Oftalmología

El buen ojo de la clínica Baviera

El grupo oftalmológico, propiedad del empresario chino Chen Bang y dirigido por la familia fundadora, sortea 2020 con más beneficios

Revisión oftalmológica en un centro de la cadena de clínicas Baviera.
Revisión oftalmológica en un centro de la cadena de clínicas Baviera.

Cuando estalló la pandemia, Clínica Baviera se puso en modo supervivencia: eliminó el dividendo con cargo a 2019, suscribió dos préstamos a cinco años en el mes de marzo por 10 millones de euros; contrató un mes después una línea de crédito de otros 10 millones y presentó un ERTE para el 87% de la plantilla en España y figuras análogas en Italia y Alemania (con lo que se ahorró 1,3 millones en cuotas a la seguridad social). También renegoció contratos con proveedores y acreedores y eliminó a su mínima expresión el gasto en campañas de marketing. El resultado, un año después, es que ha aumentado sus beneficios un 9% con una facturación de 122 millones, solo un 1,4% menor a la de la etapa pre-pandémica. Y eso que durante los confinamientos sus centros estuvieron cerrados, solo pendientes de atender las urgencias. El resultado es que la tesorería del grupo tiene ahora 10,6 millones (al cierre de 2019 tenían una deuda neta de 5,8), y piensan abrir más clínicas.

“Hemos superado el año uno de la pandemia. Hemos sufrido, pero tenemos que abordar el 2021 con fuerza”, resume su fundador y consejero delegado, Eduardo Baviera. Él es, junto con su hermano Julio, la cara visible de un grupo que desde 2017 está en manos de Chen Bang (79% de las acciones), una de las mayores fortunas de China y dueño de la cadena sanitaria Aier Eye Hospital Group. Un socio que, describe Baviera, “es un gigante, con 400 clínicas, 40.000 empleados. Nos aporta conocimiento para saber cómo afrontar el futuro; visión estratégica a la hora de tomar decisiones clave, aunque en el terreno trabajamos de forma independiente”.

La cooperación entre el grupo chino y la española se cristaliza en una empresa, Aier Global Vision Care, de la que Baviera es consejero, y desde la que fluye la relación “para transversalizar el conocimiento de la mejor forma posible”. Aunque Baviera es para los inversores una rama de negocio muy pequeña, compuesta por 88 centros oftalmológicos en España (59), Alemania (22), Italia (6) y Austria (1). Todas las clínicas son propias, con 1.211 personas de plantilla, la gran mayoría a tiempo completo y dedicación exclusiva (solo una pequeña parte compatibiliza su labor con la sanidad pública).

La pandemia ha impactado en una parte de la población, las personas mayores, que son uno de los grupos de clientes más amplios para Baviera, normalmente para tratar patologías relacionadas con la retina y cataratas. Aunque su estrategia se dirige ahora a ampliar mercado en otro segmento: el de personas entre 45 y 75 años que en su mayoría presenta vista cansada. Lo describió durante la presentación de resultados Fernando Llovet, director médico y también cofundador de la cadena: “Tenemos el reto de la cirugía de la presbicia, que supone un porcentaje importante de nuestra actividad quirúrgica. Ya estamos en disposición de operar la presbicia con la misma eficacia y seguridad que la cirugía refractiva”.

Quieren que esa intervención se convierta en algo tan común como el tratamiento de patologías oculares como la miopía, hipermetropía o astigmatismo en las personas que no quieren depender de las gafas y se operan. “De vista cansada se opera muy poca gente, un 1% o un 2%. Imagínese si queda recorrido, porque los que lo hacen están muy contentos”, apoya el consejero delegado.

Paralelamente, han ampliado sus servicios de telemedicina empujados por los confinamientos. “Llevábamos dos años con la transformación digital. La situación se aceleró el año pasado, la mentalidad de nuestros médicos y nuestro personal nos ayudó”, cuenta el ejecutivo. Ahora realizan unas 1.000 videoconsultas mensuales y dicen que los pacientes se sienten más informados, porque pueden resolver dudas antes de acudir a la consulta, “y tienen la tranquilidad de poder tener siempre a alguien al otro lado”.

Por ahora no han notado otro de los impactos de esta crisis: la menor capacidad económica de sus clientes. “Somos prudentes en el ámbito económico. Si como dicen los principales organismos la tasa de desempleo sube, pues eso nos impactará. Aquí juegan dos fuerzas contrapuestas: nuestra buena tendencia de popularización y captación [de clientes] y, en contra, la posición económica individual de cada paciente. Nos adaptaremos, para eso somos una empresa sin deuda”. La morosidad, por ahora, la mantienen a raya ya que cobran al día los tratamientos. Tampoco van a modificar sus tarifas —”no es el momento”—.

Cuentan además con otro viento de cola: el auge de la sanidad privada en pleno desbordamiento de la pública. De hecho, están haciendo más operaciones de cataratas que antes de la covid y en varias comunidades realizan operaciones con acuerdos con el servicio público. En mercados como Alemania, sus ventas incluso han crecido. Por eso sorprende que la cotización de la compañía se mantenga plana, quizá porque es un valor con poco movimiento en el mercado. “Sin duda, eso es una realidad, y eso afecta a la atracción de potenciales inversores. Ha sido un año en el que muchas compañías han bajado la cotización, nosotras hemos crecido en beneficios un 9%, me imagino que hay cierta prudencia en los inversores en cuanto a la visibilidad de 2021 y 2022. Parece que estamos saliendo con las vacunas, pero el impacto en la economía global aún es impredecible”.

El plan de inversión de 2021 del grupo se llevará casi la totalidad del beneficio cosechado el año pasado y sus pasos van en varias direcciones. Hablan de dar un impulso a su unidad de retina, nuevas aperturas y la modernización de las instalaciones actuales. También han puesto en marcha Baviera Academy, para impulsar la formación y el conocimiento. Siempre confiando en que los accionistas continuarán apoyando a la compañía sin prisas por crecer.

“Hemos adquirido clínicas locales, aunque más que clínicas fueron personas que se incorporaron en el proyecto. No pensamos en las franquicias, no va con nuestra forma de entender la medicina ni el modelo de negocio. Creemos que se pierden ciertos protocolos, o cierto rigor, o que no es tan fácil. Pero somos de crecimiento orgánico. Es más lento, pero más seguro, predecible, tiene menos riesgos”, defiende el consejero delegado. Dice que los accionistas le acompañan en su forma de entender el negocio. “Recuerdo que me dijeron al entrar: “Que todo siga igual”. Evidentemente no puede ser igual porque la vida va cambiando, pero capté que les gustaba un crecimiento pausado”.


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