El hijo de labradores que llegó a patrón bancario

Isidro Fainé ha escalado a lo más alto del sector financiero tras 39 años en La Caixa

Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria La Caixa y de CECA
Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria La Caixa y de CECAefe

Casi media vida lleva Isidro Fainé (Manresa, Barcelona; 78 años) en La Caixa. El próximo año celebrará los 40 años de su llegada. Lo hizo de la mano de Josep Vilarasau para encargarse de la red comercial, y desde entonces ha ido enlazando distintos y siempre ascendentes cargos ejecutivos. Hasta 2016, cuando se despidió de la presidencia obligado por la normativa española y en vez de mirar hacia abajo se erigió en un patrón de la entidad —sin limitación de mandato— como nuevo presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, la propietaria del 40% de las acciones del banco catalán. Desde esa posición, sin nadie que le haga sombra, acaba de conseguir su último gran sueño: absorber Bankia y crear el mayor banco por volumen de negocio en España.

Reconocido hijo de familia humilde —de “labradores”, en sus propias palabras—, el respeto hacia su figura y su agenda se han convertido en el mejor fondo de comercio de este directivo. Casi siempre desde la discreción, ha lidiado con crisis económicas, corporativas e incluso políticas. El final de la última es conocida: su decisión de que todo el conglomerado de La Caixa diera puerta al independentismo trasladando sus sedes fuera de Cataluña tras el referéndum ilegal celebrado en 2017. Aquella decisión — “no fue fácil”, admitió en el Parlamento catalán, pero argumentó que lo hizo para evitar una “crisis bancaria”— es una de las que más ha lastrado la imagen de este ejecutivo en su tierra natal. Como si fuera premonitorio, en una entrevista en la radio autonómica catalana en 2014, Fainé dejó claro: “Yo no soy de ningún partido político, solo tengo uno y es La Caixa”.

Ha explicado que trabaja desde los 13 años y que pasó por 17 empresas antes de llegar a La Caixa. El último antes de esa nueva etapa fue Bankunión, en el que triunfó con su estrategia para abrir oficinas, motivo por el que le fichó Vilarasau. Desde entonces ha participado activamente en las diferentes reestructuraciones que ha sufrido el sector bancario en España desde La Caixa y desde la CECA, la confederación de cajas, que también preside. Estuvo en primera línea de la fusión de La Caixa de Pensions con Caixa de Barcelona (1990), y durante la pasada crisis financiera tuvo que liderar la adquisición de algunas entidades con problemas. Y por el camino fue el ideólogo de extender el negocio bancario fuera de España a través de la adquisición de acciones del austriaco Erste Bank, el hongkonés Bank of East Asia, el mexicano Inbursa —de su amigo Carlos Slim— o el portugués BPI, con escasos irregulares.

Pero Fainé no solo ha jugado sus cartas en el sector financiero. También ha apostado activamente por la cartera industrial de la entidad y la creación de los denominados campeones nacionales. Y no siempre con suerte: en 2005 fracasó la sonada opa de Gas Natural sobre Endesa, que se redirigió con la posterior absorción de Unión Fenosa; y tampoco logró que una de las participadas más rentables para La Caixa, Abertis, se convirtiera en un referente europeo de las infraestructuras fusionándola con la italiana Atlantia, operación que años después sí lograría Florentino Pérez.

En su carrera no han faltado tampoco los enfrentamientos personales. El más grave, el que en 2014 supuso la marcha de Juan María Nin del banco después de habérselo birlado al Sabadell, pero también son conocidas las antiguas rencillas que mantuvo con Antoni Brufau, que acabó centrifugado a la cartera industrial de La Caixa. En las quinielas de la nueva CaixaBank no figura por el momento el actual presidente, el economista Jordi Gual, que él mismo captó para el cargo cuando era el jefe del servicio de estudios del banco.

Dice Fainé que la actual estructura, aunque no se parezca en nada, recoge los frutos originales de La Caixa: garantizar recursos para llevarlos a causas sociales a través de la Fundación La Caixa. La entidad ha pasado de apostar por la cultura en la etapa de Vilarasau a las causas más sociales desde la presidencia de Ricardo Fornesa, después continuada por Fainé. Hablando de esos temas es cuando el ejecutivo ha ofrecido sus únicas muestras de debilidad.

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