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España echa cuentas con Latinoamérica

Baja el peso de la región en las ventas de las empresas del Ibex 35 mientras la economía de la zona se rezaga

economia latinoamerica
Sede de BBVA en el paseo de la Reforma, el centro financiero de la capital de México. 

América Latina fue el sueño de las empresas españolas. La tierra prometida. Tras salir en desbandada a partir de los años noventa hacia países como Chile, Argentina y México en busca de nuevos mercados, las corporaciones españolas se hicieron fuertes al otro lado del Atlántico, donde se convirtieron en multinacionales. Una experiencia que utilizaron con los albores del siglo XXI para expandirse por todo el mundo y transformarse en multinacionales globales.

“Latinoamérica fue el trampolín que nos permitió abordar un proceso de internacionalización que nos ha conducido hasta lo que tenemos hoy: presencia en los cinco continentes”, reconoce Aristóbulo Bausela, consejero delegado de Mapfre para la región. La expansión geográfica les sirvió en los momentos más duros para compensar la casi nula actividad doméstica durante la Gran Recesión.

Con el paso de los años, la inversión española en América Latina ha adquirido unas cifras multimillonarias. Es la segunda más importante del mundo tras la de Estados Unidos. Entre 1993 y 2015 la inversión bruta acumulada por las empresas españolas allí superó los 207.000 millones de euros (el equivalente al 20% del PIB nacional). Pero desde entonces, “las cifras han ido decayendo y hemos pasado de destinar en promedio del orden de 10.000 millones de euros anuales a unos 5.000 millones a la región”, sostiene Alfredo Arahuetes, profesor de Economía Internacional de ICADE. “La inversión lleva tres años deteriorándose y no parece que la tendencia vaya a cambiar en 2019”, aprecia Ramón Casilda, profesor del Instituto Universitario de Investigación en Estudios Latinoamericanos (IELAT) de la Universidad de Alcalá de Henares.

El panorama mundial, que dibuja una economía renqueante, plagada de incertidumbres y volatilidad como consecuencia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China o del Brexit, se está cebando con Latinoamérica, que no está exenta de problemas propios, como puedan ser la crisis argentina, que acaba de pedir renegociar su deuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), el caos de Venezuela, o los motores brasileño y mexicano, que acaban de esquivar la recesión. Asistimos a una desaceleración mundial muy fuerte. Cuando el comercio cae, los tipos de interés se hunden y la inflación no sube, la inversión se deteriora”, explica Arahuetes. Y se revisan a la baja todas las proyecciones de generación de riqueza. Latinoamérica es el territorio que sale peor parado en esta rebaja generalizada de las previsiones. El FMI le ha restado 0,8 puntos de crecimiento para 2019 entre los meses de abril y julio, en la segunda corrección del año. Y eso supone anticipar un aumento del PIB de solo el 0,6% en América Latina y el Caribe, frente al crecimiento del 1% de 2018.

España echa cuentas con Latinoamérica

Ante esta tesitura, las empresas españolas presentes al otro lado del Atlántico van a sufrir, opina Casilda. “Sus rendimientos están bajando y los tipos de cambio las están penalizando mucho”, añade. “Si la economía no crece, naturalmente, las empresas ganarán menos”, coincide Arahuetes. Tras obtener 81.000 millones de euros de beneficios en la región cuando la crisis mundial azotó su negocio doméstico entre 2007 y 2012, ahora deben estudiar sus inversiones en cada país, pues todos son distintos y están encadenados a la economía mundial de forma diferente; sopesar los nuevos escenarios internacionales y replantearse su inversión en la zona, asegura el profesor del IELAT y coautor del libro Inversiones españolas en Latinoamérica (La Ley).

Exposición

No es baladí. El año pasado el 24,4% de los ingresos de las compañías del Ibex 35 procedió de América Latina, un porcentaje muy abultado que, no obstante, cedió un punto respecto a 2017, según Banco Sabadell. Y, aunque “la exposición de las empresas ha ido a menos porque su inversión inicial en América Latina fue muy fuerte y porque mercados como Venezuela y Argentina han caído en picado”, argumenta Glen Chapman, director de análisis de renta variable de la entidad financiera, no hay que olvidar que algunas multinacionales españolas tienen el motor de sus beneficios en las mayores economías de la región. México ha aportado un 42% del resultado a BBVA en el primer semestre, Brasil el 29% del beneficio del Santander, el mismo país que ha caído más de un 30% para Telefónica, que ahora tiene en el mercado doméstico su mayor generador de ganancias.

Los dos bancos, la operadora telefónica, Meliá Hotels, Naturgy, Mapfre, Repsol, Iberdrola y Siemens Gamesa son las grandes compañías españolas más dependientes del mercado latino, en el que tienen más del 24% del negocio. Entre el resto de las cotizadas en Bolsa, Prosegur, Sacyr, Duro Felguera, PRISA (editora de EL PAÍS) y Dia son las más expuestas a la región, de donde proceden entre el 61% y el 33% de sus ventas.

