La vida detenida antes de Selectividad: “Me está pareciendo una eternidad, pero a la vez muy poco tiempo para estudiar”

EL PAÍS acompaña a cuatro estudiantes en los días previos a los temidos exámenes de acceso a la universidad

Lucía García Castro estudia para los exámenes de Selectividad, el pasado viernes en su casa de Petrer (Alicante).Foto: JOAQUÍN DE HARO | Vídeo: DANIEL CASTRESANA Y EDUARDO ORTIZ

Sin duda los habrá más caóticos y más ordenados, ansiosos o acuciados por la presión, pero lo cierto es que llevan dos años preparándose (a algunos les parece que llevan toda la vida) y en general saben perfectamente lo que tienen que hacer, aunque a veces les puedan traicionar los nervios. Más de 200.000 jóvenes se enfrentan un año más a las pruebas de acceso a la universidad: los riojanos lo hicieron la semana pasada, hoy empiezan los madrileños, murcianos y cántabros, y en los próximos días les seguirán en el resto del país. La alicantina Lucía García Castro, de 18 años, empieza este martes: “Según está montado bachiller y la Selectividad, quizá es una forma académicamente objetiva de seleccionar quién entra en las carreras con mucha demanda, pero también es verdad que en estos dos años hay mucho sufrimiento, que en estas dos semanas de estudio tenemos mucho estrés, muchos pensamientos diferentes y, si no te gestionas bien, puede ser totalmente desastroso. Pero yo creo que con una planificación y sabiendo que vas a dar todo lo que puedes...”.

Lucía, que acaba de terminar el Bachillerato de la rama de Ciencias Sociales en el instituto público Azorín, de Petrer (Alicante), ha accedido a compartir con este periódico cómo han sido sus días de preparación para unas pruebas que no solo marcarán el futuro universitario de los aspirantes, sino que se convirtieron hace ya muchos años en una especie de rito iniciático, de paso de la niñez a la madurez (dice la ley de educación que las pruebas han de valorar, entre otras cosas, la “madurez académica”). Junto a ella, también aportan sus vivencias para este reportaje las madrileñas Carmen Arribas y Claudia Mozo (que hoy empiezan la Selectividad), y el guipuzcoano Unai Martín (él lo hará el miércoles).

“Creo que voy bien”

“Me desperté pronto, porque tenía que ir a clase de mates [...] los profesores nos dejan ir a clase a preguntar dudas [...] solo estaba yo con un amigo[...] Más o menos, por ahora, voy relajada, creo que voy bien”, se arrancaba Lucía el viernes 27 de mayo.

Las clases de los alumnos de segundo de Bachillerato han terminado en torno a mediados de mayo, para que aquellos que han conseguido el título tengan tiempo para prepararse las pruebas. Aunque los profesores suelen estar disponibles para hacer repaso a ciertas horas —como cuenta Lucía—, a partir de ese momento cada aspirante se organiza como le parece bien y con la intensidad que considera.

Carmen Arribas, la semana pasada en Madrid.
Carmen Arribas, la semana pasada en Madrid. Claudio Alvarez

Por ejemplo, aquel último fin de semana de mayo hubo un gran acontecimiento deportivo: la final de la Liga de Campeones que acabó ganando el Real Madrid. “El sábado justo iba a quedar con unos amigos para ver el partido, pero al final, como sabía que iba a acabar supertarde y al día siguiente me tenía que despertar pronto, lo vi en casa. Pero sí que es verdad que esa tarde la dejé más libre, porque el partido era inamovible para mí”. Carmen Arribas, además, se guardó espacio para el festejo posterior: “Sí que es verdad que [el fin de semana] por las mañanas he estado estudiando un poco, pero luego por las tardes he quedado con mis amigos. El sábado vimos el partido y ayer [por el domingo] fuimos al Bernabéu a celebrar y a ver a los jugadores y todo”, contaba el lunes 30.

Todos han hecho una planificación previa, de reparto de asignaturas para cada día, y han ido gestionando sus momentos de estudio y de descanso a su manera, con una cena por allí, una salida de compras por allá... Lucía se levantaba pronto, desayunaba sobre las 10, hacía un descanso largo antes y después de la hora de la comida. Sin apenas salidas con los amigos —”Estamos todos preparando la Ebau”—, sí tenía reservado el jueves por la tarde y el viernes por la mañana porque son las fiestas del pueblo y ella participaba en un desfile.

Para Unai Martín, los momentos de descompresión han sido los entrenamientos con el equipo de baloncesto: ”Una hora y media con el equipo para desestresarme un poco”. Carmen también recurría al deporte: “Tengo momentos de estrés, aunque creo que el de verdad vendrá a lo largo de esta semana. Pero bueno, de momento lo llevo bien porque, al fin y al cabo, se trata de repasar lo que he estado estudiando todo este año. Así que no es tan, tan duro. Lo que pasa es que estoy un poco harta de estar en mi casa, la verdad. Me está ayudando salir a correr y hacer un poco de deporte para despejarme”.

Unai Martín estudia en su habitación, en su casa de Usúrbil (Gipuzkoa), con su hermana, Uxue, y su madre, Coro, al fondo.
Unai Martín estudia en su habitación, en su casa de Usúrbil (Gipuzkoa), con su hermana, Uxue, y su madre, Coro, al fondo. Javier Hernandez

Carmen, que ha estudiado el Bachillerato de Ciencias en el Colegio Estudio de Madrid, ya ha sido aceptada en Ingeniería Biomédica en una universidad de Holanda. “Me considero muy afortunada porque puedo ir [a la Selectividad] más tranquila que otros compañeros, que a lo mejor si les sale mal este examen, no pueden entrar a la carrera que quieren y tienen que esperar un año o estudiar otra”. En todo caso, con un 9 de media de Bachillerato, si le van bien las cosas y alcanza una nota de corte muy alta, quizá se plantee quedarse en España a hacer la carrera.

