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El BCE fuerza el giro verde de la banca

Fráncfort toma la delantera a Bruselas tras la polémica taxonomía y convoca el primer test de estrés climático para la banca. Los expertos creen que el empuje de los inversores obliga al sector, que pide normas más claras

BCE
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, en un acto previo a la conferencia climática de Naciones Unidas, en febrero de 2020.POOL (Reuters)

El sector financiero está llamado a ser una pieza clave en el freno al cambio climático. Tanto, que el Banco Central Europeo (BCE) ha tomado la delantera a la Comisión Europea en varios frentes. Opacado por el debate sobre la polémica taxonomía verde, en cuya propuesta el Ejecutivo comunitario ha optado por incluir a la energía nuclear y al gas natural, el Eurobanco lleva meses forzando a las entidades a movilizar cientos de miles de millones para financiar la transformación ecológica de las compañías a las que prestan dinero. Fráncfort va varios pasos por delante de Bruselas en este ámbito.

Frente a la manga ancha de la Comisión, el BCE trata de forzar a los bancos a cambiar pautas de comportamiento que llevan demasiados años arraigadas. El giro se plantea en varios frentes. Primero, empujando a las entidades a limitar el crédito a medio plazo a las empresas que no cumplen unos mínimos estándares de emisiones y respeto ambiental. Segundo, con pruebas de resistencia capitaneadas por el banco central para comprobar cómo de protegidas están sus inversiones frente a los efectos del calentamiento global: inundaciones, subidas del nivel del mar, incrementos radicales de la temperatura o sequías.

Estos test, que se asemejan a los que lleva a cabo desde hace años para averiguar la resistencia de las entidades ante posibles crisis, se están llevando a cabo con un objetivo más prosaico que la protección del medio ambiente: salvaguardar la propia solvencia bancaria y, por tanto, los intereses del sistema financiero y de sus accionistas.

Botín: “No somos la policía del clima”

Los citados test climáticos han provocado preocupación y desconcierto en el sector financiero. La presidenta del Santander, Ana Botín, ha sido la que más claramente ha manifestado la opinión que muchos banqueros dicen en privado sobre su papel en el proceso de transición energética. “No se puede esperar que los bancos sean la policía del clima. Todas las autoridades quieren seguir el mismo camino, pero lo hacen de diferente manera. Y, para los bancos que operamos en varias regiones del mundo, es muy difícil proceder. Necesitamos principios globales para poder responder mejor al desafío del clima”, dejó caer hace semanas en un acto público. Los expertos consultados creen que la pruebas son importantes para influir en la transición energética, aunque también apuntan que no serán definitivas porque estamos en el comienzo del camino.

El Santander —uno de los mayores bancos del área monetaria única, con 1,6 billones de euros en activos— se dirige veladamente al BCE, que ha tomado muchas cartas en este asunto. El ejercicio de Fráncfort, dicen desde la entidad española, es “relevante”. Pero, subrayan que, “a día de hoy, ni los supervisores ni los bancos cuentan todavía con los datos necesarios para los ejercicios y buena parte de la información depende de la que publiquen las empresas como contrapartidas de los bancos”. El problema es que “las metodologías están en fase de desarrollo, por lo que aún tienen limitaciones”. “Tanto el supervisor como las entidades afrontamos los test, de momento, como ejercicios de aprendizaje, hasta que las bases estén más maduras”, argumentan fuentes del Santander.

El segundo banco español, BBVA, abunda en esta sensación de precipitación. “Se trata de un proceso complejo con metodologías muy iniciales y con una calidad de los datos limitada por lo que los resultados deberán ser considerados de forma muy preliminar”. Y el tercero, CaixaBank, más diplomático, se limita a señalar que las pruebas son “un factor clave” para el BCE y los considera “un paso adelante para determinar el grado de preparación de las entidades y acelerar la adopción de nuevas prácticas”.

Para los analistas, los nuevos exámenes a la banca son importantes porque suponen abrir una nueva senda. El máximo responsable para España y Portugal de la consultora especializada Alvarez & Marsal, Fernando de la Mora, lo resume así: “Los test están diseñados para animar a los bancos a desarrollar una infraestructura de datos y métodos de riesgo climático que hoy en día no existen”. El supervisor europeo, sostiene, “puede influir para acelerar la transición climática y ha de combinarse con acciones coordinadas con otros reguladores de aseguradoras y de servicios de inversión, así como con los principales Gobiernos y las compañías afectadas, para que la transición energética sea eficiente y eficaz”.

