BARÓMETRO DELOITTE

Los empresarios españoles auguran una recuperación muy lenta

La mayoría de las compañías cree que los primeros signos de mejoría no llegarán hasta 2022

Un operador fabrica respiradores en las instalaciones de Seat en Martorell (Barcelona) el pasado abril.
Un operador fabrica respiradores en las instalaciones de Seat en Martorell (Barcelona) el pasado abril.Europa Press News / Getty Images

La pandemia ha dejado un debate académico sobre qué forma tendrá la recuperación económica tras el desplome del primer semestre. La mejoría algunos la plantean en forma de V, otros hablan de una U y hay incluso quien dibuja una L. Los directivos españoles, sin decantarse por ninguna letra del abecedario, sí lo tienen claro: todavía quedan muchas curvas por el camino antes de cantar victoria. La recuperación será lenta y la vuelta a la normalidad en los principales indicadores no se logrará, como pronto, hasta 2022.

El Barómetro de Empresas realizado por Deloitte para EL PAÍS entre 185 sociedades refleja que algo más de la mitad (el 53%), prevé un empeoramiento de la economía en la segunda mitad de 2020. Sus vaticinios están en la línea de las previsiones realizadas por el FMI, que calcula una caída del 12,8% del PIB español en 2020, y por el Banco de España, que augura un desplome de entre un 9% y un 11,6%. “La situación para las empresas en los próximos meses será complicada. La pérdida de actividad en muchos sectores ha sido muy intensa, ha generado endeudamiento, y llevará tiempo recuperarse”, resume Iñigo Fernández de Mesa, vicepresidente de la patronal CEOE. El 34% de los empresarios habla de “recesión” para los próximos 12-18 meses y el 29% prevé un “estancamiento”.

Los primeros brotes verdes no llegarán hasta, al menos, el segundo semestre de 2021. Serán moderados y desiguales por sectores económicos. Más de la mitad de las empresas consultadas por Deloitte (el 53%) considera que los ingresos por turismo no se recuperarán hasta esa segunda mitad de 2021. El 35% de las compañías también se decanta por esa fecha cuando se trata de la mejora en las matriculaciones de vehículos. En cambio, la tasa de empleo encabeza la lista de variables que se recuperarán a partir de 2022, al igual que la morosidad del crédito bancario. En cualquier caso, los directivos creen que las consecuencias de la pandemia en la economía española en los próximos 18 meses serán peores que en la eurozona e, incluso, que en EE UU.

“En 2021, el nivel de actividad puede ser, al menos, un 4% inferior al de 2019, o incluso sensiblemente menor si se dan los peores escenarios. Por ello, llevará entre uno y dos años más, a partir de 2022, el recuperar los niveles previos a la pandemia, y dependerá del ritmo de crecimiento que consigamos tener”, opina Fernández de Mesa. La peor parte se la llevan las pymes. Entre abril y mayo desaparecieron un 9%, más de 133.000 empresas, según datos de la Dirección General de la Industria y de la Pyme. Solo en el comercio se estima que en torno al 20% de los negocios no volverán a subir la persiana. “Existen sectores donde la situación es absolutamente dramática y si la crisis se prolonga pueden cerrar entre el 30% y el 40% de las pymes de dichos sectores con las gravísimas consecuencias que esto tendría y las decenas de miles de empleos destruidos”, apunta Luis Aribayos, director de Economía y Transformación Digital de Cepyme.

Un turismo tocado

Las industrias peor paradas son el turismo —que antes del virus aportaba el 12,5% del PIB— y la hostelería, aunque también el comercio y el transporte. Ocho de cada diez compañías del Barómetro estiman que la facturación en esos dos sectores clave caerá en la segunda mitad del año. El BCE ya ha advertido de que el impacto de la pandemia en los países más dependientes del turismo, como España, será severo y duradero.

