La subida de la factura de la luz golpea a las familias españolas

Muchos hogares han tenido que cambiar sus hábitos y recortar gastos en el último año para compensar el encarecimiento de la electricidad

Una joven desenrosca bombillas de una lámpara para reducir el consumo en su vivienda. Foto: VÍCTOR SAINZ | Vídeo: EPV

Noelia Lucio (33 años) lleva meses poniendo la lavadora solo los fines de semana a partir de la medianoche. “Intento no cambiarme mucho y si se me acumula la ropa, tengo que lavar a mano, como se hacía antiguamente”, cuenta. La factura de la electricidad de diciembre, de 300 y pico euros, le ha asestado un duro golpe al bolsillo. Para la familia de Lourdes Bosch (49 años), que cuenta con seis miembros —su marido, cuatro hijos y ella—, el recibo fue un sapo aún más difícil de tragar. Su compañía eléctrica le cobró en enero más de 530 euros, casi el doble que en el mismo mes del año anterior.

La escalada de la luz ha disparado las facturas de los hogares españoles, que se han visto obligados a cerrar el grifo y cambiar sus hábitos para ahorrar hasta el último céntimo. Para Lucio incluso la calefacción se ha convertido en un lujo que no se puede permitir. El radiador de aceite del comedor se atreve a encenderlo solo entre viernes y domingo, cuando la electricidad es más barata. “Nada más terminar de cenar, mi hija se va directamente a acostarse y a arroparse con las mantas, porque no puede soportar el frío”. La casa en la que vive en Bimenes, un pequeño municipio de Asturias rodeado de montañas, se distribuye en tres plantas y, al ser muy antigua, tarda mucho en calentarse. Pero la climatización es solo uno de los muchos gastos que ha tenido que recortar.

La vitrocerámica de su cocina se queda apagada hasta las dos de la tarde, cuando su hija vuelve del instituto. Es justo cuando empieza el horario llano, por lo que aprovecha para preparar la comida. Sin embargo, a la hora de la merienda, el fuego no se puede volver a encender y el microondas es como si no existiera. “Si mi nena quiere un colacao durante la semana, se lo debe tomar frío. Tiene que aguantar”, añade. Los únicos que siempre están enchufados son el módem de Internet y la nevera. El resto, para Lucio, es un gasto excesivo.

Bosch también ha enseñado a su familia a apretar los dientes. Ha obligado a sus hijos a descargarse una aplicación en el móvil que les avisa de la hora más cara y la más barata. Como se quedan a menudo en casa a comer, les ha enseñado a poner la lavadora y el lavaplatos, aunque solo deben hacerlo en los momentos de mínimo gasto. Además, hay consumos que no son opcionales en la rutina de la familia. Todos los hijos practican deporte a diario y dos de ellos tienen partido el fin de semana. “Cuando vuelven de una competición y está toda la ropa sucia, hay que encender la lavadora sí o sí. Si en invierno no pongo la secadora, es imposible que se me sequen las sábanas. Tampoco podemos estar todo el día en casa para esperar a que salga el sol para colgar la ropa”, asegura. También en esta vivienda la calefacción está prácticamente prohibida. “Estamos viendo la tele todos bajo mantas. Vamos abrigados como si viviéramos en el Aneto”, zanja.

El aumento de la demanda y el encarecimiento del gas y de los derechos de emisiones de dióxido de carbono componen el cóctel que ha desbocado la factura de la luz. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, las familias que cuentan con una tarifa regulada (también conocida como PVPC) pagaron el año pasado un 35,6% más que en 2020 y un 33,7% más que en 2019. Este viernes, el precio de la electricidad en el mercado mayorista se ha situado en 240,13 euros por megavatio hora (MWh), el más alto desde el pasado 17 de enero. Aunque fue el 23 de diciembre cuando la luz batió el récord histórico, al alcanzar los 383,7 euros.

Para Julia Gurruchaga (37 años) las trabas empezaron antes. Reformó en 2017 su piso en Santander, donde vive junto a su marido y dos hijas. La vivienda cuenta con suelo radiante y calefacción energética de tipo B, es decir muy eficiente para reducir el consumo. Aun así, en otoño tuvo que cambiar de compañía después de que a finales de octubre le llegara una factura de 400 euros entre luz y gas para dos meses. “Nos pareció muchísimo, porque los radiadores estuvieron apagados y pasamos unas semanas fuera de casa por las vacaciones”. Afortunadamente, los últimos recibos no han sido un topetazo, aunque los precios siguen por las nubes. Para economizar, Gurruchaga no pierde de vista las tarifas horarias, y ha pegado en la nevera un papel con directrices para concienciar a sus hijas sobre el respeto al medio ambiente. “Cierra el grifo mientras friegas los platos, dúchate en vez de bañarte, apaga las luces cuando sales de la habitación, regula la calefacción entre los 18 y 20 grados...”, enumera por teléfono.

La subida de la luz también ha pasado factura a la familia de Daniel Ocaña, que reside en Ciudad Real con su mujer y dos niños. En los últimos años, se ha puesto a las pilas para reducir su consumo: “Cambiamos todas las luces a led, no dejamos los aparatos en modo de espera ni el ordenador encendido todo el día”. Gasta menos, pero paga mucho más. Al principio de 2021 el recibo se situaba en unos 50 euros al mes. Terminó el año en 70 y la primera factura de 2022 alcanzó casi los 100 euros. Una subida que para muchas familias ya se hace insostenible y que les ha forzado a replantearse sus prioridades.

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