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La última inflación mensual del Gobierno de Mauricio Macri es de 4,3%

El IPC de noviembre sube hasta 55% las previsiones para 2019

Un operario elabora pasta fresca en un establecimiento productivo de Buenos Aires.
Un operario elabora pasta fresca en un establecimiento productivo de Buenos Aires. AFP

Contener la inflación argentina fue la gran batalla perdida por Mauricio Macri. Noviembre, el último mes de su mandato, cerró con un 4,3% de subida del IPC, según los datos del Indec difundidos este jueves, en el segundo día de Gobierno del presidente Alberto Fernández. El precio de los bienes se disparó 5,2%, pero moderó el promedio general que los servicios lo hicieran menos de la mitad: 2,4%. Fernández tiene ante sí un panorama muy complicado. La inflación interanual fue del 52% y se espera que 2019 cierre con una subida por encima del 55%.

El IPC de noviembre superó en un punto al registro de octubre, que pareció dar un respiro a la batalla contra la inflación. Pero el alivio duró poco, porque aquel 3,3% se debió a las medidas extraordinarias y pasajeras que Macri había dispuesto para llegar a las elecciones del 27 de octubre con la casa lo más ordenada posible. El Gobierno anterior dispuso una supresión temporaria del IVA para los alimentos básicos y un fallido congelamiento de los combustibles. Noviembre mostró el fracaso de aquellas medidas. El precio en las estaciones de servicio subió desde entonces más de un 15% y los productos de supermercado se dispararon por el temor de los productores a algún tipo de control de precios por parte del Gobierno de Fernández.

La pelea contra la inflación está perdida en 2019 y tocará a Fernández ganarla. El desafío es enorme, pero parece pequeño ante el más grave y urgente. El nuevo Gobierno debe resolver cuanto antes la amenaza de impago de la deuda externa que heredó de Macri, con vencimientos por casi 30.000 millones de dólares durante el primer trimestre, entre deuda emitida en dólares y en pesos. Las reservas internacionales que hay en el Banco Central no alcanzan para cubrir esos vencimientos. Sin acceso al crédito externo, el Gobierno entrante reduce sus opciones para sumar divisas a la impresión de papel moneda. Pero la emisión para financiar deuda suele ser altamente inflacionaria.

El nuevo ministro de Economía, Martin Guzmán, ha dicho el miércoles que no está en sus planes imprimir moneda sin control. “No hay recurso para un impulso fiscal fuerte, no tenemos crédito, y querer financiar una expansión con emisión sería desestabilizante” para la economía, dijo Guzmán en su primera rueda de prensa como ministro. Se infiere, entonces, que los recursos saldrán de una moratoria de los intereses de la deuda externa, de una mayor presión sobre los contribuyentes o de ambos sitios. Resolver el primer punto, el de la deuda, ya está en marcha. El segundo, es probable que forme parte de una ley de emergencia económica que la Casa Rosada enviará en los próximos días al Congreso.

El ministro Guzmán dijo que están en negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que espera el pago de los 44.000 millones de dólares desembolsó del crédito de 57.000 millones que el año pasado otorgó a Macri. Y agregó que hay “contactos” con los acreedores privados. Qué se les ofrecerá es todavía un misterio. El plan de mínima será posponer pagos durante al menos dos años para, mientras tanto, ordenar la economía y crecer. El portavoz del FMI, Gerry Rice, dijo este jueves en rueda de prensa en Washington que el organismo permanecería en contacto con el Gobierno argentino, pero advirtió las negociaciones están “en una etapa muy temprana", dijo Rice a periodistas en Washington.

“No es una disputa, queremos una buena relación con todos los acreedores. Tenemos que tranquilizar a la economía argentina con un sendero de superávit primarios. Esa será la base para pedir una modificación en el perfil de la deuda”, dijo Guzmán. Según el ministro, el FMI “ha reconocido el fracaso del programa anterior”, el acordado con Macri, y “la grave situación económica” que atraviesa Argentina. Durante su discurso de toma de posesión, Alberto Fernández dijo que Argentina “tiene la voluntad de pagar”, pero “no tiene los recursos para hacerlo”.

Mientras se resuelve el perfil de la deuda, el nuevo equipo económico deberá contener el derrumbe del peso, que está en la raíz de la inflación. El peso argentino ha perdido el 82% de su valor desde la asunción de Macri en diciembre de 2015 y un 40% durante el último año. Guzmán advirtió el miércoles que “la inflación es mala, pero no se puede atacar solo con política monetaria”, como hizo el macrismo con su política de emisión cero y tasas de interés de hasta 70%.

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