Aunque ante una pérdida de renta y actividad tan intensa como la que se avecina, lo más probable es que el daño se extienda como un dominó y afecte a la práctica totalidad de los sectores productivos, de forma directa o indirecta, tanto industriales como de servicios. La caída del consumo, de las exportaciones y de la inversión genera una reacción en cadena. “Si la crisis, como todo parece indicar, llega con fuerza, va a sacudir a todos los sectores, incluido el nuestro”, razona Marcos Cuña, responsable del departamento de Contabilidad en Cofano, distribuidora de productos farmacéuticos, cuya actividad no se ha visto de momento afectada por la pandemia. Reconoce dos riesgos: que las Administraciones y el tejido empresarial no sepan ver la oportunidad para adaptarse y crecer, y que los ciudadanos no recobren la confianza.

Demanda asustada

La edificación residencial se recuperará a partir de 2022, según las estimaciones de las empresas del Barómetro. Pero el sector quiere ganar tiempo y reclama su papel como uno de los dinamizadores de la economía, puesto que la construcción supuso un 14% del PIB en 2019, de los cuales ocho puntos porcentuales corresponden a vivienda. Sin embargo, el grado de afectación del empleo y la recuperación de la confianza del cliente marcarán el paso. Mientras eso ocurre, promotoras que miraron a los ojos a la anterior crisis se parapetan en la prudencia. “Nuestra prioridad está siendo preservar tesorería y eso implica tener más cautela de lo habitual a la hora de lanzar nuevas promociones al mercado o iniciar construcción en los proyectos, mientras no haya más visibilidad en la demanda y la situación macro”, cuenta Borja Tejada, director financiero de Metrovacesa.

Para las empresas de alimentación y distribución, el mayor peligro es la incertidumbre, que hace que la tasa de ahorro de las familias crezca y se recorte el consumo. “Aunque la gente piensa que siempre hay que comer, no es lo mismo gastar en solomillo que en pollo o en legumbres, y tengamos en cuenta que el margen neto de nuestro sector está en torno al 2%, es decir, se gana muy poco dinero y necesitas vender mucho”, argumenta Francisco Javier Quiles, director de Relaciones Externas de Consum, cooperativa de supermercados valenciana, con 755 tiendas en España. Aunque califica el semestre económico como pésimo y apuesta por un otoño duro, la cadena confía en acabar el año con un aumento del 5% de sus ventas.

El flanco más débil de la industria alimentaria es el canal horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías). El plan del grupo vallisoletano Helios pasa por “compensar la bajada de ventas de ese segmento en el resto de canales”, comenta Julio Pérez, director general. En febrero, la empresa de mermeladas y confituras decidió aumentar los niveles de stock de producto terminado y materia prima, por lo que pudo mantener la actividad durante el estado de alarma. Las plantas de producción en España de Grupo Consorcio están “intentando reconstruir un mayor nivel de inventario por si hubiera disrupciones de la cadena de suministro; el segundo semestre del año va a ser crítico”, comenta Ignacio Corral, director general de esa compañía que vende sus conservas en 40 países.

No será como en 2008

A pesar del pesimismo generalizado, el mundo de la empresa no cree que vayan a verse las caras con una crisis tan profunda y duradera como la de 2008, que se prolongó durante casi una década y transformó el mundo. Entre otras cosas gracias al armazón que han supuesto los ERTE, las líneas de financiación del ICO o el retraso en el pago de impuestos a pymes y autónomos. A esto hay que sumar los estímulos del BCE y el reciente acuerdo para el fondo de recuperación europeo.

Los ERTE están siendo un muro de contención —las prestaciones ascienden a casi 8.100 millones entre abril y junio—, reconocido por todos los agentes. Muchas empresas creen que la vigencia de este paraguas se prolongará finalmente hasta diciembre y, por eso, el 62% de las compañías del Barómetro prevén mantener el mismo número de empleados de cara al segundo semestre de 2020. Un 21% espera recortar plantilla y un 17% dice que la incrementará. Cuestión distinta es el empleo no fijo: el 43% de las organizaciones lo disminuirá.

La aplicación de medidas de regulación de empleo es la segunda causa —la primera es la coyuntura económica derivada de la pandemia—, que motivará el aumento o disminución de los empleados en la segunda parte del año y también en el conjunto de 2021. La patronal CEOE avisa: “Si los ERTE se retiran antes de que las empresas afectadas hayan consolidado mínimamente su recuperación de la actividad, estamos ante un riesgo de que algunos acaben en ERE, cuando no en la propia desaparición de la empresa”, argumenta Fernández de Mesa. Y añade: “Será inevitable que algunas empresas débiles no puedan seguir o sean absorbidas por otras más fuertes”.

