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ANÁLISIS i

Europa se prepara para un otoño incierto

Las noticias económicas conocidas este verano están decepcionando

De izquierda a derecha, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson; la canciller alemana, Angela Merkel; el presidente de Francia, Emmanuel Macron; el primer ministro de Italia,  Giuseppe Conte; y el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk; en la cumbre del G-7 celebrada en Biarritz (Francia).
De izquierda a derecha, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson; la canciller alemana, Angela Merkel; el presidente de Francia, Emmanuel Macron; el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte; y el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk; en la cumbre del G-7 celebrada en Biarritz (Francia).

Los datos y las noticias económicas este verano en Europa están decepcionando, no tanto por la esperada moderación del crecimiento, sino por los signos de vulnerabilidad de las economías más abiertas, tras la ligera caída de la producción alemana y el desvanecimiento de las expectativas de que los principales riesgos, guerra comercial y Brexit, disminuyan en la segunda mitad del año. Esto ha contribuido a un nuevo deterioro de la confianza y a avivar las dudas sobre cuánto durará la fortaleza de la demanda interna, que es el principal factor de crecimiento.

Las tensiones comerciales entre EE UU y China siguen escalando, con la amenaza del aumento de aranceles sobre todas las importaciones de EE UU y el consiguiente riesgo de que China lo contrarreste con una depreciación acusada de su divisa, lo que perjudicaría indirectamente a las exportaciones europeas. Y, además de estar en medio de este fuego cruzado, sigue estando presente la amenaza para Europa de mayores aranceles a los automóviles desde EE UU en noviembre, lo que agravaría la maltrecha situación del sector ligada principalmente a factores estructurales de demanda.

En Europa, el Brexit sigue bloqueado tras el rechazo del nuevo Gobierno al acuerdo actual y la posición firme de Europa de no reabrirlo, lo que puede terminar en una salida sin acuerdo a finales de octubre o, al menos, en una prolongación de la incertidumbre si el proceso acaba en elecciones o en otro referéndum.

Los impactos tanto del proteccionismo como del Brexit son de oferta (disrupción de las cadenas de producción o reasignación de recursos), y será necesario más tiempo para valorarlos y adoptar medidas estructurales de largo plazo. A Europa solo le quedaría reaccionar con un mayor apoyo de las políticas de demanda los próximos meses. El BCE ya allanó el camino en julio, sugiriendo desde un nuevo recorte de tipos, ya en septiembre, hasta extender el compromiso de no subirlos por más tiempo o relanzar el programa de compra de activos. Pero dado el poco margen que le queda al BCE y la posible menor efectividad marginal de los estímulos monetarios, parecería inevitable complementarlos con medidas fiscales expansivas si la incertidumbre y los riesgos siguen yendo a peor. Es impensable una respuesta coordinada en Europa, sobre todo tras el aumento de la fragmentación política, pero aquellos países más afectados y con margen, principalmente Alemania, deberían vencer las reticencias políticas para implementar un impulso fiscal y evitar un empeoramiento de la economía que se propagaría por la región. Y parece que están en ello.

Con todo, se sigue a la expectativa de que las decisiones políticas no pongan más trabas al crecimiento y esterilicen el efecto de estos posibles estímulos.

Agustín García, de BBVA Research.

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