Crisis del coronavirus

La pandemia pincha la burbuja económica del fútbol

Los clubes, que sufren una notable caída de ingresos, congelan los grandes fichajes, reducen masa salarial y asumen menores derechos televisivos en el futuro

Richard Drury / getty

Cristian Tello, delantero del Betis, marcó el último gol del último partido que se disputó con público en la Liga española. Fue el 8 de marzo de 2020, durante la 27ª jornada, y gracias a su tanto el equipo andaluz derrotó al Real Madrid (2-1) para disfrute de los 50.596 aficionados que se reunieron aquel domingo en el estadio Benito Villamarín de Sevilla. Aunque se disputó otro partido dos días más tarde entre el Eibar y la Real Sociedad, este fue a puerta cerrada por los contagios de coronavirus que habían empezado a registrarse en Europa durante los días previos. Poco después, el 13 de ese mismo mes, LaLiga anunció una suspensión temporal del campeonato, que, tras la declaración del estado de alarma y la imposición del confinamiento domiciliario, se extendió hasta el 11 de junio.

Desde entonces, ni un solo aficionado ha vuelto a ocupar un asiento de ningún estadio en un partido de Liga, y tanto el Consejo Superior de Deportes como LaLiga solo abren ligeramente la puerta al regreso del público en las últimas jornadas del próximo mes de junio —más de un año después— siempre que la evolución sanitaria así lo permita.

En el escenario pandémico actual, las pérdidas económicas de los clubes de fútbol de toda Europa se han disparado, y competiciones como la española ya ponen números a su sangría particular. Según el informe realizado por la consultora PwC en colaboración con LaLiga y que la entidad presentó el pasado martes, el impacto de la pandemia en el fútbol español en su cuenta de ingresos —atendiendo al periodo comprendido entre el mes de marzo de 2020 y hasta la conclusión del presente campeonato— será de 2.013 millones de euros: 366 millones de la temporada 2019-2020 y 1.647 millones de la 2020-2021. Esta cantidad acumulada es la suma de las pérdidas recogidas en las cuatro partidas principales de las que se nutren los clubes: 848 millones por el día de partido (matchday), 146 por derechos de retransmisión, 221 por comercialización, 727 por ingresos en traspasos de jugadores y 71 millones por publicidad.

Carteles en las gradas simulan espectadores en el estadio del Fenerbahçe (Estambul) el pasado mes de junio.
Carteles en las gradas simulan espectadores en el estadio del Fenerbahçe (Estambul) el pasado mes de junio.Chris McGrath

Para compensar este importante retroceso en la facturación, durante estos últimos 12 meses los clubes españoles han realizado un recorte en sus gastos que el estudio cuantifica en 984 millones, por lo que el impacto neto del virus se reducirá, superará ligeramente los 1.000 millones (1.030).

Los clubes principalmente damnificados por la covid-19 han sido aquellos con los ingresos más altos en todas estas áreas, como lo son en España el Barcelona —que cerró el último ejercicio con 97 millones de pérdidas después de impuestos y pronostica una merma de 199 millones en ingresos para el siguiente— y el Real Madrid, que aunque culminó su último presupuesto con un ligero equilibrio (+0,9 millones), proyecta una reducción en ingresos del 14% para la actual campaña debido a la caída de aportaciones en concepto de matchday (taquilla y contribuciones de socios y abonados) y de la venta de productos oficiales, y la imposibilidad de explotación de sus instalaciones, algo que también está afectando al Barça.

Extrapolando el agujero contable a la esfera mundial, la ­FIFA, el máximo organismo futbolístico internacional, también ha difundido recientemente sus cálcu­los acerca de la debacle, que redondea en 12.000 millones de euros de pérdida de ingresos. Olli Rehn, presidente de la comisión de la FIFA encargada del programa Plan de Apoyo covid-19 para ayudar a las federaciones que componen este organismo —dotado con 1.260 millones para subvenciones y préstamos—, asegura que “los clubes y asociaciones miembros de Europa fueron los más afectados en términos absolutos”, pero que “relativamente han sufrido más fuera de Europa, especialmente en Sudamérica”. Rehn calcula que la industria del fútbol en el mundo antes de la pandemia movía entre 40.000 y 45.000 millones de dólares al año (entre 33.000 y 37.500 millones de euros) solo en las competiciones de clubes.

