Foro de Educación

¿Qué hemos aprendido sobre la educación durante el confinamiento?

Envíe su opinión al debate que plantea el Foro de Educación de EL PAÍS

Un alumno de primaria estudiando en Barcelona durante el confinamiento.
Un alumno de primaria estudiando en Barcelona durante el confinamiento.Carles Ribas

El curso escolar marcado por la epidemia del coronavirus termina con la advertencia de los expertos de que el cierre durante tres meses de los centros educativos va a tener graves consecuencias para el alumnado, especialmente para los estudiantes de entornos desfavorecidos, y que su profundidad no se acabará de conocer hasta dentro de unos años. Al mismo tiempo, los especialistas en educación aseguran que, con todos sus problemas, el periodo deja también lecciones valiosas que pueden servir para mejorar el sistema.

El Foro de Educación de EL PAÍS plantea a sus lectores esa pregunta: ¿Qué hemos aprendido sobre la educación durante el confinamiento? Si quiere participar, puede enviar su opinión contando una sola conclusión, el principal aprendizaje que haya extraído como profesor, padre, alumno u observador. En los próximos días publicaremos una selección en este artículo.

“Se ha puesto en valor el papel compensador de la escuela”

El papel compensador de desigualdades de la escuela se ha puesto en valor, y al igual que pasó con la sanidad pública, nos ha hecho reflexionar por el modelo de escuela por el que queremos luchar. La escuela en colaboración con servicios sociales y sanidad favorece sociedades más justas día a día, desde el patio, desde las aulas, desde el contacto humano de toda la comunidad educativa. Ayudemos a proteger la escuela, porque protegerla, es proteger nuestra propia diversidad como sociedad.

Juanvi Blázquez. Orientador educativo, Valencia.

“La importancia de una clase presencial”

Lo más importante que he aprendido en mi profesión durante la pandemia es el valor de una clase presencial: lo importante que es la mirada de mis alumnos cuando explico, los saludos de buenos días, las dudas del final, sus sonrisas ante un ejemplo gracioso.... la humanidad de la enseñanza se pierde con las clases online, si bien han sido esenciales para continuar con su aprendizaje.

María del Mar Camacho. Profesora de Universidad, Madrid.

“Se ha demostrado quién tiene vocación y quién es un burócrata”

En esta crisis se ha demostrado qué maestro lo es por vocación y quién es un simple burócrata. Hasta que no se encuentre un modelo donde la vocación esté ligada a la productividad y primadas ambas con reconocimiento económico y social, estamos dejando la educación de la generación de los que nos guiarán en nuestra vejez, en manos de la ruleta rusa del funcionariado. Hemos ensalzado a los sanitarios, pero cuando nos vemos en la posición de enseñar ( y digo enseñar, porque educar es un trabajo que debería hacerse en casa eminentemente) a nuestros hijos, es cuando nos damos cuenta del esfuerzo que hacen los miembros del sistema educativo. Aún así, deberíamos repensar el sistema y no cargar en los excelentes, las tareas de los burócratas.

Carmen de Amores. Madre de alumnos, Santa Uxía de Ribeira (A Coruña).

“La importancia del acompañamiento del docente”

Hay dos conclusiones importantes que algunos hemos extraído de esta situación tan difícil. La primera, la importancia del acompañamiento personal. El docente no sólo enseña su materia, sino que acompaña al alumno en el proceso de aprendizaje, jugando un papel importantísimo la capacidad empática del enseñante para poder realizar esta labor de acompañamiento que a veces consiste en exigir más, a veces en premiar los esfuerzos, e incluso en ocasiones en poner el hombro. La segunda, la imposibilidad de atender la diversidad del aula. La labor más importante y la más difícil que tiene un educador en el aula, es ser capaz de enviar y hacer que llegue un mismo mensaje a 30 personas totalmente diferentes. Estas dos realidades del aula que son las que marcan la diferencia entre un profesor más, y aquel docente que nos marcó la vida y con el que disfrutamos aprendiendo, se han vuelto extremadamente difíciles de entender a través de las ondas cibernéticas, y sencillamente han hecho que el proceso de enseñanza-aprendizaje pierda calidad.

José Antonio Rodríguez. Profesor de secundaria, Mérida (Badajoz).

