LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

“Es muy triste ver el edificio vacío, todo en silencio”

La falta de viajeros deja cientos de habitaciones desiertas y decenas de empleos vinculados con la actividad hotelera en el alambre

Desde la izquierda, Manuel Vega, Miriam Suárez, Antoni Mayol y Antonio de Miguel.
Desde la izquierda, Manuel Vega, Miriam Suárez, Antoni Mayol y Antonio de Miguel.
Madrid, Las Palmas de Gran Canaria, Palma, Barcelona - 06 feb 2021 - 23:30 UTC

La baja actividad turística pone a los hoteles en un brete. Eso deja establecimientos con cientos de habitaciones vacías. Y miles de empleos que penden de un hilo. Porque el cierre de estos alojamientos deja mucho más que un edificio desierto: hay detrás toda una cadena de valor afectada, desde el recepcionista que atiende a los viajeros a la llegada al hotel hasta empresas externas que dependen de esta actividad. EL PAÍS realiza un repaso de los empleos afectados por un desastre que todavía no ha acabado:

Recepción

Sasha von Gonstomski, recepcionista del hotel  Gloria Palace, en Gran Canaria.
Sasha von Gonstomski, recepcionista del hotel Gloria Palace, en Gran Canaria.quique curbelo

Sasha von Gonstomski, de 45 años, oriundo de Múnich, reside en Gran Canaria desde los cuatro años. Hasta que entró en el ERTE, llevaba ocho años como recepcionista en el hotel Gloria Palace. “La situación es muy difícil”, explica en su casa, en el municipio de San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria). “Lo noto económicamente: cobro mucho menos y no me entran propinas”.

Tras estudiar hostelería, comenzó su carrera en diversos establecimientos de las islas. “Todo volverá a su cauce tarde o temprano, pero no puedo evitar estar preocupado”, confiesa. El golpe le llega además por una doble vía: “Tengo un apartamento que suelo alquilar por Airbnb y lleva tiempo vacío”.

Limpieza

Miriam Suárez, camarera de piso en un hotel de Barcelona, el 29 de enero.
Miriam Suárez, camarera de piso en un hotel de Barcelona, el 29 de enero.Consuelo Bautista

Cuando Miriam Suárez llegó de Ecuador, en 1999, encontró trabajo de camarera de piso en hoteles. Tenía que limpiar y preparar 11 habitaciones en ocho horas. Más de 20 años más tarde, la ratio es de 30 habitaciones en esas mismas ocho horas. Si las condiciones ya eran duras, ahora, con la pandemia, todavía lo son más. Trabajaba en un hotel pequeño del centro de Barcelona desde hacía dos años, a media jornada, por 740 euros al mes. Por la pandemia, está en ERTE, que solo cubre el 70% de su salario. Es decir, tiene 518 euros mensuales para vivir.

“Dime cómo puedo aguantar. Encima, por los problemas del SEPE, los dos primeros meses no cobré”, se queja. Pese a todo, se considera afortunada, ya que muchas de sus compañeras fueron al paro.

Camareros

Jesús Lodeiro, camarero en el hotel Sofía de Barcelona, el 29 de enero.
Jesús Lodeiro, camarero en el hotel Sofía de Barcelona, el 29 de enero.©Consuelo Bautista

Jesús Lodeiro nunca había estado tanto tiempo parado. Llevaba 41 años trabajando como camarero en el restaurante de un establecimiento de lujo, el hotel Sofía de Barcelona (antes llamado Princesa Sofía). La dirección ya ha estudiado reabrir, pero lo ha desestimado. “Hace casi un año que estamos en el paro. Los compañeros están sufriendo mucho porque no vemos la luz al final del túnel”, lamenta.

Lodeiro trabaja como camarero en banquetes, así que prevé que será de los últimos en recuperar el empleo. “Hay compañeros que han buscado otros trabajos porque no llegan a final de mes. La situación es para tirar la toalla”, sentencia.

Mantenimiento

Manuel Vega, jefe de mantenimiento del hotel Wellington, el 29 de enero en Madrid.
Manuel Vega, jefe de mantenimiento del hotel Wellington, el 29 de enero en Madrid.Santi Burgos

Entre los empleados de mantenimiento, el coronavirus ha incrementado sus trabajos, según explica Manuel Vega, jefe de estas labores en el hotel Wellington, en Madrid. “Hemos tenido mucha más tarea para mantener el edificio en condiciones. Un edificio parado y sin funcionamiento envejece muy rápido”, explica.

Además, cuenta que el hotel ha aprovechado el parón para realizar obras y reparaciones que en circunstancias normales no se podían hacer, como el cambio de la cocina. Estos quehaceres le han ayudado a llevar mejor la crisis: “Me ha servido para evitar pensar en la situación. Impacta mucho ver el hotel vacío, todo en silencio... Es muy triste. Sobre todo al inicio, ahora ya se va viendo algo más de vida y alegría”, relata Vega. De cara al futuro, cree que quedan meses difíciles, aunque confía en la recuperación.

