El turismo se ahoga en deudas

Las empresas refinancian sus préstamos y se reestructuran a la espera de ayudas directas para poder sobrevivir a un verano incierto

Hotel Eurostars, de Hotusa, que ha recurrido al fondo de rescate, en Madrid.
Hotel Eurostars, de Hotusa, que ha recurrido al fondo de rescate, en Madrid.KIKE PARA

El peor año de la historia del turismo se ha saldado con un tejido empresarial que acumula pérdidas millonarias, tiene las plantillas paralizadas y balances cargados de préstamos avalados por el ICO que difícilmente podrán empezar a devolver a partir de marzo si continúan sin ingresos. El pasado ejercicio, las compañías del sector registraron caídas de su facturación cercanas al 70%, según la agrupación Exceltur. Agencias de viajes, operadores de ocio, hoteles urbanos y transportes fueron los negocios más castigados.

2020 también ha dejado las primeras víctimas, que quizás hayan sido menos de las esperables tras un año de pandemia, de cierres y de cajas registradoras congeladas. Ejercicios previos de récord en la llegada de visitantes extranjeros, y por lo tanto de ingresos, han sido uno de los diques de contención, igual que las ayudas estatales en forma de ERTE o de avales bancarios. “A diferencia de la crisis anterior, esta ha cogido a las empresas más saneadas, con menor nivel de apalancamiento, por eso solo han caído algunas firmas pequeñas”, reconoce Gabriel Escarrer, consejero delegado de Meliá Hotels International, que acumula unas pérdidas de 485 millones de euros en los nueve primeros meses de 2020, que bien podrían acercarse a los 600 al cierre del ejercicio, admite. La agonía del sector es un secreto a voces que promete llevarse por delante a multitud de empresas.

Por ahora, compañías como la crucerista Pullmantur o los turoperadores Politours o Trapsatur han presentado concurso de acreedores. Otras como la cadena Hotusa acaban de solicitar el rescate del fondo de solvencia para empresas estratégicas habilitado por el Gobierno a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Es la primera de las grandes hoteleras y necesita unos 190 millones de euros. Aunque se suma a una ristra de compañías del sector que han recurrido a este salvavidas: Globalia (que ya ha recibido la correspondiente a Air Europa, de 475 millones de euros), Ávoris (la división de viajes del Grupo Barceló, donde Globalia participa con el 49,5%, que espera el visto bueno para los 240 millones solicitados en marzo); la propietaria de Trasmediterránea (Naviera Armas), el grupo turístico Wamos (matriz de las agencias de viajes Nautalia), Hoteles Tecnológicos (dueña de Petit Palace) o los grupos Abadi y SERHS, dedicados a hostelería y restauración.

El importe del salvavidas para estas compañías (8 de las 15 que han recurrido al fondo) supera los 1.000 millones de euros. Si bien se prevé que las operaciones vayan en aumento de aquí al mes de marzo, que es cuando las empresas cerrarán sus cuentas de 2020 y sabrán a ciencia cierta sus posibilidades para sobrevivir.

Esas compañías son las caras más visibles de los estragos causados por la pandemia en una industria que representaba el 12,4% del PIB en 2019 y que un año después apenas si supone un 4,3%. Sorprende, en opinión de Yago Fernández, socio de la consultora Álvarez Marsal, que el sector no cuente con un plan público de rescate específico como se está viendo en otros países. Máxime “en un momento en el que las compañías turísticas se enfrentan a un proceso de reestructuración generalizado”. Desde noviembre la consultora trabaja en la petición de nuevas carencias y plazos para los créditos ICO y en la refinanciación de la deuda de sus clientes. Son sobre todo procesos de recapitalización, indica Laura Hernando, socia de Colliers International, ante la falta de ayudas directas.

“Hay compañías que buscan financiación privada ya sea a través de fondos de deuda, que cuestan tres o cuatro veces más que la deuda bancaria, o mediante la venta de activos, donde el problema es que los compradores ofrecen descuentos del 30% o 40% y los accionistas prefieren optar por una financiación más cara”, prosigue Fernández.

