiempo completo; la universidad no es competitiva económicamente con el Sistema Público de Salud”.

Diferencias entre comunidades

En 2010 la Junta de Andalucía, entonces socialista, se comprometió a que todas las provincias tendrían Medicina. Tras su implantación este año en Jaén y Almería, Huelva insiste. Disponen de espacio porque han cambiado de sitio la escuela de ingeniería, por lo que en un acto el pasado mayo su rectora, María Antonia Peña, hizo una petición a la Junta: “Solo necesitamos el empujoncito económico que nos permita dar ese paso adelante”.

En Castilla y León, históricamente Medicina se imparte en Valladolid y Salamanca y hay bronca cada año porque sus aulas se llenan de estudiantes de otras regiones. Pero el duelo ahora se bate en las Cortes. Los socialistas, en la oposición, han apoyado que Burgos implante el grado; argumentan que tiene capacidad para acogerlo y faltan médicos, pero también León se postula.

En Galicia más de lo mismo. Hay tres universidades públicas y solo una, la histórica, Santiago, oferta Medicina. Tras años de tiras y aflojas, en 2015 acordaron que seguiría impartiéndose solo en Santiago, pero que el sexto y último año podrían cursarlo en otros hospitales universitarios gallegos. Pero el alcalde Abel Caballero (PSOE) está en campaña para que Vigo inaugure su propia carrera: “No se entiende que Galicia tenga una cuarta parte de alumnos de Medicina que otras comunidades autónomas”.

En las autonomías con solo una universidad pública ―el conocido como G-9― el movimiento es constante. Desde hace tres años, Deusto, privada, hace la competencia a la Universidad del País Vasco en Medicina; la Universidad de Navarra ―cuyo prestigio reposa en este grado, que vienen a cursar jóvenes de otras partes de España y del mundo― vio en 2019 cómo la Universidad Pública de Navarra abría el suyo; el Gobierno de Aragón, de izquierdas, respalda que la Universidad San Jorge, privada, oferte el grado en Zaragoza, que ya imparte la pública. La Rioja es la única región que no tiene en su catálogo de títulos Medicina.

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Elisa Silió

Es redactora especializada en educación desde 2013, y en los últimos tiempos se ha centrado en temas universitarios. Antes dedicó su tiempo a la información cultural en Babelia, con foco especial en la literatura infantil.

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