Jardinería

Francisco Lloret, trabajador de una empresa de jardinería, el 29 de enero en Las Palmas.
Francisco Lloret, trabajador de una empresa de jardinería, el 29 de enero en Las Palmas.quique curbelo

Francisco Lloret (47 años) ha desarrollado su carrera en agencias de viaje. Y hace un año y medio comenzó a trabajar en una empresa de paisajismo, jardinería y mantenimiento de jardines como encargado de proyectos. “Pero entonces llegó la pandemia y todo se detuvo”, explica.

Estuvo en ERTE hasta agosto: “En verano, la compañía constató que el cierre de hoteles bajó mucho la demanda de servicios, lo que me ha llevado a trabajar como un jardinero más: plantando, regando, podando… Lo que sea”. Las perspectivas laborales no son buenas, al menos a corto plazo. Una vez finalizados los seis meses tras el ERTE, y con la finalización de su contrato, teme que termine pasando a engrosar las filas del paro.

Lavandería

Bernardino Salom, el 27 de enero en una de las tintorerías La Real, en Palma.
Bernardino Salom, el 27 de enero en una de las tintorerías La Real, en Palma.FRANCISCO UBILLA

El negocio de Bernardino Salom ha caído un 70% por el hundimiento del turismo. El propietario de las lavanderías-tintorerías La Real, en Palma, trabaja con la ropa de la clientela de los hoteles y el menaje de los apartamentos turísticos. La caída al vacío del sector ha provocado un efecto dominó que ha llegado a negocios como el suyo, que tiene a cinco empleados trabajando y a seis en ERTE del que no les podrá sacar a corto plazo. “Los ánimos están por los suelos”, admite, aunque espera cierta reactivación tras la Semana Santa.

Las lavanderías industriales, que se dedicaban únicamente a trabajar con hoteles, han pasado de limpiar hasta 35.000 kilos de ropa al día a apenas una tercera parte. Salom, propietario de esta lavandería desde hace 27 años, confía en no tener que cerrar, aunque sí reconoce su preocupación por lo que le deparará el futuro.

Proveedores

Antonio de Miguel, director general de la empresa proveedora de alimentos para hoteles y restaurantes Antonio de Miguel, el 29 de enero.
Antonio de Miguel, director general de la empresa proveedora de alimentos para hoteles y restaurantes Antonio de Miguel, el 29 de enero.Santi Burgos

El castillo de naipes turístico se ha desmoronado y como no podía ser de otra forma ha llegado a las empresas externas que dependen de la actividad hotelera. Entre ellas, proveedoras de productos de alimentación como Antonio de Miguel. La firma, que trabaja con grupos como NH, Paradores, Meliá y Palladium, entre otros, ha reducido su cifra de negocio a la mitad en 2020. “Nuestros clientes son hoteles, restaurantes y catering, todos muy afectados. Solo de los hoteles depende un 30% de nuestra facturación, que es la que más ha bajado”, relata Antonio de Miguel, director general de la empresa.

En su caso, la crisis le ha llegado en buena situación financiera, aunque acabó 2020 en pérdidas. “Estos primeros cuatro meses serán de nuevo malos y esperamos que a partir de mayo vuelva una cierta normalidad”, confía. Del centenar de trabajadores de la firma, el 16% sigue en ERTE, aunque el compromiso es claro: “No queremos despedir a nadie. Esta es la peor crisis que hemos tenido, pero vamos a salir adelante. La luz al final del túnel está cerca”.

Dirección

Antoni Mayol, el 28 de enero, en uno de los pasillos del hotel Morlans Garden, en Paguera (Mallorca).
Antoni Mayol, el 28 de enero, en uno de los pasillos del hotel Morlans Garden, en Paguera (Mallorca).FRANCISCO UBILLA

Antoni Mayol es el director de Morlans Hotels, que cuenta con tres pequeños establecimientos en la zona de Paguera (Mallorca). Sus establecimientos están cerrados desde octubre, con sus 60 trabajadores en ERTE. Preveían abrir el 1 de febrero, aunque ya lo han atrasado hasta el 1 de abril: “Por no irnos ya al 1 de junio. El contexto es mucho peor de lo que preveíamos”, reconoce.

Mayol, que se crio con sus hermanos en el hotel, está preocupado por la situación financiera que arrastra la firma. Tanto que se plantea incluso medidas más drásticas como vender los establecimientos si no cambian las cosas: “La situación es dramática”, zanja.

Archivado En:

Más información

¿y tú qué piensas?

Normas