“La implicación de las familias en la enseñanza”

La implicación de las familias en la educación de los adolescentes ha sido fundamental para el éxito de los estudiantes, incluso para los que en el período presencial habían abandonado. En una medida razonable, no deberíamos perder ese logro.

Virginia Florentín. Profesora de secundaria. Alcala de Henares (Madrid).

“He aprendido a buscar una enseñanza menos memorística”

He aprendido a buscar una enseñanza menos memorística, más activa, más creativa, menos enfocada a la evaluación objetiva (cuyo rigor no se ha podido garantizar en ningún momento). Se ha impuesto el valor del aprendizaje en sí mismo, la necesidad de mantener una conexión emocional con los alumnos y alumnas que les llevara a permanecer conectados, una vez minimizada la trascendencia de las notas obtenidas. He fortalecido la conciencia de pertenencia a una comunidad que constituye uno de los pilares de nuestra sociedad, la Escuela, cuya orfandad nos ha hecho repentinamente conscientes de su vital importancia como medio para combatir las desigualdades sociales. Me he sentido (y me siento) cargada de responsabilidad y muy orgullosa de ser docente.

Llanos Navarro. Directora del instituto Histórico Bachiller Sabuco, Albacete.

“Ha quedado en evidencia que hay educación de primera y de segunda”

Ha quedado totalmente evidenciado que hay educación de primera y de segunda, tercera y hasta cuarta... y niños de primera, segunda y hasta de cuarta. Colegios concertados y privados conectados a sus alumnos de promedio 4 horas al día y con un seguimiento decente y docente. Y colegios públicos con maestros que ni han dado la cara, hablo por experiencia propia, no me lo han contado.

Aracelis Romar. Madre, Málaga.

“La fragilidad del sistema”

La fragilidad estructural del sistema se ha evidenciado. Poca solidez en la gestión, poca coherencia en los equipos docentes, escasa transversalidad en los currículos, debilidad de la acción tutorial, laxitud en la actitud profesional docente, exigencia de tareas al alumnado y exagerada dedicación temporal de manera descoordinada, un uso similar de las tecnologías en el aprendizaje que reproduce lo presencial, una evaluación desacertada, un abandono de la administración educativa general en su tarea de liderar...

José Luis González. Docente, Arteixo (A Coruña).

“Con emoción se aprende mejor”

Si hay algo que he aprendido en esta etapa es que la tecnología nos ha servido como una herramienta útil para hacer una labor decente, pero no como una solución del todo eficiente para nuestro trabajo docente. A pesar de los mails y las videoconferencias, profesores y alumnos nos hemos echado mucho de menos. La enseñanza, que en el aula gira entorno a un diálogo, pierde muchos matices si no es presencial. Los gestos, el tono, la paciente labor de embaucar para lograr ver la atención en el brillo de sus miradas... Ese feedback que nos hace continuar seguros de que estamos consolidando bien el aprendizaje. Con emoción se aprende mejor, dice la neurociencia. Y las relaciones a distancia siempre fueron complicadas...

Sergio Villanueva. Profesor de Biología, Elche (Alicante).

“Las grandes desigualdades sociales, que en el aula se diluían”

En esta crisis he aprendido que la educación presencial es esencial para el desarrollo personal del alumnado, la pantalla nunca sustituirá al aula como lugar de aprendizaje e intercambio de experiencias. Me he visto hablando sola a una pantalla oscura llena de alumnos invisibles, sin ser capaz de ver si mis palabras les llegaban. He utilizado plataformas sin formación previa, que me han supuesto mas problemas que soluciones. Muchos de mis alumnos se han visto sepultados en tareas, mientras otros se han mantenido indiferentes a contenidos poco motivadores. He vivido la panacea de las clases online, tantas veces pregonada, como  una gran decepción. Una gran parte del alumnado se ha intentado aprovechar de la situación y ha rozado la desfachatez del todo vale, poniendo con ello en evidencia su falta de ética y valores, copia de lo que se ve en nuestra sociedad como algo normal. He visto grandes diferencias sociales entre nuestros alumnos, que mientras que en el aula se diluían, quedaban de manifiesto en el confinamiento en sus casas, sin nadie a quien recurrir, sin medios para trabajar desde ellas.

María Antonia Fernández del Viso. Profesora de secundaria, Avilés.

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