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Las nueve horas en las que España hizo realidad el sueño 100% renovable

La generación eléctrica peninsular con sol, viento y agua fue mayor que la demanda entre las 10 de la mañana y las siete de la tarde del martes, un patrón que se repetirá cada vez más en el futuro

Una planta fotovoltaica, en Mula (Murcia).
Una planta fotovoltaica, en Mula (Murcia).Alfonso Durán
Ignacio Fariza

El sistema eléctrico español degustó el martes un dulce aperitivo del banquete renovable que está por llegar en los próximos años. Fueron nueve horas, entre las 10 de la mañana y las siete de la tarde, en las que la generación verde fue más que suficiente para cubrir el 100% de la demanda peninsular española, un hito que ya tenía precedentes en momentos puntuales, pero no en un lapso tan largo. El logro —respaldado por las cifras remitidas a EL PAÍS por Red Eléctrica de España (REE)— se produjo, además, un día al uso, de diario, en el que el patrón de consumo es el habitual y no un festivo ni durante el fin de semana, cuando la demanda cae con fuerza.

España se acerca a pasos agigantados al futuro próximo. La instalación masiva de renovables —y, muy especialmente, de fotovoltaica— está permitiendo a la cuarta economía europea cubrir una parte cada vez mayor de sus necesidades de electricidad con renovables, algo que no solo reduce sustancialmente la huella de carbono, sino que presiona a la baja los precios en las horas solares. Y que, sobre todo, eleva los incentivos —tanto ambientales como económicos— tanto para apostar por el almacenamiento como para electrificar el transporte, la industria y las calefacciones, hoy intensivas en petróleo o gas natural.

Que durante buena parte de la jornada del martes el sol, el viento y el agua generasen más electricidad de la que demandaban las empresas y los hogares de la España peninsular (en los archipiélagos, la generación fósil siempre es mayor) no quiere decir que las centrales nucleares, las de gas —ciclos combinados o cogeneración— y las de carbón dejasen de volcar energía al sistema por completo. Su posterior entrada en funcionamiento, solo unas horas más tarde, sería mucho más costosa. Lo que significa es que, en ese tramo horario, las fuentes limpias produjeron suficiente como para cubrir todas las necesidades internas. Esta aparente disonancia se explica tanto por las exportaciones a Francia, Portugal y —en mucha menor medida— a Marruecos y a Andorra, como por el consumo de las centrales hidroeléctricas de bombeo, que gastan energía en las horas baratas y generan cuando los precios son más altos, y cuyos datos no computan en las cifras del gestor del sistema.

Varios aerogeneradores, en el puerto de Bilbao.
Varios aerogeneradores, en el puerto de Bilbao.Miguel Toña (EFE)

El récord renovable del martes fue posible gracias a la confluencia de una sobresaliente producción fotovoltaica y eólica. No solo por cuestiones meteorológicas —fue una jornada de sol, viento y temperaturas no excesivamente altas, las condiciones más propicias para que ambas tecnologías den lo mejor de sí—, sino por el fuerte aumento en la capacidad total de generación de ambas en los últimos tiempos, tanto en grandes instalaciones como en forma de autoconsumo. En este último caso, el de las placas en los tejados, la incidencia es doble: añaden oferta (al inyectar sus excedentes a la red) y reducen la demanda cuando hay sol.

“Lo relevante es que esto no es algo coyuntural, sino que va camino de ser estructural, tanto por la caída de la demanda como, sobre todo, por el aumento de la generación fotovoltaica”, apunta Natalia Fabra, catedrática de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de la propuesta española para la reforma del mercado eléctrico europeo. “Son muchísimas lecciones las que aporta lo ocurrido el martes: la importancia de las interconexiones, porque, con las que tenemos hoy, los vertidos no se están pudiendo aprovechar; la importancia del almacenamiento; la necesidad de acelerar la electrificación, que va muy retrasada, y la de llevar la demanda a las horas centrales del día, que es cuando más renovables hay”.

Se da, además, la circunstancia de que el hito del 100% de electricidad verde en las horas de más sol del martes coincidió con la inactividad temporal de tres de los siete reactores nucleares que hay en España: dos (Ascó I y Almaraz I) por recarga de combustible y un tercero (Almaraz II) por una “anomalía eléctrica” puntual. “Eso hizo que las renovables tuvieran más espacio para entrar”, explica Xavier Cugat, gestor de proyectos en una empresa de fotovoltaica y la persona que está en el origen de esta estadística. “El calendario de cierre de nucleares no solo creo que está bien hecho, sino que es conservador: al ritmo al que estamos instalando renovables, incluso se podría adelantar. Lo que dará da más flexibilidad es la hidráulica y, dentro de la hidráulica, los bombeos”, agrega Cugat.

Una instalación de autoconsumo fotovoltaico, en la planta de Pascual en Trescasas (Segovia).
Una instalación de autoconsumo fotovoltaico, en la planta de Pascual en Trescasas (Segovia).POWEN (Europa Press)

“Tres reactores nucleares es justo lo que vamos a dejar de tener en 2030, y resulta que las renovables nos están solucionando la papeleta ellas solas”, apunta Pedro Fresco, exdirector de Transición Energética de la Comunidad Valenciana. No solo la nuclear está aportando menos: los saltos de agua, otra de las grandes fuentes españolas de electricidad, se están viendo severamente golpeados por la sequía, que está menguando su capacidad productiva en gran parte de la Península. “Es verdad que es algo puntual, y en un momento de muy buena producción solar y eólica, pero con muy poca agua, con la hidroeléctrica a mínimo técnico… y, aun así, estamos cubriendo el 100%. ¿Cómo vamos a estar en tres años, cuando tendremos entre 10 y 15 gigavatios (GW) más de fotovoltaica y otros cinco de eólica? Se abre una ventana de oportunidad enorme para el hidrógeno y los coches eléctricos, sobre todo en las horas centrales del día”, sentencia Fresco. “Pero hacen falta estrategias para aprovecharla”.

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Sobre la firma

Ignacio Fariza
Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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