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El autoconsumo: la revolución silenciosa que ya lamina la demanda y el precio de la luz en las horas de sol

La proliferación de paneles en los tejados de casas y empresas reduce entre un 8% y un 10% el consumo de electricidad en las franjas centrales del día, presionando a la baja al regulado

Un operario instala paneles solares en el tejado de una casa.Vídeo: EPV
Ignacio Fariza

Instalar una placa solar en el tejado tiene implicaciones mucho más allá de lo individual, y no precisamente menores. Esta primavera, el autoconsumo está empezando a mostrar las credenciales de lo que será en el futuro: un potente destructor de la demanda de electricidad en las horas centrales del día, en las que cada vez más hogares se bastan y se sobran para generar lo que consumen y en las que también contribuyen a la bajada en el precio mayorista de la luz. El patrón, especialmente visible los fines de semana, cuando la demanda se hunde, empieza a ser recurrente también los días de diario.

Las estimaciones de este tajo sobre la demanda en abril van desde el casi 8% que calcula el grupo ASE hasta el 10% de Francisco Valverde, de la consultora Menta Energía. Punto arriba o abajo, lo que se ve es una clara tendencia de fondo: en los meses de primavera, de largo los más propicios para la solar —muchas horas de irradiación y temperaturas óptimas para la eficiencia de los paneles—, el mordisco sobre la demanda y sobre los precios es más que notable. Y, sobre todo, creciente.

Desde Red Eléctrica de España (REE), una portavoz consultada por este diario admite “diferencias en la demanda en las horas centrales del día entre un día con sol y sin sol”, pero no se atreve a dar un dato preciso “al no haber obligación de que ciertas instalaciones con autoconsumo (fundamentalmente las instalaciones fotovoltaicas de pequeña potencia) proporcionen al operador del sistema sus medidas de energía o de potencia autoconsumida”.

“Los datos de este último mes son contundentes: la caída de la demanda ha destrozado cualquier previsión, con una reducción del 14% en las horas puntas de solar. De esa cifra, algo más de la mitad creemos que es directamente achacable al autoconsumo industrial y de particulares”, explica por teléfono Juan Antonio Martínez, analista del grupo ASE, que califica de “brutal” el “hundimiento” de los precios en el ecuador de la jornada. La otra mitad de la destrucción de demanda tiene que ver con otra tendencia nacida de la crisis energética: el esfuerzo de ahorro de luz sin precedentes en empresas y hogares a raíz de los picos históricos de precios registrados el año pasado.

Esta segunda parte de la destrucción de demanda, estrechamente vinculada al coste de la luz, se recuperará antes o después. En cambio, la achacable al autoconsumo “no se va a recuperar: quien pone una placa en el tejado no vuelve a consumir esas horas en momentos de sol”, constata Martínez. Según sus cálculos, el tajo sobre la demanda —y sobre los precios— derivado del autoconsumo es incluso mayor que el —también muy sustancial— aumento de la producción fotovoltaica en grandes plantas: “Es el principal factor detrás de la caída de precios en esas horas”, remata el analista de ASE.

El fuerte abaratamiento de la luz, día tras día, en el ecuador de la jornada también debería cambiar los hábitos de las empresas y los hogares que aún no han instalado paneles. “El autoconsumo no solo es un ahorro para quien lo pone, sino también para los no autoconsumidores: deja menos hueco para el resto de fuentes de energía y hace que se llegue más fácil a los precios baratos en horas solares”, sintetiza otra voz autorizada en el sector, el analista Xavier Cugat, que aunque reduce a entorno el 4% el bocado del autoconsumo sobre la demanda total de electricidad, calcula que lo generado en los tejados españoles en abril fue suficiente para recargar 4,4 millones de coches eléctricos.