Quienes más están en ese filo de la navaja son las pymes, que suponen nada menos que el 99,8% del tejido empresarial español. “Los ERTE han sido imprescindibles. Las pequeñas y medianas empresas necesitan instrumentos de agilidad y flexibilidad en la contratación que garanticen el mantenimiento y la generación de empleo porque no hay que olvidar que representan el 75% del empleo en nuestro país”, señala Aribayos, de Cepyme. Porque, “lo que no invirtamos hoy en este apoyo, lo gastaremos en el futuro en desempleo”.

Fondos europeos

Para reactivar la economía y garantizar liquidez, las empresas creen tener la receta y dos son sus ingredientes imprescindibles: que el Gobierno aplace el pago de los impuestos (50% de las firmas lo creen) y el acceso a las ayudas del fondo de recuperación europea (prioritario para el 48% de los encuestados). Con la primera parece que pinchan en hueso porque son los propios empresarios los que dan por descontado un alza impositiva. La segunda, para consolidar la economía y responder a las necesidades de los ciudadanos y de las empresas, ha llegado esta misma semana. La Comisión Europea se endeudará por primera vez en la historia para paliar el impacto de la crisis económica, social y sanitaria desencadenada por la covid-19. España va a recibir 140.000 millones de euros, el equivalente al 11% del PIB español, en seis años. De esta cantidad, 72.700 millones son subsidios y el resto préstamos.

Aunque la crisis del coronavirus es un pozo con una salida difícil y costosa, las empresas consultadas por Deloitte son más positivas y generosas cuando se refieren a ellas mismas y a sus sectores de actividad que cuando valoran la economía en general. Y así, además de mantener empleos, un 42% prevé aumentar su producción y facturación en los próximos seis meses. Un 41% espera incrementar su rentabilidad y un 33% su inversión. El destino de esos recursos ya no será la expansión del negocio (el 40% cree que disminuirá), sino la digitalización y la seguridad. “El nuevo escenario ha supuesto el desarrollo de planes de contingencia adicionales y cambios en las formas en que llevábamos a cabo algunos procesos para asegurar la seguridad y salud de nuestros empleados”, explica Elena Montero, directora general de Yara en España, dedicada a la producción y distribución de fertilizantes minerales, que ha logrado mantener la producción.

Ahora bien, las compañías encuestadas reconocen que el aumento de la morosidad en los próximos seis meses, así como la disminución de la demanda doméstica e internacional afectarán negativamente a sus negocios. La economía pasa por momentos dramáticos y, por eso, las empresas se encomiendan al recorte de gastos para subsistir. Preguntados por las medidas concretas que están estableciendo ante la difícil situación económica durante el segundo semestre del año la gran mayoría, un 78%, prevé incluir medidas de reducción de gastos; un 38% ha aplazado las inversiones a largo plazo y un tercio está desarrollando nuevos productos y servicios.

Las empresas ya no cuentan con el colchón de las exportaciones. En la anterior crisis las compañías españolas hicieron grandes esfuerzos para proyectar sus negocios fuera del país. Pero ahora, las ventas en el extranjero pierden dinamismo dado que la crisis del coronavirus es global. “Las exportaciones españolas de mercancías han disminuido un 34,4% en mayo. Es indudable que van a experimentar una contracción significativa este año”, señala Antonio Bonet, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles, que observa con preocupación la situación del sector exterior a corto y medio plazo y reclama fomentar el aumento de tamaño de las pymes para revitalizar la competitividad internacional.

En 2021, el 60% de las sociedades del Barómetro considera que mantendrán las exportaciones y el 30% que las disminuirán. Pero hay un 10% que salva el escollo y prevé aumentarlas. “Se ha incrementado notablemente el porcentaje de las ventas al extranjero, sobre todo a China, donde vendemos carne de cerdo. Por eso, además de los rebrotes, el mayor riesgo sería que hubiera restricciones al comercio internacional”, arguye Manuel Gómez, director financiero de Famedesa, empresa cárnica malagueña, que exporta a los cinco continentes.

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