Opinión
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Un BCE verde y activista

En el Fórum de Sintra se escucharon las propuestas ecológicas y expansionistas que marcarán el futuro de la entidad

Fachada del Banco Central Europeo en Fráncfort, en una foto de archivo.
Fachada del Banco Central Europeo en Fráncfort, en una foto de archivo.DANIEL ROLAND / AFP

Además de tabular los mensajes de los gobernadores, el Fórum de Sintra –esta vez virtual– brinda una implícita “forward guidance”: una aguja de marear, una hoja de ruta, una orientación estratégica al mercado sobre la futura política monetaria. Una tarea hoy esencial de los bancos centrales. Es implícita pues la acarrean los académicos. Pero su sola selección como ponentes, nunca ingenua, marca la pauta.

Así que de sus propuestas se percibe el hilo conductor de cómo quiere ser el BCE de Christine Lagarde. Impulsor de la transformación verde, patrón de las políticas expansionistas, pero sopesándolas, defensor de la seriedad fiscal pero alejada del rígido austeritarismo.

La estrategia ecológica viene marcada por las apelaciones al manifiesto del Grupo de los 30, que insta a los bancos centrales a “realizar stress tests climáticos” a los bancos: se trata de que condicionen su actividad prestataria al cumplimiento de unos mínimos comunes a las empresas. Por eso el holandés Frederick Van der Ploeg reivindicó encarecer las emisiones de dióxido de carbono mediante impuestos crecientes; y recomendó que el BCE acompañe a las empresas en su transición hacia la toxicidad cero, so pena de súbitos descalabros. Para acabar proponiendo que si los grupos de presión frustran la política verde, “deberíamos crear un banco central independiente del carbono cuyo primer mandato sea que la temperatura y las emisiones se reduzcan por debajo de sus techos”.

El activismo expansionista que incluya a todos los agentes se postuló para la política fiscal, cuando Evi Pappa, de la Universidad Carlos III, evidenció que hay un mejor camino a la seriedad fiscal que el Pacto de Estabilidad: las “reglas de gasto” (limitando su crecimiento en relación con el del PIB) “han demostrado ser más efectivas para reducir la acumulación de deuda”. O en la discusión sobre la revisión del actual objetivo de inflación del BCE, “cerca pero por debajo” del 2%. El español Jordi Galí (de la Pompeu Fabra) defendió, con apoyo del alemán Klaus Adam (Manheim) la tesis aperturista y pro-expansiva de que “no basta con convertir en simétrico el objetivo de inflación” (aproximándose a él por encima o por debajo y no solo por debajo), sino que hay que garantizar “un cambio” del mismo. Mientras el alemán Volker Wieland (de la Goethe, en Fráncfort) recelaba de “subirlo” porque es “engañoso”: “requiere agudizar la política expansiva”. Lentamente, pero se camina.

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