Urbas renace con apetito voraz

La promotora y constructora, presidida por Juan Antonio Acedo, finaliza el proceso de reorganización de su deuda y crece a base de comprar rivales

Juan Antonio Acedo, presidente y consejero delegado de Urbas, en la sede del grupo en Madrid.
Juan Antonio Acedo, presidente y consejero delegado de Urbas, en la sede del grupo en Madrid.KIKE PARA

La promotora y constructora cotizada Urbas se endereza. En poco más de un año esta empresa con 77 años de vida, que comenzó siendo concesionaria de servicios de transporte de Barcelona, ha finalizado el proceso de reorganización de su deuda financiera, que ha pasado de los 185 millones de euros con los que inició 2020 a 56,5 millones gracias a los acuerdos con fondos de inversión y entidades financieras, entre ellas con la Sareb. La jugada coloca a la promotora en una posición sólida para impulsar su plan de negocio y su estrategia de diversificación e internacionalización, que ya ha echado a andar.

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El artífice del milagro de la nueva etapa de Urbas es Juan Antonio Acedo (Madrid, 52 años), presidente y consejero delegado desde 2019, año en el que sustituye en el cargo a Juan Antonio Ibáñez. Hasta que toma las riendas, Acedo ejerce de vicepresidente. “Nunca he pretendido ser presidente de una compañía cotizada, no tengo ningún afán de protagonismo, pero tuve que aceptar y poner mi credibilidad personal encima de la mesa para poder culminar este proceso”, dice Acedo. El ingeniero de caminos que perseguía fascinado a las excavadoras cuando solo tenía ocho años ha diseñado un plan de negocio para la nueva Urbas a cinco años vista.

En la sede de la firma en el barrio de Malasaña (Madrid), que dejarán en unos días para mudarse a La Florida y ganar espacio, confiesa que su objetivo último es ver cotizar a Urbas en el Ibex 35 en 2025. Según sus cálculos, para ese año la compañía puede alcanzar entre 2.000 y 2.500 millones de capitalización (actualmente vale 67 millones), 1.000 millones de facturación y un ebitda de 130 millones. “Creo que da los parámetros para entrar en el Ibex, otra cosa es que se generen vacantes y tampoco pretendemos echar a nadie de ningún sitio, lo haremos de forma ordenada”, comenta. Y cuando eso suceda habrá concluido su etapa al frente de Urbas y podrá abandonar “esta jaula de oro”, dice, para centrarse en otros menesteres personales y profesionales que ahora tiene desatendidos.

Juan Antonio Acedo está consiguiendo reflotar una empresa que a lo largo de su historia ha pasado por infinidad de dificultades económicas y que ha estado al borde la quiebra. Aunque el directivo no niega que su empeño por ordenar la compañía le está pasando una factura demasiado alta. Acedo está acusado de supuestos delitos societarios y contra el mercado por una ampliación de capital hecha en 2015 por 384 millones que se aportaron mediante activos “extremadamente sobrevalorados” de Aldira Inversiones Inmobiliaria, según la Fiscalía Anticorrupción, que pide ocho años de cárcel para él y para el expresidente Juan Antonio Ibáñez, aunque el escrito de acusación se dirige contra otras 12 personas. “Tengo la coincidencia muy tranquila. La ampliación siguió todas las verificaciones y la CNMV registró el folleto, con esto ya está todo dicho”.

Travesía del desierto

Desde entonces la compañía tuvo que hacer la más larga de las travesías en el desierto. “Los bancos no querían saber nada de nosotros, eso nos paralizó, estuvimos en estado de shock, no podíamos conseguir financiación porque no pasábamos el compliance penal”. La única salida era el crecimiento inorgánico, comprar empresas con problemas. Jugar al Monopoly.

El punto de inflexión de Urbas es marzo de 2020, cuando se desata la pandemia. Entonces adquiere la constructora guipuzcoana Murias. “Un fondo de inversión internacional nos presta 12 millones”, cuenta Acedo. Esta operación corporativa marca el camino. Urbas recupera credibilidad y en diciembre pasado suscribe una línea de financiación con el fondo de inversión Roundshield Partners por 50 millones de euros para reducir deuda financiera y poner en marcha la promoción inmobiliaria (tiene una cartera de suelo de 17,5 millones de metros cuadrados), ahora bajo una nueva marca, AD Home.