Unai, que ha estudiado en la ikastola Ekintza de San Sebastián, necesita bastante nota (el año pasado hizo falta un 12,8) para cumplir su objetivo de estudiar Medicina en Bilbao. Aún no sabe si le tira más la cirugía o la traumatología, pero no tiene ninguna duda sobre su vocación sanitaria, en la que ha influido mucho, explica, su hermana, Uxue, de 12 años, que padece una enfermedad rara: el síndrome de Phelan Mcdermid. “Ella me ha motivado para querer cuidar a los demás”.

Lucía no tiene “muy muy claro” lo que quiere hacer, pero sabe que le gustaría trabajar en otros países o en España, “pero con temas internacionales”. Y se lo toma con filosofía: “Si no se llega [a la nota] no pasa nada. Hay otros caminos que puedes utilizar para hacer lo que tú quieres”, dice, y se explica: se refiere a que, si no le alcanza para entrar en Relaciones Internacionales, una carrera muy demandada, se irá “por algo más relacionado con el Derecho” y luego hará alguna especialización sobre asuntos internacionales.

“No es nada que no hayamos hecho ya”

La madrileña Claudia Mozo quiere estudiar Enfermería: “Me gustaría dedicarme a enfermería en urgencias, aunque también me gustaría muchísimo ser enfermera militar”. El tiempo dirá. De momento, toca estudiar para conseguirlo.

El miércoles 1 de junio, contaba esto: “He estado todo el día en la biblioteca. [...] como un ambiente un poco más cargado, cada dos horas salgo a descansar. [...] He hecho matemáticas y química y a última hora de la tarde me he repasado un poco los temas de historia que, al poder elegir entre el siglo XIX y siglo XX es mucho más fácil [...] mi idea es a partir del viernes, viernes, sábado y domingo, dedicarme solamente a las lecturas que tengo el lunes, que son Historia y Lengua [...] al hablar con amigos y tal, todos estamos muy tranquilos porque al final no es nada que no hayamos hecho ya. Llevamos todo el curso haciendo exámenes y es un examen más, aunque tenemos más presión porque cuenta mucho la nota”.

Claudia Mozo, la semana pasada, en Madrid.
Claudia Mozo, la semana pasada, en Madrid. Claudio Alvarez

Todo es intentar mantener la calma. Sin embargo, a medida que avanza la semana, se va notando más tensión entre los aspirantes. A unos les preocupa las matemáticas, a otros, la “densidad” de los temarios de historia, aunque todos han hecho ya montañas de exámenes de prueba de todas las asignaturas y tienen estrategias para elegir bien las preguntas que van a contestar (este año volverá a tener más opciones para elegir, como los dos cursos anteriores, porque se mantiene el sistema simplificado de pruebas por el contexto de covid). “En las semanas desde que terminas bachiller hasta la Selectividad, todo te parece un mundo. A mí me está pareciendo una eternidad, pero a la vez me parece muy poco tiempo para estudiar. Y te estresas por todo, te irritas con todo, no encuentras nunca nada, aunque lo tengas enfrente. Es una sensación extraña”, explicaba el miércoles Lucía.

Un punto de inflexión

“La Selectividad, todo el curso, es un punto de inflexión. Mis padres, mis amigos que ya están en la universidad, todos te lo dicen, que será otra forma de ver la vida, que pasamos a otra etapa, que haremos cosas distintas”, cuenta Claudia. Añade, en todo caso, que le da mucha pena dejar el colegio (el concertado Gredos San Diego, del barrio madrileño de Moratalaz) y a los compañeros después de tantos años. Lo mismo le ocurre a Unai, pero también con sensación agridulce. “Es verdad que ha sido un poco triste, pero bueno, estoy contento, con ganas de abrir una nueva etapa y de conocer a más gente, aprender cosas nuevas y poder dedicarme a lo que realmente me gusta”.

Explica Lucía que han sido dos años muy duros, de mucho esfuerzo, con muchos lloros sobrellevados con el apoyo de los compañeros, así que: “Por una parte, sí que me da muchísima pena dejar el instituto, dejar la gente de mi instituto, a los profesores... Pero, por otra parte, con los dos años que llevo, no me apetecería volver para nada”. Este domingo, en torno a la hora de comer, la joven envió un mensaje más: “Me queda esta tarde y todo [el día de] mañana y la verdad es que estoy bastante nerviosa, ya me estoy empezando a estresar por si no llego, a ver a qué hora me tengo que levantar, todas esas cosas... Pero lo llevo bastante machacado y yo creo que va a salir bien”.

A Unai, aunque le quedaba un poco más (hasta el miércoles), le estaban empezando a entrar los nervios: “Empiezas a pensar que no llegas, te arrepientes de no haber puesto a estudiar antes... Pero, bueno, tengo muchas granas ya de empezar, y de terminar, sobre todo para disfrutar del verano”. Pero Claudia, aunque ya no le quedaba casi nada —apenas una tarde que iba a dedicar al repaso de Inglés y de Lengua, hasta el comienzo de sus pruebas, este lunes a las 9.30—, se seguía declarando muy tranquila: “He hecho todo lo que he podido, he estudiado todo lo que he podido. [...] Y lo que no haya hecho hasta ahora..., bueno, poco más puedo hacer”.

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Sobre la firma

J. A. Aunión

Coordinador del espacio de Educación de EL PAÍS. Especializado en información educativa durante más de una década, también ha trabajado para las secciones de Local-Madrid, Reportajes, Cultura y EL PAÍS_LAB, el equipo del diario dedicado a experimentar con nuevos formatos.

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