Mi casa la construyo yo

La escasez de chalés en venta y el alza de los precios han hecho crecer el número de ciudadanos que autopromueven su vivienda

El mayor atractivo de la autopromoción es poder personalizar e imprimir la personalidad de su dueño.
El mayor atractivo de la autopromoción es poder personalizar e imprimir la personalidad de su dueño.Peter Cade (Getty Images)

No fue una moda pasajera de aquellos primeros y aciagos meses de pandemia. Los chalés han sido prácticamente arrasados por ciudadanos ávidos de terrazas y jardines. En obra nueva apenas queda stock y la oferta se está construyendo casi desde cero. Prueba de ello es que el número de visados de dirección de obra nueva para edificar unifamiliares ha aumentado un 37% interanual en los cinco primeros meses del año, según el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana. Solo en junio, las compraventas de unifamiliares crecieron un 78% interanual y los precios subieron un 16,5%, de acuerdo con el Consejo del Notariado.

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Pocos y caros. Este escenario ha hecho que la autopromoción coja un inusitado impulso en España. Cada vez son más los que se lanzan a comprar una parcela para edificar su propio chalé. Y eso a pesar de que, al igual que al resto del sector, le afecta la falta de mano de obra y el aumento de los costes de construcción por la escalada imparable de materiales como el hormigón, el acero o el aluminio. Los costes de construcción en edificación residencial subieron un 13,5% interanual hasta septiembre de 2021, lo que supone que los precios se han disparado más de un 10% en tan solo nueve meses, según la constructora ACR.

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Las empresas de arquitectura dan cuenta del incremento de los encargos, que aun hoy siguen siendo más que los de un año normal. “Desde junio de 2020 nuestro despacho ha constatado un aumento del 70% en la demanda de vivienda en autopromoción”, comenta Ramón Gandía, fundador de RGB Arquitectos. En este estudio explican que nada más salir del gran confinamiento de 2020 el cliente comenzó a buscar chalés de obra nueva ya edificados. “Esa demanda cubrió rápidamente la oferta. Después, la tendencia fue ir a la autopromoción, puesto que los plazos para conseguir casa eran ya similares”, explica Gandía.

La demanda se reparte entre quienes huyen de la gran ciudad para residir en un chalé a las afueras y quienes autopromueven una segunda residencia en un entorno más alejado.

En el estudio de arquitectura Ábaton las peticiones de autopromoción han crecido entre un 20% y un 30% desde el inicio de la pandemia. Aunque en esta empresa, focalizada en el mercado de casas con un coste medio de un millón de euros, dicen notar un interés creciente desde la crisis financiera de 2008. “Cada vez es más importante la personalización y adaptación de cada casa a la familia y a su forma de vivir”, constata Blanca Alonso, directora de Nuevos Desarrollos de Ábaton. Y añade: “Nos cuesta entender cómo hay personas que se hacen un traje a medida y, en cambio, se plantean un prêt-à-porter, en vez de hacer algo personalizado. Dada la inversión total, el coste adicional del diseño a medida es ínfimo”.

Empresas como esta se pueden encargar de todo el proceso, desde la búsqueda de la parcela hasta la construcción de la casa. “Los clientes contratan con nosotros la arquitectura, la construcción, el interiorismo y el paisajismo y se garantizan un resultado coherente y armónico”, indica Alonso. Incluso, la empresa puede ofrecer un precio cerrado, aunque esto elevaría la factura en torno a un 10% adicional.

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En general, la autopromoción puede suponer un ahorro de costes de hasta el 30%, al eliminarse el beneficio del promotor. Aun así, es frecuente que, en lugar de ahorrarse ese porcentaje, el cliente “opte por mejorar su casa, bien en calidad, superficies o elementos de recreo”, considera Gandía. Aunque ojo, porque el mayor peligro de la autopromoción es que el presupuesto se termine disparando. “Si no se hace con un estudio acostumbrado al control de costes puedes tener desviaciones importantes o diseños que no son viables con tu presupuesto”, señalan en Ábaton, que cuenta con su propia constructora.

Buscar y comprar un terreno es el primer paso. Hasta 600 parcelas para autopromoción ha puesto en venta la inmobiliaria Solvia a un precio medio de 30.000 euros. “El aumento de la demanda, especialmente acusado a partir de 2021, ha sido la razón principal para plantearnos lanzar esta campaña con parcelas a precios ajustados”, dice José María Santiago, responsable del Área de Suelos de Solvia. Y prosigue: “Creemos que esta tendencia irá en aumento, ya que el deseo de adquirir un unifamiliar, ya sea chalé o adosado, crecerá y, con él, probablemente los precios de este tipo de viviendas”. Los terrenos en venta se encuentran en 32 provincias. En Lloret de Mar (Girona), por ejemplo, se vende uno de 413 metros cuadrados desde 17.600 euros. En Peñíscola (Castellón), hay varios solares de unos 600 metros cuadrados desde 56.000 euros.

Estos suelos son urbanizados, esto es, listos para edificar y, además, con acceso a servicios básicos (electricidad, agua, saneamiento…). En el caso de que se adquiera un suelo urbanizable, habrá que tramitar su abastecimiento, de competencia municipal, explican en Solvia.

Proyecto y licencia

Tras la compra del terreno es momento de encargar el anteproyecto para después realizar el proyecto básico, necesario para solicitar la licencia urbanística en el Ayuntamiento correspondiente. Ya con la licencia de obras, se elabora el proyecto de ejecución que refleja todos los detalles necesarios para que la constructora comience la obra. Durante los trabajos, es importante la supervisión por parte del arquitecto (dirección de obra), que garantiza que la ejecución es fiel al proyecto, explica Blanca Alonso.

Cada diseño es único. Sin embargo, últimamente tienen algo en común, peticiones pospandemia que se repiten. “La gente demanda espacio para trabajar y caminos alrededor de la casa para caminar, además de eficiencia energética”, indica Alonso. También, “más zonas de almacenaje, espacios interiores con luz natural y, sobre todo, piscinas, que han pasado de ser un elemento normal a uno principal”, insiste Gandía.

Los plazos de ejecución suelen ser similares a los de la promoción, entre 10 y 12 meses. Eso sí, si se opta por una estructura prefabricada o por una casa totalmente industrializada los tiempos se acortan incluso a semanas.

El último paso es pedir una hipoteca. Casi todos los bancos ofrecen crédito autopromotor. “El banco nos irá entregando el dinero durante un plazo de dos años. Esa entrega, por lo tanto, no se hará de golpe, sino en varios plazos o fases”, señalan en HelpMyCash.

Sobre la firma

Sandra López Letón

Redactora especializada en el sector inmobiliario, del que informa desde hace más de dos décadas. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en EL PAÍS. Actualmente, escribe en el suplemento de información económica 'Negocios'. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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