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Murias solo fue el principio de unas cuantas adquisiciones más mediante ampliaciones de capital, que se suceden entre 2020 y 2021. Compra el 100% de la constructora alicantina Ecisa, dando entrada al holding catarí Al Alfia como accionista; compra el 70% del capital social de la constructora vitoriana Urrutia y se hace con la totalidad del capital social de Joca, por su importante presencia internacional. “Cuanta más diversificación tengamos, tanto en actividades como en países, la compañía podrá sujetarse mejor”, señala el directivo de Urbas, con importantes proyectos de promoción en marcha en Cuba y en Dubái.

Así es como Acedo consigue conformar un grupo constructor con una cartera agregada de 1.168 millones de euros que, además, permite sinergias con la promoción inmobiliaria, el autoconsumo fotovoltaico, la eficiencia energética y la minería. En este capítulo, compra una mina de feldespato —utilizado en la producción de cerámica— en Silán (Lugo), con unas reservas de 600 millones de euros.

Jugar bien sus cartas permite a Urbas cerrar 2020, el año de su metamorfosis, con una facturación de 21,2 millones y beneficios por más de 8 millones, frente a las pérdidas de 1,48 millones de un año antes. Además, se convierte en una de las protagonistas del parque, al finalizar el ejercicio con una revalorización del 140%.

Con estas operaciones, pendientes de ratificación por la junta general el 6 de agosto —en la que Urbas ampliará capital social hasta los 470 millones, frente a los 346 millones actuales, y dará entrada a nuevos socios como el empresario Alberto Aragonés, propietario de Joca—, el valor total de los activos del grupo se sitúa en 966 millones, incluyendo plusvalías latentes por valor de 338 millones de euros y una deuda financiera de 104 millones. La compañía, que pasa de 20 empleados a 864, espera cerrar 2021 con una facturación de 279,9 millones y un resultado de 53 millones.

Acedo, cuya participación, que ostenta a través de Quamtium Venture, pasará del 27% al 22%, adelanta que pronto anunciará tres nuevas operaciones corporativas en el sector de la construcción, la promoción y las energías renovables. “Va a haber alguna sorpresa más en Euskadi, es un puerto seguro”. Porque Urbas continuará engullendo empresas para su propósito de construir un gigante empresarial. “Estaremos con un ojo avizor a posibles operaciones porque creo que el mercado tiene que concentrarse, tanto en construcción como en promoción. En 2022 habrá muchas adquisiciones y fusiones”, opina el presidente. Al hilo de esto, y en el caso de una hipotética opa, Acedo contesta: “Habrá que negociar lo mejor posible para los accionistas de Urbas”.

Si hay que tirarse al vacío, el presidente prefiere “tres paracaídas, nunca uno”. Por esto, explora todas las vías de financiación. Se estrenará en la emisión de deuda corporativa antes de final de año y estudia la emisión de bonos verdes. Y ya analiza sus inversiones “para ver las que pueden ser susceptibles de financiación con los fondos Next Generation”.

Además, se prepara para asumir retos pendientes, como hacer un contra split (agrupación de acciones). “Hasta ahora la situación de la acción no me lo permitía, pero no puede seguir centimeando, tiene que ir al euro”. Los títulos de Urbas cotizan a 0,017 por acción. Los otros compromisos son repartir dividendos en 2022 y que “la compañía tenga cotizando sus filiales en mercados nacionales e internacionales”.

Juan Antonio Acedo dará la cara en Urbas hasta 2025, a no ser que sus problemas judiciales perjudiquen a la empresa. Entonces se retirará de la primera fila para empujar el proyecto desde la sombra.


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Sobre la firma

Sandra López Letón

Redactora especializada en el sector inmobiliario, del que informa desde hace más de dos décadas. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en EL PAÍS. Actualmente, escribe en el suplemento de información económica 'Negocios'. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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