Crecimiento efervescente

La irrupción de la pandemia ha supuesto la congelación de un negocio al alza durante los últimos años que se había aproximado o incluso rebasado en varios apartados —como en el de la cada vez más próspera venta de derechos de retransmisión o el incremento de las cantidades invertidas en el traspaso de futbolistas— al concepto de burbuja. ¿La ha pinchado entonces el virus? “Yo diría que sí, que ha habido un pinchazo, pero no que la burbuja se haya pinchado por completo”, apunta José María Gay de Liébana, doctor en Economía y Derecho, y profesor titular de Economía Financiera y Contabilidad en la Universidad de Barcelona.

“No considero que haya existido una burbuja en la medida en la que toda la industria del fútbol profesional estaba generando beneficios y no pérdidas”, defiende José Guerra, director general corporativo de LaLiga. “Lo que se ha producido es un impacto económico que ha repercutido en los jugadores, que por otro lado son la cuenta de gastos más elevada que hay en cualquier club. Además, nosotros calculamos que en dos temporadas podrían recuperarse ya las cifras que se manejaban antes de la pandemia”, augura.

La venta de los derechos de imagen de LaLiga experimentó su eclosión en España el 2 de mayo de 2015, cuando entró en vigor el Real Decreto-ley 5/2015, por el que se implantó un sistema de comercialización centralizada de los derechos audiovisuales de las principales competiciones españolas —Primera División, Segunda División, Copa del Rey y Supercopa de España— similar al que ya se empleaba en otros países europeos. Este nuevo modelo, además de entregar a los organismos reguladores la potestad de negociar por el lote completo de la competición (previamente a este cambio normativo muchos equipos lo hacían por su cuenta), recoge también un sistema de reparto de los ingresos más generoso; un control financiero sobre las cuentas; un fondo de compensación para los clubes que desciendan de categoría; y la imposición de destinar esos ingresos a cancelar, garantizar o contribuir al pago de las deudas de las entidades o clubes con la Administración Tributaria y la Seguridad Social.

Toda una carta de ajuste con la que LaLiga y la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) pusieron coto a un mercado que desde ese momento entró a competir directamente al más alto nivel: de los poco más de 765 millones de euros que se obtuvieron por derechos de retransmisión en la temporada 2013-2014 —la última con la regulación antigua—, se pasó en la siguiente negociación a los 1.500 millones, casi el doble.

En junio de 2018, LaLiga anunció las cifras de la venta de los derechos de explotación de contenidos audiovisuales del Campeonato Nacional de Liga de Primera y Segunda División en España y Andorra para las temporadas 2019-2020, 2020-2021 y 2021-2022. El importe total del trienio fue de 3.421 millones de euros (1.140 millones por temporada), lo que supuso un incremento del 15% respecto a los cuatro lotes equivalentes en el trienio anterior (2.978 millones). Sin embargo, las retransmisiones de los partidos se han devaluado con la llegada del coronavirus. Las televisiones son conscientes de que la falta de público merma el impacto del producto sobre sus abonados, por lo que desde LaLiga reformularon las cantidades pactadas para esta temporada, acordando una rebaja que no impactase profundamente en las cuentas de los clubes.

Esa merma, que se fijó finalmente en 88 millones de euros para la pasada temporada (un 5% menos) y en 58 millones para la actual (-3%), ha sido, sin embargo, muy inferior a la que se han visto obligadas a realizar las demás competiciones europeas: la Premier League redujo la cantidad en un 16%, la Serie A un 13%, la Bundesliga un 18% y la Ligue 1 (que vivió una sacudida sin precedentes con la renuncia de Mediapro a los derechos en diciembre por considerar que no podría rentabilizar la inversión y que Canal+ Francia terminó adquiriendo) un 30%.

El temor resultante de todos estos movimientos a la baja es una rebaja de la posición negociadora de las competiciones ante las televisiones en las próximas renovaciones. Una circunstancia que no es ajena para ninguna de las partes. “Ciertamente va a haber una corrección y esto se puede ver e interpretar como una deflación de los derechos. Durante los últimos 20 o 30 años hemos visto cómo se ha pagado una enorme cantidad de dinero por ellos, y no creo que vaya a suceder tanto en el futuro”, advirtió Simon Green, jefe de la cadena de televisión británica de pago BT Sports, durante el foro Business of Football Summit 2020 organizado por el Financial Times el pasado mes de febrero.