La banca juega un papel clave

La cuestión de fondo es por qué el BCE —como una suerte de ariete de los institutos emisores de todo el mundo— ha irrumpido en este campo ecológico. Un ámbito más que suma a su ya de por sí extenso listado de atribuciones: estabilidad de precios y del sistema financiero, supervisión de las entidades y de los medios de pago, empleo —sobre todo en el caso de la Reserva Federal estadounidense— y, ahora, poner coto a las emisiones.

“Los bancos centrales tienen un papel fundamental para promover una transición ordenada a través de las entidades. En BBVA estamos convencidos de ello, y está perfectamente alineado con nuestro propósito”, apuntan desde la entidad presidida por Carlos Torres. CaixaBank va en la misma línea: “La banca debe jugar un papel clave en la movilización de la financiación necesaria para posibilitar la transición hacia una economía baja en carbono o de emisiones netas cero”.

La mayoría de los expertos consultados, sin embargo, niegan la mayor. “Realmente el BCE no está promoviendo, ni debería hacerlo, actuaciones específicas de la banca en cuanto a financiar o no unas actividades u otras”, sostiene Ángel Bergés, vicepresidente de la consultora AFI. “Su papel debe centrarse en medir los riesgos que unas u otras actuaciones entrañan, tanto por no hacer nada (riesgos físicos), como de hacerlo demasiado rápido y descontrolado [riesgos de transición]”.

Los bancos tienen dos palancas para ayudar a frenar el cambio climático: financiar empresas verdes (y potenciar su actividad) o potenciar con préstamos que sus clientes contaminantes dejen de serlo. CaixaBank apunta que las dos funciones “van a ser necesarias” y que la entidad está en los dos lados del tablero. El segundo banco español, el BBVA, coincide plenamente con su competidor. Y apunta: “Debemos acompañar a toda la economía en esta transición”.

De la Mora ofrece una dimensión de la magnitud del reto: según cálculos que manejan diferentes casas de análisis, las empresas necesitarán cada año entre 1,7 y 2,1 billones de euros anuales (una cantidad similar al PIB de Italia) de financiación. Esto, dice el analista, “genera una oportunidad de acceder a un crecimiento del negocio de entre el 10% y el 15% por año adicional para la banca en el mundo”.

Críticas a las entidades

Entre las críticas más frecuentes al sector financiero están las que dicen que los bancos no se hubieran movido tanto en este campo si no fuera porque están siendo empujados por supervisores y autoridades. También, desde sectores ecologistas, se achaca que hay un cierto lavado de imagen porque mantienen, desde hace décadas, gran parte de la cartera crediticia “marrón” (contaminante). Las entidades lo niegan y los expertos no dudan de que están concienciadas y empujadas al cambio.

Bergés considera que el BCE se ha adelantado a la Comisión, pero que Fráncfort depende del desarrollo de las reglas comunitarias para realizar su trabajo. Y recuerda que ha sido Bruselas la que ha incluido en su taxonomía verde, el sistema que clasifica las actividades económicas, no solo actividades que hoy son ecológicas, “sino otras que no siéndolo hacen esfuerzos por acomodar sus procesos a un marco mucho más sostenible”. Este experto considera que los bancos serán importantes en este proceso, “pero incluso más lo será la industria de gestión de activos, que puede asumir posturas mucho más proactivas en las empresas en las que invierte”.

El responsable de Alvarez&Marsal justifica el adelanto del supervisor “porque tiene más independencia y flexibilidad” que el Ejecutivo comunitario. De la Mora destaca que existe una alineación de intereses entre inversores, accionistas, bonistas y supervisores que empujan a las entidades hacia la inversión verde “como ha ocurrido en pocas ocasiones”, lo que considera “un buen comienzo”. Pero también añade otros factores clave para que este movimiento sea eficaz. Por un lado, que China y EE UU avancen en la misma senda. Por otro, que las compañías asuman los retos en primera persona. “Un gran número de sectores sufrirán un proceso de transformación radical y muchas formas de vivir cambiarán de manera radical; ahora llega el momento de la ejecución para todos”, concluye.

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