Oleada de ventas

“El mercado está lleno de hoteles, aunque las empresas no quieren reconocer que pretenden venderlos”, indica Coré Martín, responsable de inversión de Christie & Co. Tryp, Hotusa, Rui, H10, NH... son algunas de las enseñas que quieren desprenderse de activos para conseguir liquidez. Del otro lado, muchos inversores internacionales están llamando directamente a la puerta de las cadenas más asfixiadas bien para adquirir sus edificios o bien para ofrecerse como socios financieros. Se trata de fondos de inversión tan conocidos como Goldman Sachs, Blackstone, Pygmalion, Apollo o Cerberus. “En los próximos dos meses anunciarán compras de carteras; para adquirir cadenas enteras aún es pronto, seguramente a partir del verano”, estima Martín.

Ya hay quien se plantea operaciones de venta, fusiones y adquisiciones para ganar liquidez con la que apuntalar su solvencia, apunta Bernardo Gutiérrez de la Roza, consejero delegado de Ontier. “Se observa un mayor incremento de operaciones corporativas, hasta ahora más vinculadas a aprovechar el momento para rotar activos, desinvertir para obtener liquidez o bien dar entrada a inversores en el capital que refuercen el posicionamiento de cara a una mayor consolidación de la industria”, apoya Arturo Gayoso, socio de Financial Advisory de Deloitte. Porque, según Hernando, nuevos fondos de inversión están llegando al mercado hotelero. Como Alchemy o Big Asset. “Hay un interés máximo”, afirma.

El problema de estas transacciones es que la visibilidad que existe sobre la recuperación del sector turístico es nula. Una opinión que comparten los analistas bursátiles. Muchos hoteleros de Baleares y Canarias llevan un año cerrados y no saben si este verano podrán abrir. ¿Cómo calcular una operación desconociendo cuándo pueden llegar los ingresos para rentabilizarla? Desde luego, la Semana Santa se da por perdida se hable con quien se hable. Quizás algún turista español pueda dar alguna pequeña alegría al sector, pero poco más mientras el proceso de vacunación no avance más rápidamente y se despejen las amenazas de nuevas olas de coronavirus.

“Semana Santa, salvo que haya un cambio radical poco probable, no va a haber. Y el verano es dudoso”, analiza Raúl González, consejero delegado de Barceló Hoteles para Europa, Oriente Medio y África. Con la mitad de su planta hotelera cerrada, y una ocupación en España del 15%, “el panorama es desolador”, dice. Grupo Barceló cerrará 2020 con una caída de ingresos del 70% y “vamos a batir el récord en negativo”, señala González, que prevé que pérdidas superiores a 100 millones de euros.

Por el momento, los descuentos en los precios hoteleros registrados por Colliers en 2020 se movieron entre el 8% y el 12%, todavía muy por debajo de los que exigen los fondos de inversión. Y no solo ellos. Empresas como Barceló y Meliá, en posición compradora de cadenas y carteras de establecimientos, esperan como mínimo rebajas del 20% sobre los precios previos a la pandemia para cerrar operaciones. Ambas creen que llegarán a partir de la segunda parte del año.

Recuperación

Todo se fía a después del verano. Da igual que sean operaciones corporativas, compras de activos o concursos y quiebras. Cuando se empiecen a ver transacciones y los descuentos que llevan aparejados, las empresas perderán el miedo, estiman los expertos. Puede que en 2021 la inversión hotelera, que el año pasado movió 955 millones de euros, un 62% menos que en 2019, se duplique. Colliers contabiliza operaciones en curso por valor de 1.450 millones de euros.

Sin embargo, la llegada de la recuperación se dibuja mucho más lejana. “No creo que recuperemos el nivel de ingresos de 2019 hasta 2024. Con suerte en algunos hoteles llegará antes, en 2022 o 2023, pero luego habrá que recuperar las tarifas”, aprecia el consejero delegado de Barceló. El de Meliá la fía para 2023. Y llegará antes al segmento vacacional que al urbano, estima Escarrer, que prevé que este verano se pueda facturar la mitad que en el último año sin coronavirus y que las tensiones de caja, de liquidez y de deuda de las empresas viables del sector desemboquen en concursos y quiebras “porque es muy difícil aguantar prácticamente sin ingresos y sin ayudas durante 18 meses”. Su esperanza está puesta en las ayudas que sopesa el Gobierno para devolver la solvencia a las empresas viables.

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