“El fútbol lo componen los estadios, la gente, la euforia, el de­sen­canto, los gritos… Es una industria social, y esto con el virus se ha perdido. Me da cierto miedo que en estos momentos se está produciendo una desafección del fútbol. Verlo por televisión, pero enlatado, sin emociones, está restando el entusiasmo”, incide Gay de Liébana, cuya valoración, además de apelar al sentimiento del aficionado, también se orienta a las consecuencias económicas que se derivarían de este desenamoramiento: “El fútbol es el medio para llegar a una serie de gente, por lo que, si el fútbol pierde interés, puede que los patrocinadores se vayan de los clubes. Y si esto es así, ¿qué pasará con los operadores televisivos? Todo esto supondría un recorte de ingresos en todos los niveles”.

Señales de cansancio

Según el informe Football Money League 2021, elaborado por Deloitte, la Liga inglesa vendió sus derechos de retransmisión a Sky y BT Sports —que se repartieron los distintos paquetes— para las temporadas 2019-2020 y 2020-2021 por 1.700 millones de libras (1.975 millones de euros) y 1.500 millones de libras (1.743 millones de euros), respectivamente; una cantidad superior en un 8% a la obtenida en las dos anteriores campañas. Sin embargo, que el valor de la última temporada fuera inferior a la de la anterior —algo que no había pasado antes— ya advertía, cuando menos, de un estancamiento en el crecimiento de la curva de ventas.

En ese mismo informe se ponen cifras a la pérdida de ingresos para esta temporada en aquellos 20 clubes que disponen de una mayor capacidad para atraerlos: 2.000 millones de euros; una caída que supera los 1.083 millones que dejaron de percibir en la temporada coronavírica. Casi la mitad de esta cifra, 937 millones, Deloitte la atribuye a los derechos de retransmisión perdidos (un 23% del montante acordado), a partir de los reembolsos a las cadenas de televisión y las emisoras por el periodo en el que las competiciones se mantuvieron interrumpidas. A ellos incorpora también la caída de los ingresos de las jornadas que se cancelaron, pospusieron o se terminaron celebrando a puerta cerrada —en todas ellas la taquilla se vio anulada—, y que estima en 257 millones de euros (-17%).

Luis García es el gestor del fondo Mapfre Behavioral Fund, que invierte el 10% de su patrimonio en tres clubes: Borussia Dortmund (Alemania), Olympique de Lyon (Francia) y Ajax (Holanda). Tres clubes de tres países diferentes que comparten, sin embargo, una misma filosofía deportiva basada en la formación y revalorización de sus jugadores de la que se han beneficiado en los últimos años con traspasos multimillonarios. Ese acierto les ha servido de colchón para afrontar la situación actual. “El impacto financiero de la covid-19 en el negocio del fútbol, que podría encuadrarse en el largo plazo, ha sido significativo en las cuentas de los clubes, como lo ha sido también en otras muchas empresas que no han despertado las mismas suspicacias. Sin embargo, los números de estos tres clubes en los que hemos invertido, aun contabilizando el daño de la pandemia, siguen siendo bastante buenos”, señala García. “En cuanto a la situación del mercado a corto plazo, hay algo más de ruido porque el mundo del fútbol es muy emocional y el impacto es muy visible: basta con observar que en las gradas no hay gente para que se mantenga el recelo”, añade.

Sin embargo, los plazos de recuperación de las cifras prepandémicas que manejan los fondos de inversión no son muy diferentes de las cábalas que realizan las propias competiciones, que convergen en señalar una recuperación a dos años vista. “Es curioso comprobar, en cambio, cómo en el mercado bursátil se han ido recuperando las acciones de compañías de otros sectores que se sitúan hoy en niveles iguales o superiores a los de marzo del año pasado. Y, por el contrario, las acciones de estos tres clubes siguen estando a la mitad. Tiene que ver con esa parte emocional que despierta el fútbol”, completa García.

