crisis del coronavirus

El ocio nocturno se desangra

El sector cifra las pérdidas en unos 10.000 millones de euros, denuncia que se ha estigmatizado su actividad y pide un plan de rescate para asegurar su supervivencia

Un empleado toma la temperatura a un joven en la entrada de un pub de Marbella.
Un empleado toma la temperatura a un joven en la entrada de un pub de Marbella.Antonio Paz

La discoteca Es Paradís, en Ibiza, no ha levantado la persiana desde septiembre del año pasado. En la sala Razzmatazz, en Barcelona, no actúa ninguna banda desde marzo. El pub The Muse, en Valencia, llevaba casi tres semanas de actividad cuando a mediados de agosto se decretó el cierre para contener los rebrotes de covid-19. Historias como estas se repiten una y otra vez, y los empresarios aseguran que el ocio nocturno se desangra sin apenas ayudas. El sector, del que dependen unos 300.000 trabajadores directos e indirectos, cifra las pérdidas en unos 10.000 millones de euros.

“Yo este año puedo haber perdido 300.000 euros aproximadamente”, afirma por teléfono Pepe Aguirre, dueño de la discoteca ibicenca inaugurada hace 45 años. “Desde marzo hasta ahora podríamos decir que tuvimos unas pérdidas del 70% u 80%”, cuenta Juan Velasco, propietario de The Muse. “Hemos abierto tres meses y tres semanas este año. Y tres semanas, con el 30% de aforo. Imagínate las cajas que se harían”, añade.

El balance de la discoteca Deseo 54, también en Valencia, sigue la misma línea: “En mi caso han sido más de 200.000 euros. Ya no es lo que he dejado de facturar, sino lo que he desembolsado en todo este tiempo, sin ningún tipo de ayuda”, dice Kike Sacristán, dueño del local.

Según los datos que maneja la Federación de Empresarios de Ocio y Espectáculos España de Noche, los bares de copas pierden entre 5.000 y 25.000 euros al mes, una cifra que se eleva a los 100.000 euros en el caso de los grandes espacios. Ramón Mas, presidente de la agrupación, habla de una hemorragia que ha llevado al sector, que representa el 1,8% del PIB nacional, a la UCI: “Los meses pasan y los gastos hay que pagarlos. Y las empresas estamos teniendo un enorme problema de liquidez”. La lista de salidas de dinero incluye impuestos, luz, agua, la parte de las cuotas a la Seguridad Social no soportada por los ERTE, seguros, alarmas… Para Tito Pajares, vicepresidente de la también asociación nacional Spain Nightlife y presidente de una de las regionales madrileñas, el pago de arrendamientos es uno de los principales escollos. “La media nacional de alquiler viene a rondar desde 9.000 hasta 90.000 euros mensuales”, dice.

Las cuentas de los locales de conciertos también se tambalean. “Empiezan a caer salas que ya sabemos que no van a volver a abrir. La sala Opal, en Castellón, cierra; el café Marula de Madrid, también cierra… El goteo se ha iniciado y va a ser tremendo”, cuenta Armando Ruah, presidente de la Asociación Estatal de Salas de Música en Directo.

La Industrial Copera, un espacio de conciertos en Granada con casi tres décadas a sus espaldas, no abre desde el 13 de marzo. “Una temporada termina a finales de junio y vuelve a empezar en septiembre. Este año no tenemos ni previsión de abrir y solo hemos funcionado dos meses. Las pérdidas son increíbles”, comenta Silvia Moreno, responsable de programación. “Una cosa es, por ejemplo, la crisis de 2009, que te tenías que reinventar porque la gente nacional estaba complicada, el turista no venía… Pero es que cerrado no puedes hacer nada”, cuenta Daniel Faidella, propietario de la sala Razzmatazz, abierta hace 20 años en la Ciudad Condal.

El sector se siente maltratado. Considera que se ha estigmatizado su actividad y que se ha convertido en una cabeza de turco. También que se les ha metido en el mismo saco con fiestas y botellones ilegales, y que pesa sobre sus negocios un agravio comparativo frente a otros con aforos similares o superiores.

Sobre los episodios que saltaron a los medios este verano, entre los que estaban pistas de baile llenas de gente sin mascarilla y hasta un disc-jockey escupiendo alcohol al público, aseguran que la mayoría no provenían del ocio nocturno profesional. Y que, de haber sido así, no se puede culpar a todo un colectivo por las malas prácticas de algunos.

Previsiones

Las previsiones son poco halagüeñas. Spain Nightlife, según relata Pajares, estima que, de seguir así, hasta un 80% de los negocios no llegarán a 2021. España de Noche, por su parte, señala que el 23% ya ha cesado su actividad y que en los próximos tres meses la cifra podría alcanzar casi el 70%. “La gente está en coma. Les queda el último respiro. El escenario es completamente negro”, apunta el propietario de Deseo 54.

“O nos vamos a un plan de rescate y a ayudas directas e indirectas, potentes, para reflotar el sector o a finales de noviembre nos encontraremos en una situación dantesca”, comenta Más. Entre las medidas indirectas, se incluyen un período mayor de amortización para los créditos ICO y una normativa clara que no genere inseguridad jurídica. Respecto a la prorrogación de los ERTE, otra de las reivindicaciones del sector, el pasado martes, un día antes del vencimiento, se llegó a un acuerdo para su ampliación hasta el 31 de enero de 2021.

Respecto a esta extensión, en España de Noche señalan disgusto hacia una acumulación de la cláusula de mantenimiento de empleo, por la que los seis meses en los que no pueden despedir no comenzarán a correr hasta que no hayan finalizado los del expediente anterior. Por otro lado, en Spain Nightlife hablan de la angustia que sintieron los empresarios antes de la resolución in extremis y añaden que las ayudas para hacer frente a los gastos fijos siguen siendo necesarias.

Por ahora los locales seguirán cerrados y la incertidumbre reina al hablar de futuro. “Si tú sabes que esto va a durar tres meses más, haces tus cálculos, te aprietas el cinturón y aguantas. Pero como no sabes la fecha de apertura, estás como perdido. No sabes si te vas a arruinar y te vas a ver en la calle”, afirma Velasco. “Aparte de como empresario, yo necesito poder decirle algo a mi gente. Eso es horroroso porque hay un montón de familias que dependen de mí y no puedo decirles nada, porque nadie me dice nada a mí”, concluye Faidella.

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