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La economía de Estados Unidos mantiene su pujanza al crecer un 0,8% en el cuarto trimestre

La primera economía del mundo creció un 2,5% en 2023, desafiando las previsiones que apuntaban a una recesión

Un cliente en un centro de Costco en Washington.
Un cliente en un centro de Costco en Washington.MICHAEL REYNOLDS (EFE)
Miguel Jiménez

El guion de los expertos, incluidos los de la Reserva Federal, preveía que Estados Unidos entrase en recesión en el último tramo de 2023. Sin embargo, impulsada por la fortaleza del consumo, la primera economía del mundo ha desafiado todas las expectativas y ha resistido con mucha más fuerza de lo previsto el endurecimiento de la política monetaria. El producto interior bruto (PIB) creció un 0,8% (a una tasa anualizada del 3,3%) en el cuarto trimestre del año, según la primera estimación publicada este jueves por la Oficina de Análisis Económico, dependiente del Departamento de Comercio. Con ello, la economía de Estados Unidos creció un 2,5% en el conjunto del año.

El crecimiento del cuarto trimestre supone una ralentización con respecto al 1,2% trimestral (4,9% anualizado) del tercero, cuando la economía aceleró de forma sorprendente y creció al mayor ritmo desde 2021, pero sigue siendo una evolución dinámica de la actividad económica y supera las previsiones de los analistas. El dato, que será revisado por dos veces a medida que llegue información adicional, muestra que el consumo sigue siendo el motor de la expansión.

El aumento del PIB real reflejó los incrementos del gasto de los consumidores tanto en bienes como en servicios, las exportaciones, el gasto de las administraciones estatales y locales, la inversión fija no residencial, el gasto de las administraciones federales, la inversión en inventarios privados y la inversión fija residencial. Las importaciones, que restan en el cálculo del PIB, también aumentaron.

En el conjunto de 2023, el PIB real aumentó un 2,5% (del nivel anual de 2022 al nivel anual de 2023), frente a un aumento del 1,9% en 2022. El crecimiento reflejó principalmente aumentos del gasto de los consumidores, de la inversión fija no residencial, del gasto de las administraciones estatales y locales, de las exportaciones y del gasto de las administraciones federales, que se vieron compensados en parte por descensos de la inversión fija residencial y de la inversión en existencias. Las importaciones disminuyeron. La economía, por tanto, se aceleró, en contra de todas las previsiones.

La Reserva Federal de Estados Unidos ha acometido las subidas de tipos más agresivas desde la década de 1980 para hacer frente a una inflación que también era la más alta en cuatro décadas. Su presidente, Jerome Powell, está logrando hasta el momento el ansiado aterrizaje suave de la economía, esto es, la reducción de la inflación sin llegar a provocar una recesión. El ahorro acumulado durante la pandemia y la fuerte creación de empleo han contribuido a esa evolución mejor de lo esperado. Pese a las subidas de tipos de interés, los conflictos internacionales, las turbulencias bancarias, las huelgas y demás contratiempos, la economía estadounidense ha aguantado vigorosa todo el año 2023.

Ahora, el banco central estadounidense se prepara para empezar a bajar los tipos de interés, aunque sin excesivas prisas. Los miembros del comité de política monetaria de la Reserva Federal pronosticaban en diciembre una bajada de 0,75 puntos en el precio del dinero a lo largo de este 2024, aunque no está claro el momento en que se producirá el primer movimiento. Se espera que Powell dé algunas pistas tras la reunión de la Reserva Federal de la semana que viene.

Las previsiones de los miembros del comité de política monetaria del banco central estadounidense para 2024 publicadas en diciembre anticipan el escenario deseado: un crecimiento del 1,4%, una tasa de paro del 4,1% y una inflación que se acerca al objetivo del 2%.

La economía estadounidense entra así a velocidad de crucero en 2024, año electoral en que el presidente, Joe Biden, buscará la reelección. El crecimiento, las inversiones industriales y en infraestructuras y la creación de empleo son algunas de las bazas del balance económico de su presidencia. Sin embargo, en el ánimo de los votantes sigue pesando la elevada inflación padecida en sus tres primeros años de presidencia. La inflación ha bajado, pero los precios no han bajado, y los consumidores lo comprueban cuando van al supermercado o la gasolinera.

Tom Barkin, presidente de la Reserva Federal de Richmond, advertía este mes de los riesgos sobre crecimiento e inflación. “Un aterrizaje suave es cada vez más concebible, pero en modo alguno inevitable. Veo cuatro riesgos. La economía estadounidense podría quedarse sin combustible. Podríamos sufrir turbulencias inesperadas. La inflación podría estabilizarse a una altitud de crucero superior a nuestro objetivo del 2%. Y el aterrizaje podría retrasarse si la economía estadounidense sigue desafiando las expectativas”, señalaba en un discurso en Raleigh (Carolina del Norte).

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Sobre la firma

Miguel Jiménez
Corresponsal jefe de EL PAÍS en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto y en el diario económico Cinco Días, del que fue director.
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