Pagar, y no cobrar, por la energía sobrante

La lógica detrás de quien toma la decisión de instalar un panel solar en la cubierta de su casa o su empresa no es la de hacer negocio con la venta de energía, sino más bien la de reducir su factura, concentrando su consumo en las horas centrales del día. Sin embargo, la fuerte caída del precio de la luz en esos tramos horarios también ha cambiado radicalmente la compensación que estos consumidores están recibiendo por su energía sobrante. Quienes están en el mercado regulado o PVPC y, por tanto, no tienen pactado un precio fijo con su comercializadora para estos excedentes, están viendo como lejos de cobrar por la electricidad que su instalación vierte a la red, están teniendo que pagar.

“Los números salen mejor autoconsumiendo todo lo que puedas, no vendiendo. No se debe sobredimensionar la instalación y, si se puede, hay que complementar la instalación con una batería. Ahí es donde vamos a ver una explosión en los próximos años: con las ayudas actuales se amortiza la inversión en entre cuatro o seis años, cuando su vida útil es de 15“, apunta Valverde, de Menta Energía. “Autoconsumo es que yo me genere la energía que yo necesito, no tratar de buscar una rentabilidad por lo que vierto a la red eléctrica. Es lógico que esos vertidos no tengan un gran valor para el sistema eléctrico justo cuando las plantas fotovoltaicas más están generando”, agrega Cugat.

Más interconexiones y más baterías

La combinación de más autoconsumo y más generación fotovoltaica en suelo debería ser, también, un potente aldabonazo para los planes de nuevas interconexiones eléctricas con el resto de Europa, con el objetivo de poder dar salida a los excedentes. El futuro cable del golfo de Vizcaya, que entrará en vigor en 2027 o 2028 —según el último horizonte de REE—, casi duplicará la capacidad de intercambio entre España y Francia, hasta los cinco gigavatios, pero la Península seguirá muy lejos de los objetivos europeos. “Hace falta mucho más: esta nueva interconexión no va a ser ni mucho menos la panacea”, completa Martínez.

La otra vía para poder aprovechar los excedentes en las horas centrales del día es acelerar el almacenamiento, ya sea con instalaciones de bombeo —centrales hidráulicas que consumen energía en las horas baratas y generan en las horas caras, aplanando la curva de precios— o con baterías —en una primera fase, sobre todo a escala doméstica, en los hogares que cuentan con paneles—. “Cada instalación fotovoltaica tiene que ir acompañada de una batería que le permita consumir su propia energía también en las horas en las que no hay sol”, remacha el analista de ASE. Una visión que también comparte Cugat: “Lo que yo recomendaría a la mayoría de autoconsumidores es que se pongan una batería para aprovechar al máximo su instalación. Con los programas de subvenciones que hay, es rentable”.

Menor pujanza en lo que va de año

Pese a no haber aún datos oficiales, la sensación generalizada entre los instaladores —reconocida por las propias patronales del sector— es de frenazo en las nuevas instalaciones en estos primeros meses del año. Por dos motivos, sobre todo: un nuevo entorno de precios más bajos, que ofrece un horizonte de amortización de las placas algo más largo —”si las placas antes se amortizaban en cinco o seis años, ahora quizá sean 10”—, dice Martínez, de ASE; y una menor capacidad de compra de las familias, con la inflación comiéndose parte del ahorro acumulado durante la pandemia.

Con estos nuevos elementos en la mano, Alberto Cortés, cofundador de la tecnológica española Ezzing, especializada en el sector energético, rebajaba sustancialmente el objetivo de energía generada por instalaciones de autoconsumo en España para final de año: “A día de hoy la meta más realista es igualar el crecimiento del año anterior”, cuando se añadieron 2,5 GW de potencia y 200.000 hogares instalaron paneles. Con todo, ve posible superar, incluso con creces, los objetivos establecidos por la hoja de ruta del Gobierno. El mayor reto hoy, según Cortés, radica en “aportar mecanismos de financiación creados específicos para que adquirir instalaciones fotovoltaicas no suponga un esfuerzo económico extra para el comprador”.

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Sobre la firma

Ignacio Fariza
Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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