“Es cierto que en los últimos años se estaba dando una tendencia sospechosa en las ventas de los derechos que España no estaba padeciendo, pero Inglaterra sí, por la estrechísima relación que hay entre la Liga inglesa y los países asiáticos. Era un aviso. LaLiga está resistiendo razonablemente bien, aunque está claro que los ingresos de las televisiones bajarán en la próxima negociación porque el escenario es peor”, reconoce José Antonio Martín, Petón, exfutbolista, consejero responsable del área deportiva del Huesca y consejero delegado de la empresa de representación de jugadores Bahía Internacional, una de las firmas de agentes que ha encauzado algunos de los traspasos más elevados de los últimos años.

“En un escenario sin pandemia, el crecimiento de los contratos televisivos se iba a estabilizar e iba a ser más sostenido, como en cualquier sector. Los crecimientos de dos dígitos iban a pasar a la historia”, amplía Jon Ander Ulazia, consejero delegado del Eibar. Su club, mucho más dependiente de estos ingresos que de otras partidas —su estadio cuenta con apenas 8.164 localidades, el segundo más pequeño de Primera, por lo que los ingresos por la venta de localidades son reducidos—, proyecta pérdidas de tres millones de euros para el presente ejercicio. “Puede parecer poco, pero suponen un 10% de nuestro presupuesto”, señala el mandatario.

La reducción del gasto en los fichajes, la principal solución adoptada por los clubes —especialmente los españoles— para detener la hemorragia, puede no resultar en sí misma la solución al problema. “Las nóminas de los futbolistas también van a ir a la baja”, incide Gay de Liébana. De hecho, muchos clubes han acordado o están negociando la rebaja de las fichas de los jugadores, una partida que se lleva en muchos casos el 60% o el 70% de los presupuestos. Es un peso de la masa salarial de la plantilla impensable en cualquier otro negocio.

“Estamos ante un año de dimensionamiento. Superado 2020, que ha sido un año de shock sanitario y económico sin precedentes, todos estamos reaccionando y adecuándonos al nuevo escenario. Y los clubes de fútbol tendrán que modular el gasto de personal y las amortizaciones de los futbolistas, que son las partidas principales para ajustar la bajada de ingresos. Tendrá que ser así porque no habrá capacidad de endeudamiento para hacer frente a la compra de futbolistas de primer o segundo nivel, al menos en España”, pronostica Ulazia. “Vamos a ver un vaciado de plantillas más allá de muchas incorporaciones. Esto llevará de nuevo a mirar al fútbol de cantera”, remacha.

Recuperar la seducción

Ante esta concatenación de agujeros por los que se esfuman los recursos necesarios para alimentar el negocio del fútbol, ¿qué escapatoria les queda a los clubes? “Deben ganar capacidad de atracción”, sugiere Gay de Liébana. “Primero, tratando de reenganchar a los futboleros que les han abandonado, y, en segundo lugar, captando la atención de los mileniales. Si ya estamos viendo cómo tiendas físicas como las de Inditex están cerrando para dirigirse al comercio electrónico, el fútbol también tendrá que reinventarse. No puede seguir siendo un producto que únicamente pueda disfrutarse a través de la televisión, sino que tendrá que penetrar también a través de las redes sociales”. Ulazia comparte esta idea. “Tendremos que reinventarnos para poder seguir en los valores en los que nos movíamos. Está en nuestra mano. Avanzar en el proceso de digitalización es algo que suena muy manido, pero los clubes tenemos que movernos a la velocidad de la luz para adaptarnos a ese proceso”, concede.

A diferencia de lo que ocurre en muchos países europeos, ningún club español cotiza en Bolsa. Sin embargo, la covid podría acelerar el salto al parqué de algún equipo. Javier Torres, responsable de Deporte de KPMG en España, escribía recientemente un artículo que apuntaba a esta alternativa de financiación en un momento de crisis como el actual. “Sí que vemos posible que algún club español se anime a explorar una salida a Bolsa, una vez la competición vuelva a la plena normalidad y los aficionados llenen de nuevo los estadios” señala. “Las cifras de ingresos de las principales ligas europeas, en especial la española, han experimentado un fuerte crecimiento en los últimos 10 años y creemos que esta tendencia aún tiene recorrido. Tal y como demuestra la evolución reciente de las valoraciones de los diferentes sectores, los inversores tienen ahora mismo una clara preferencia por los valores con alto potencial de crecimiento, estando por tanto el sector del fútbol muy bien posicionado para captar ese apetito inversor”, concluye Torres.

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