Algunas de las mayores empresas españolas están diversificando hacia otras zonas, como Estados Unidos o Asia, dice Chapman, lo que también reduce su dependencia de América Latina. ACS es un claro ejemplo de ello. La compañía presidida por Florentino Pérez tiene más del 60% de su negocio entre Estados Unidos, Australia y Canadá. La región representa un 7%. “Entramos en Chile en el año 2000 y nos fuimos expandiendo por otros países, de forma que, en su momento álgido, América Latina suponía el 20% de los ingresos del grupo”, asegura Ángel García Altozano, director general corporativo de la constructora. Ahora, genera 2.000 millones de euros para ACS, pero su peso se ha diluido en favor de otros mercados, continúa.

También Iberdrola tiene casi la mitad de sus ventas entre EE UU y Reino Unido. Latinoamérica supone el 24%. La eléctrica llegó antes a la región, en los noventa, con la primera ola de inversores españoles. Fue a Chile, Guatemala, Uruguay, Bolivia... Pero actualmente ha decidido un cambio de estrategia, concentrar su actividad solo en torno a dos países: México y Brasil, que representan el 80% del PIB de la región, y donde su penetración de mercado es muy relevante, explica Diego Morón, director de relaciones con los inversores de Iberdrola. Morón cree que “no prestas debida diligencia a tus negocios si te dispersas”. Esos dos Estados se van a llevar el grueso de las inversiones previstas por la compañía hasta 2022. Serán 8.500 millones de euros y es muy probable que el montante se revise al alza después del verano, según el directivo. 

La teoría de salir de los países no estratégicos para concentrarse en los que lideran la están siguiendo muchas compañías, asegura el profesor de ICADE. Es el caso de Telefónica. Con una inversión que supera los 140.000 millones de euros desde que en 1989 desembarcó en Chile, “no hay ninguna otra empresa que haya invertido tanto en la región”, asegura Eduardo Navarro, su director de relaciones institucionales y ex consejero delegado en Brasil. Cerca del 43% de sus ingresos procede de esa parte del mundo, aunque en 2013 el porcentaje era del 51%.

Cifras


217.000. Esos son los millones de euros que suma la inversión española en Latinoamérica entre 1993 y el primer trimestre de 2019, desde que existen estadísticas.
29%. Un porcentaje que pone en contexto la inversión patria en la región sobre el conjunto del dinero destinado al exterior entre 1993 y 2019. Europa se ha llevado el 55% del montante total.
10. Son el número de empresas cotizadas en el Ibex 35 que cuentan con más del 20% de su negocio en América Latina. En el mercado continuo hay otras seis más.
32%. Se trata del porcentaje de inversión patria que acapara actualmente Brasil. México suma el 23%. Son los dos destinos preferidos.

Hace apenas seis meses la operadora anunció la venta de sus negocios en Panamá, Nicaragua, Costa Rica, Guatemala y El Salvador por importe de unos 2.025 millones de euros. “Nuestro modelo de generación de valor en Latinoamérica no es suministrar teléfonos a quienes no los tienen, sino ofrecer productos más sofisticados que requieren una inversión y escala grande. Por ello es importante estar presentes en países donde tienes esa escala, ya que los recursos son limitados. Tenemos puesta la mirada en el retorno de capital, en que cada inversión que se haga tenga el máximo rendimiento. Y para ello es mejor estar en menos países”, asegura Navarro.

Telefónica ha anunciado sus desinversiones en cinco de las 14 naciones en que estaba en 2018, aunque tiene comprometidas con Latinoamérica más de la mitad de sus inversiones. Y no sería la primera vez que se habla en los mercados financieros de su salida de México o Venezuela. “En Venezuela somos una de las pocas empresas españolas que ha resistido. Allí tenemos cuentas residuales por la devaluación que hubo [el 0,03% de los ingresos del grupo en 2018]”, sostiene el directivo.

Venezuela y especialmente Argentina son los puntos negros del continente americano para las multinacionales españolas. Véase el caso de Repsol con YPF a propósito de Vaca Muerta, donde ahora están invirtiendo los estadounidenses. Muchas de ellas han tirado la toalla, pero otras aguantan los riesgos políticos y económicos. Las más expuestas a Argentina son Prosegur, Duro Felguera y Dia, además de Telefónica, BBVA y Mapfre.

Pendientes de las próximas elecciones y el probable retorno del peronismo con Alberto Fernández al país, las compañías españolas tienen claro que la inestabilidad política es uno de sus mayores riesgos en toda América Latina. “Los riesgos políticos y de tipo de cambio son los más importantes en la región, por lo que tienes que pedir mayor rentabilidad a estos mercados”, asegura Ángel García Altozano.

