Fatih Birol: “Una guerra tendría consecuencias sobre la UE pero también, y enormes, sobre Rusia”

El director de la Agencia Internacional de la Energía desliga por completo la escalada de la luz de la transición renovable y defiende cambios en el sistema de fijación de precios para evitar que el gas influya tanto en la factura

El jefe de la AIE, Fatih Birol, en 2019 en París.
El jefe de la AIE, Fatih Birol, en 2019 en París.Benoit Tessier (Reuters)

La salida de la pandemia ha dejado tras de sí una crisis energética de grandes proporciones, con la electricidad, el gas natural y el petróleo disparados, y un resurgir inflacionario que muy pocos tenían en sus pronósticos. En esta tesitura, agravada por el choque en ciernes entre Rusia —primer exportador mundial de gas, segundo de crudo y tercero de carbón— y Occidente —que le compra buena parte de la energía que vende—, el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE, dependiente de la OCDE), Fatih Birol (Ankara, 63 años), atiende a EL PAÍS por teléfono desde su despacho en París. El economista turco, muy crítico con la actitud del Kremlin en los últimos meses, avisa de que Moscú también saldría perdiendo en caso de que la escalada pase a mayores y carga contra quienes culpan a la transición verde de la inflación energética.

Pregunta. ¿Cuándo bajarán los precios?

Respuesta. Depende de cómo de duro sea lo que resta de invierno: una bajada de las temperaturas nos pondría en serias dificultades. Además, una gran parte del gas que se consume en Europa, cerca del 40%, viene de Rusia, y cualquier movimiento de este país es crítico. Mi esperanza es que, cuando llegue a la primavera y termine la temporada de frío, si los Gobiernos han tomado las decisiones correctas, tengamos un respiro. Pero eso no quiere decir que el próximo invierno vaya a ser más fácil si antes no se toman medidas de calado.

P. ¿Es Rusia el principal responsable de la situación?

R. No creo que sea el mayor responsable, pero su comportamiento estratégico ha agravado el problema. La demanda de gas en Europa está siendo muy alta, la falta de lluvia ha disminuido la generación hidroeléctrica en el sur de Europa y en Francia la producción nuclear también ha caído... Sin embargo, la reducción de las exportaciones rusas de gas a Europa, del 25% respecto al año anterior, es un gran desencadenante. Rusia tiene capacidad ociosa como para aumentar en un tercio sus envíos, una cantidad que sería suficiente para calmar los mercados europeos y reducir los precios. El problema es que Europa está importando una cantidad enorme de gas de un solo exportador, y esa falta de diversificación es un factor crítico.

P. También ha señalado a Gazprom por mantener sus depósitos de gas en la UE más bajos de lo habitual.

R. Si estuvieran al mismo nivel que los del resto de operadores, el sistema europeo de almacenamiento de gas estaría hoy al 85% y no al 40%. Ese dato sirve para comprender las implicaciones que tienen las políticas de Gazprom. Es algo que no se puede explicar por las dinámicas de mercado: todos los exportadores quieren aprovechar el actual entorno de precios altos, pero lo que estamos viendo en el caso de Rusia es una pasividad en los mercados al contado.

P. ¿Cómo impactaría una guerra en Ucrania?

R. Europa no solo trae gas ruso a través de Ucrania, sino también petróleo. Así que tendría un impacto importante sobre todo el sistema energético europeo. Pero también sobre Rusia: si no sigue proveyendo a Europa de crudo y de gas, algo garantizado por varios acuerdos, estaría poniendo seriamente en cuestión su fiabilidad como socio comercial. Y llevaría a Europa a acometer cambios estructurales en su estrategia energética.

P. En ese escenario de confrontación bélica, ¿le preocupa más el suministro de gas o de petróleo?

R. El crudo es más sencillo, porque es un mercado global. En el caso del gas, sería un desafío importante tratar de encontrar nuevos proveedores. Podría ser con gas natural licuado [transportado por barco], pero también podría obligar a cortes de suministro a grandes consumidores. Insisto: tendría implicaciones para Europa, sin duda, pero también, y enormes, para Rusia.

P. Hay quien culpa de la subida de precios de la electricidad a la transición acelerada a las renovables. ¿Qué les diría?

R. Es un planteamiento incorrecto: la situación actual no tiene nada que ver con la transición energética. De existir un vínculo, es justo el contrario: [el alto nivel de precios] no es porque haya demasiada energía limpia, sino porque aún hay demasiada poca. La solución es producir más y reducir la dependencia de una sola fuente de gas. Y luego está la eficiencia energética: si se rehabilitasen los edificios más viejos de Europa, se ahorraría el equivalente a todo el gas que llega por el gasoducto Nord Stream 1. Durante años, este combustible se ha presentado como fiable, asequible y relativamente limpio, pero los últimos acontecimientos ponen en cuestión estas credenciales.

P. Varios Gobiernos europeos, entre ellos el español, han pedido a Bruselas cambios en el sistema marginalista de fijación de precios de la luz. ¿Tiene sentido?

R. Así lo creo. Los países deberían tener flexibilidad para elegir la forma en la que quieren fijar el precio. Lo que vemos ahora es que, cuando sube el gas, sube la electricidad. Y eso no son buenas noticias: no refleja la realidad del mercado energético y no defiende el interés de los consumidores.

P. ¿Ve a España como un potencial exportador de energía renovable?

R. España está haciendo grandes avances en solar y en eólica. Si complementa esto con una buena estrategia de hidrógeno, bien puede ser un exportador de sol al resto de Europa y más allá.

P. Algunos metales fundamentales para el desarrollo de las renovables y las baterías, como el cobre, el cobalto o el níquel, han disparado su cotización en los últimos meses. ¿Hasta qué punto es una amenaza para la transición energética?

R. Muchas renovables, como la solar o la eólica, han ido cayendo año tras año. Sin embargo, el pasado vimos un ligero cambio de tendencia por el encarecimiento generalizado de las materias primas. Aun así, son energías más baratas que las fósiles en muchas partes del mundo. Aquí también, depender de pocos países [para el suministro de esos metales] es un riesgo: hoy es el gas natural, pero mañana puede ser el litio o el cobalto... No podemos cometer el riesgo de quedar en manos de países que tienen potencial para utilizar las materias primas como un arma política.

P. Son muchas las voces que ven el petróleo por encima de los 100 dólares por barril a lo largo de 2022. ¿Usted también?

R. Espero que no, pero hay dos incertidumbres: ¿seguirá creciendo la demanda en los próximos meses a un ritmo tan alto como en los últimos? ¿Qué hará la OPEP+? [Los principales exportadores] han dicho que aumentarán la producción en 400.000 barriles diarios, pero hasta ahora no han cumplido esa cifra: de hecho, están cerca de un millón de barriles por debajo de lo prometido. Si siguen siendo una parte responsable de los mercados energéticos globales, creo que no veremos precios tan altos. Eso tampoco sería una buena noticia para ellos.

P. ¿Cuándo podrán competir en precio los coches eléctricos con los de gasolina o diésel?

R. En 2019 solo dos de cada 100 coches vendidos en el mundo eran eléctricos; en 2021 fueron casi el 10%. Están creciendo a un ritmo muy muy rápido y en cinco años bien podrán competir en coste con los de combustión.

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Sobre la firma

Ignacio Fariza

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió Económicas y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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