España echa cuentas con Latinoamérica

Riesgos electorales

El reciente ascenso al poder en México de Manuel López Obrador o de Jair Bolsonaro en Brasil ha generado preocupación entre las empresas españolas, que están a la expectativa de las decisiones que toman ambos Gobiernos, de la reforma de las pensiones en Brasil y de la energética en México. “Son dos Gobiernos de signo opuesto pero caracterizados por el populismo. El brasileño es más proclive a la inversión extranjera, cuyo marco se ha mantenido e incluso mejorado, y López Obrador, que generaba mayores dudas, nos ha pedido que sigamos invirtiendo”, sostiene el director de relaciones con los inversores de Iberdrola. Y añade: “Junto a EE UU y el negocio eólico marino, Brasil y México son las grandes fuentes de generación de beneficios del grupo”. Morón destaca el éxito cosechado tras la salida a Bolsa de su filial brasileña Neoenergía a finales de junio.

Pero los escándalos de corrupción siguen pesando sobre ese país que actualmente concentra el 32% de las inversiones de las empresas españolas. Y la guerra comercial sobre el segundo, México, que concentra el 23%. Chile, Perú y Colombia son los Estados que van mejor en la región, pero no tienen el mismo potencial a largo plazo de los otros dos debido a su menor tamaño.

Para Aristóbulo Bausela, el nuevo clima político traído por Bolsonaro representa una oportunidad. Ello, sumado a la reestructuración que Mapfre ha acometido en Brasil, les permite ser optimistas. En 2018 Latinoamérica supuso un tercio de las primas de la aseguradora y 157 millones de euros de beneficio. Como la mayoría de las españolas con negocios al otro lado del Atlántico, se vio lastrada por la depreciación de las divisas latinas. Bausela cuantifica el impacto negativo (de todas las monedas, incluida la lira turca) en 1.400 millones de euros. Aunque “este 2019, a pesar de la inestabilidad que siguen generando algunas divisas de la región, no están contribuyendo de forma negativa a nuestras cuentas”, agrega.

Según el director de análisis de renta variable de Banco Sabadell, en 2018 el impacto negativo de las divisas rebajó los resultados de las empresas entre un 1% y un 5%. En lo que va de ejercicio la depreciación de las monedas latinas se ha suavizado, aprecia Alejandro Varela, analista de Renta 4; el real brasileño y el peso colombiano ceden cerca de un 3% y el peso chileno en torno a un 0,7%. El peso mexicano es la única divisa que se aprecia un 1,6% frente al euro. Y la moneda argentina, la única que cae un 30%.

Divisas más estables

A su juicio, “pese a que existe la impresión de que las compañías españolas no van a obtener tantos resultados en América Latina este año porque se han rebajado sustancialmente las perspectivas económicas, su mayor lastre es Europa, donde el negocio está muy maduro”. Varela cree que estar en países emergentes es una necesidad para ellas, ya que la rentabilidad crece a doble dígito, y es optimista respecto a sus inversiones a largo plazo. Un análisis que comparten las multinacionales consultadas, que ven en Brasil su mercado con mayor potencial.

“Latinoamérica es una región estratégica para las compañías españolas y con grandes perspectivas a largo plazo. La coyuntura desfavorable actual no va a determinar su presencia allí. Tampoco la inestabilidad política les lleva a desatender esos mercados, donde sí pueden contener sus inversiones”, asegura el economista Juan José de Lucio, que opina que las nacionales consolidarán sus inversiones y reinvertirán sus beneficios en la región, que sigue siendo la piedra angular de sus resultados, en palabras de Varela.

Cambio de orientación

Los expertos atribuyen el relajamiento de la inversión al otro lado del Atlántico a que las compañías españolas, sumidas como el resto en la transformación digital, han de destinar menos capital a centros fabriles y más a servicios y cadenas de valor. Se trata de una inversión muy desmaterializada, según el profesor Alfredo Arahuetes, de ICADE.

Meliá Hotels International puede ser un ejemplo de ello. La estrategia de la compañía, que anteriormente se centraba en el desarrollo y propiedad de los inmuebles, ahora está enfocada a la gestión de los establecimientos.
En México y el Caribe la empresa se enfrenta a una menor demanda por el sargazo, un tipo de alga que está invadiendo las playas y restándoles atractivo para los clientes.

Pero no es el único hándicap al que hacen frente esta y otras compañías españolas en la zona. Sus inversiones en Cuba están en el punto de mira de Estados Unidos, después de que el Gobierno de Trump activase los títulos de la ley Helms-Burton, por los que propietarios estadounidenses expropiados por el Gobierno castrista pueden reclamar sus antiguas propiedades. Las denuncias están empezando a llegar.

Las expropiaciones han sido y siguen siendo un gran riesgo para las empresas españolas. En Venezuela afectaron a los negocios del Banco Santander y Endesa. En Argentina el caso de Repsol es el más sonado.

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